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Juan Manuel González

Crítica: 'Dando la nota 2: aún más alto', con Anna Kendrick

A mí me hacen gracia, pero al margen de esto, las Barden Bellas no suben la voz demasiado.

Juan Manuel González
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A mí me hacen gracia, pero al margen de esto, las Barden Bellas no suben la voz demasiado.
Rebel Wilson en Dando la nota 2 | Universal

Hace dos años la primera entrega de Pitch Perfect, aquí bautizada como Dando la nota, acertó a la hora de aunar comedia razonablemente irreverente con canciones, o por reducirlo a una fórmula, las comedias femeninas como La boda de mi mejor amiga con los musicales juveniles a lo High School Musical. Bien es cierto que el factor sorpresa, el formidable viral promocional protagonizado por Anna Kendrick (que aquí repite como Beca) y la energía desprendida por su reparto juvenil tuvieron algo que ver en aquel sleeper o éxito sorpresa devenido en pequeño filme de semi-culto.

Ninguna de esas virtudes brilla excesivamente en la secuela, firmada por la actriz Elizabeth Banks, una de las integrantes del elenco en el papel de comentarista junto a un hilarante John Michael Higgins. La película, que de una manera no tan sorprendente arrebató el primer puesto de la taquilla a la secuela de Los Vengadores y desplazó del número uno a la formidable Mad Max, desprende cierto descuido a la hora de dibujar su argumento e incluso en su puesta en escena, que ni siquiera se plantea elaborar set-pieces como la del mencionado videoclip.

Dando la nota 2 se conforma con plantear una suerte de travesía por el desierto para las heroínas al tiempo que incorpora al personaje de Hailee Steinfeld, y el resto es más de lo mismo pero peor. Banks, una excelente actriz cómica cuyo talento se aprecia en sus breves intervenciones, apenas esboza una progresión argumental en lo que podría haber sido el quid de esta secuela, que parece intentar contraponer el individualismo de Beca con respecto al grupo de chicas, pero que se ve laxa, descompensada e incluso lenta.

Todo son subtramas acumuladas en un largometraje que pese a no tomarse en serio a sí mismo, llega a hacerse aburrido. A su favor, un buen número de one-liners feministas (que no causan sorpresa ni escándalo, ni lo necesitan para resultar divertidos), el choteo de esterotipos raciales y sexuales (que tampoco es ninguna novedad en una comedia; y ningún problema por mi parte) y alguna secuencia verdaderamente lograda (no tanto musical sino cómica, aunque la mejor, el hilarante campeonato ninja comandado por David Cross). Pero nada que compense la falta de sincronización real de un largometraje diseñado para hacer caja rápida y en el que lo mejor, precisamente, son los chistes petardos.

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