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Juan Manuel González

Crítica: 'El Francotirador', de Clint Eastwood

Eastwood vuelve a tenerlo más claro que nadie. 'El Francotirador' da en la diana del drama de acción.

Juan Manuel González
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Resulta comprensible, pero también un poco extraño, que un filme bélico tan puro en sus intenciones y resultados como es El Francotirador haya levantado tanta polvareda política en un país, Estados Unidos, acostumbrado a construir su propio relato, sus propios héroes. Comprensible por su reflejo respetuoso de ciertos rituales americanos, que sin duda han seducido a un amplio espectro de público conservador familiarizado con el personaje real (y que ha acudido en masa a ver la película, con casi 400 millones de dólares recaudados en el momento de escribir estas líneas). También por su calidad cinematográfica, su cadencia y ritmo, así como su afán de contar una historia de la mejor y más clara manera posible. Extraño, por su visión entre cerrada y sencilla del conflicto de Irak, así como el tratamiento de su figura principal, el valeroso SEAL Chris Kyle interpretado con total madurez por Bradley Cooper, en cuyo libro biográfico se basa la película.

Pero no se me enfaden: he dicho sencilla, no estúpida. Para Clint Eastwood, quien por cierto ha dirigido la película como si tuviera cuarenta años menos, Chris Kyle era una buena persona cuyo trabajo era matar otras, extremo en el cual era verdaderamente efectivo. Pero sobre todo un tipo que creía en las razones por las que lo hacía, algo a lo que Eastwood, en su eterna búsqueda de un sentido que podríamos denominar lo "clásico" en fondo y forma cinematográfica, pero también en identidad y propósito humanos, se agarra con las dos manos. Esta vez, y a diferencia de otras aportaciones del cine "serio" sobre la guerra de Irak, no estamos ante el retrato de un buen hombre convertido en una máquina desalmada por culpa de la guerra, lo que imagino será la razón por la cual la película ha enervado a algunos sectores (por mucho que un soldado convertido en eso mismo tenga su presencia en la última escena de la cinta). Ya al principio de esta American Sniper, el padre de Kyle divide el mundo en tres categorías: ovejas, lobos... y perros pastores, una gama intermedia de grises en la que Eastwood parece sentirse la mar de bien, y donde precisamente nos sumerge sin engañifas.

El Francotirador en una película patriótica de guerra que, en ese sentido, es como su personaje, y retrata una era de miedo, violencia y caos desde un punto de vista meridianamente claro, el de un hombre sin demasiadas dudas, con una notable tristeza pero a la vez una sencillez y tradicionalismo que resulta reconfortante en términos generales... pero siempre un tanto perturbadora en su contexto. Eso no quiere decir que Eastwood se salga de ese punto de vista, lo hace en algunas ocasiones puntuales y además con sutileza, pero siempre para enriquecer su propia apuesta: Kyle es un tipo tan condenadamente valiente que hasta sus relaciones familiares se ven perjudicadas por ello (ver ese encuentro casual con su hermano en una base iraquí); también uno capaz de pegar al amante de su novia y luego sentarse a tomar algo. Un tipo bueno, devoto de su familia, pero no un ingenuo, alguien que casi siempre controla su lado oscuro pero que no tiene ninguna duda de que actúa en el bando ganador. Un héroe de las películas en una guerra real.

El problema, y esto es un poco irónico, es que la película de Eastwood es tan absolutamente eficaz y limpia en su ejecución que a veces nos niega entrar más a fondo en esa oscuridad que se atisba. El Francotirador es un sentido drama bélico que no juega con la violencia, gráfica pero nunca pornográfica, pero que durante gran parte de su entretenidísimo metraje apuesta por la acción sin ninguna cortapisa. Un filme bélico con una importante carga biográfica pero, lo primero de todo y antes que eso, un drama de acción enérgico, sobrio y constante, que aborda un retrato humano interesante. O si quieren, una película bélica disfrutable en sus propios términos, que puntúa sus hazañas sin exageraciones, antes que una afirmación tajante sobre la contienda de Irak. Tanto da: se trata del mejor trabajo de dirección de Eastwood en un buen puñado de años, una película que va como la seda y sin altibajos desde el comienzo hasta el final.

Existen convencionalismos evidentes, pero todos ellos nos atrapan, contribuyen a la lógica de la película. Eastwood maneja bien algunos tópicos del género, y ni siquiera obvia la incorporación de un villano, una némesis que justifica la tortura psicológica del supersoldado Kyle en el último tercio, lo que sin duda le resta audacia a la película. Pero también, y gracias al extraordinario trabajo del director, perfectamente conjuntado con el guión de Jason Hall y su montador habitual Joel Cox (con Gary Roach), todo transcurre con suavidad, goza de interés y también de una inesperada tensión. La de Eastwood no es una afirmación antiviolencia, ni un hondo retrato personal, aunque todo ello esté incluido en el cóctel. El Francotirador es más bien una balada country que quizá hubiera resistido algo más de oscuridad, pero que a cambio nos proporciona una de las mejores experiencias en cine de acción del año. Estamos en febrero, pero si quieren nos apostamos algo.

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