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Clint Eastwood: un libertario que desconcierta a la izquierda... y a la derecha

Reivindicado por la derecha por su militancia republicana, sorprendiendo a la izquierda con alguna de sus películas... ¿qué piensa Clint Eastwood?

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Reivindicado por la derecha por su militancia republicana, sorprendiendo a la izquierda con alguna de sus películas... ¿qué piensa Clint Eastwood?
Cordon Press

En una de las escenas más recordadas de Impacto Súbito, la cuarta entrega de la serie de películas protagonizadas por el inspector Harry Callahan, Clint Eastwood apunta con su gigantesco Smith & Wesson 29 a pocos centímetros de la cara de un delincuente que sostiene a una rehén. Harry el Sucio ha matado ya a tres o cuatro de los asaltantes de la cafetería en la que toma su café todas las mañanas, pero no tiene bastante, así que mientras el Magnum 44 y Eastwood miran al quinqui el segundo le dice: "Venga, alégrame el día".

En esos pocos segundos se resume la imagen en la que desde determinados ámbitos de la izquierda se quiso encasillar a un hombre –y sobre todo un cineasta- complejo, tanto artística como intelectualmente, y muy independiente y activo políticamente, lejos de los cánones de lo que muchos en Hollywood y en Europa piensan que debe ser un hombre de cine, o un artista, o un intelectual o como quieran ustedes llamar a esa construcción mediático-política que es el personaje "comprometido".

Eastwood sí ha sido un hombre comprometido, pero a su modo: en varias ocasiones ha apoyado a candidatos republicanos a la presidencia de los EEUU como Nixon, por el que tampoco se significó mucho, Reagan o recientemente Mitt Romney, por el que hizo campaña en una recordadísima intervención en la convención republicana previa a las elecciones estadounidenses de 2012.

Fue toda una actuación en la mejor tradición de los monologuistas americanos: improvisada en gran parte, con humor, con grandes frases y que dejó claras algunas cosas fuera de ese tópico del que hablábamos: "No toda la gente del espectáculo es de extrema izquierda, a la izquierda de Lenin –bromeaba Eastwood- en realidad en Hollywood hay muchas personas conservadoras, moderadas, republicanos, demócratas…". Eso sí, los que no son de extrema izquierda suelen actuar "de una forma más discreta, no van por ahí exhibiéndolo".

¿Republicano o libertario?

Sin embargo, tampoco ha sido un hombre de partido sin más: criticó a Nixon por la Guerra de Vietnam y también ha sido bastante crítico con las intervenciones en Irak y Afganistán. De hecho, y si bien en no pocas ocasiones se le ha acusado de ello, aunque Eastwood seguramente no es un pacifista en el sentido negativo que puede llegar a tener esa palabra, desde luego no es un belicista: "Es una de esas cosas que tendrían que hacerse pensándolo mucho, si es que necesitan hacerse", dice de las guerras, "la protección es muy importante para las naciones, pero tiendo a posicionarme en el bando de que cuanto menos mejor".

No obstante, alrededor de esto se ha generado una viva polémica tras su última película, El francotirador, que relata la vida de uno de los soldados más mortíferos del ejército americano y que se convirtió en un éxito después de las agrias críticas que el docutrolero Michael Moore vertió sobre ella.

Volviendo a Eastwood, su independencia le ha llevado incluso a posiciones en principio contradictorias: después de criticar los rescates de grandes bancos y empresas automovilísticas llevados a cabo durante los gobiernos de Bush y Obama -"si un CEO no sabe como hacer rentable su compañía entonces no debe ser CEO"- protagonizó un anuncio en la Superbowl para las grandes empresas de Detroit que se beneficiaron de esas ayudas que podría tener, y de hecho tuvo, una lectura política y polémica.

Del mismo modo, el propio Eastwood –que nunca ha rehuido hablar de política o de religión- se define a sí mismo con categorías que no caben en márgenes estrechos: "Siempre he sido muy liberal –en el sentido americano del término, que aquí podríamos traducir más bien por izquierdista-, cuando se trata de lo que la gente puede pensar por sí misma", decía en una entrevista en Los Angeles Times.

Desde ese punto de vista, no es extraño que el cineasta haya sido un firme defensor de medidas muy lejos de lo que se supone que es la mayoría conservadora del Partido Republicano, como el matrimonio gay o la protección del medioambiente. Pero en lo tocante a la economía también lo tiene claro: "Soy un halcón en lo que se refiere al recorte del déficit", explicaba en la misma entrevista un Eastwood que siempre ha defendido con rotundidad los principios del libre mercado.

Incluso en sus películas expresa en no pocas ocasiones opiniones o puntos de vista que a buen seguro sorprenden a su público conservador, como en el trágico final de Million Dollar Baby o el canto al melting pot estadounidense que es Gran Torino.

El individuo solo ante el peligro

Pero si algo caracteriza al cine de Clint Eastwood es un muy individualista interés por el individuo, por los personajes que se enfrentan en solitario no sólo al peligro de unos quinquis en una cafetería, o al sheriff más cruel y salvaje de la historia del cine, sino a los riesgos de la vida y sus decisiones.

Y es que en el fondo, lo que de verdad desconcierta en Clint Eastwood no es que apoye a este o aquel republicano, ni siquiera su propia vida política como alcalde -lo fue durante años de Carmel, una pequeña ciudad californiana- o las opiniones liberales, libertarias en el idioma político estadounidense, que expresa en público con frecuencia.

Lo que descoloca a tantos es que su cine, que era tan aparentemente banal y violento cuando interpretaba o dirigía a Harry el Sucio, esté repleto no de las sencillas respuestas de manual en las que en tantas ocasiones se maneja la izquierda más banal, o las clasificaciones maniqueas de buenos y malos que llenan tanto cine presuntamente comprometido.

En las películas de Eastwood, en cambio, no encontramos tanto soluciones como preguntas y dudas, dilemas en los que hay que elegir entre unas opciones malas y otras peores, decisiones morales que hay que tomar, pese a que te destrocen, de momentos en los que un hombre tiene que disparar a un niño que va a matar a varios marines; un católico tiene que desconectar la máquina que mantiene con vida a la persona que más ama; una mujer sencilla tiene que elegir entre el tardío amor de su vida o una familia a la que también quiere…

No, del mismo modo que el cine de Eastwood no es fácil porque se parece demasiado a la vida para serlo, su ideología no se puede encorsetar sin más en los estándares que solemos manejar. Probablemente por eso uno y otro son tan interesantes y están tan íntimamente unidos.

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