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Mi problema con 'Star Wars. Episodio VII: El Despertar de la Fuerza'

¿Puede un filme tan notable como este Episodio VII de Star Wars generar tantas reservas?

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Mi problema con 'Star Wars. Episodio VII: El Despertar de la Fuerza'
Star Wars. Episodio VII | Lucasfilm LTD

"A los fans les encantará", dijo George Lucas cuando le preguntaron qué le había parecido El Despertar de la Fuerza. Entre calmado y desencantado, el creador de Star Wars hizo un resumen distanciado pero perfecto de lo que finalmente supuso para mí este Episodio VII de J.J. Abrams: una película que hace todo lo posible por distanciarse de las precuelas dirigidas por el propio Lucas, por recuperar el espíritu de la saga original, pero también -y aquí me voy a separar un tanto de la opinión generalizada de crítica y público- limitando su alcance y ambición en beneficio de otras cuestiones.

Por cierto, cuestiones que revelan los peligros de hacer una película "para fans" y no una película "de autor", por mucho que el criterio personal pueda asimilarse (o no) al de los sus admiradores, y también que esa segunda trilogía concebida a modo de precuela por Lucas, y enteramente diseñada por él, ofendiera a los primeros. El "pope" y creador de la saga, finalmente, sí se ha sumido en la incesante promoción de El despertar de la Fuerza, quizá para que la sangre no llegue al río y en parte porque, digámoslo claro, la legendaria venta de Lucasfilm LTD a Walt Disney no era sino un relevo necesario (él mismo, que concibió Star Wars como un folletín familiar sobre el paso del testigo de unas generaciones a otras, debe comprenderlo mejor de lo que él mismo reconoce)... Dicho de otra manera, todos ganamos pero quizá, al final, todos, Lucas y nosotros, hayamos perdido algo por el camino.

Y es que parece que en esta ocasión los excelentes árboles de este Episodio VII no han dejado ver el bosque. Resulta comprensible: las secuencias de acción de esta nueva película están rodadas con un frenesí que borra de un plumazo los envarados fuegos de artificio diseñados por Lucas para sus precuelas. Una energía renovada que entronca con esa inocencia y autenticidad original que aquí se trata de reproducir y que se contagia también al diseño de sus personajes. Una incuestionable mejoría que, sin embargo, no opera a todos los niveles de este Episodio VII, una película que apela continuamente a las emociones (y en varias ocasiones de manera exitosa) pero casi nunca nos da el tiempo necesario para poder paladearlas.

No se asusten: el inicio de la nueva trilogía está lo suficientemente bien hecho como para disfrutar a tope; y todavía más, esperar con cierta impaciencia el desarrollo de la historia aquí planteada. Incluso para aquellos que no hayamos podido encontrar esa experiencia sublime que, en el fondo, anhelábamos, lo cierto es que el filme abre el camino para unos Episodios VIII y IX (dirigidos por Rian Johnson y Colin Trevorrow) mucho mejores e intensos, esos nuevos El Imperio Contraataca que finalmente nos pongan a todos de acuerdo.

Al fin y al cabo, los que conocemos el cine de J.J. Abrams, el proceder del creador de Perdidos nos suena un poco, nos resulta bastante familiar. Ubicada en ese esquivo territorio de la secuela/reboot/remake que ha proliferado en el cine de Hollywood reciente (a veces para bien, muchas otras para mal), El despertar de la Fuerza trata por una parte de beneficiarse de la nostalgia del espectador (y lo hace todo el rato) para, a la vez, proyectarse hacia el futuro de cara a futuras y prometedoras entregas. Lo consigue, pero lo hace dejando cadáveres metafóricos y físicos por el camino. Existe una contradicción que me resisto de momento a aceptar y que está en el germen de mi problema con el filme: mientras la película se beneficia de la presencia de personajes como Han Solo, Leia y Chewacca (así como de sus excelentes intérpretes, destacando de nuevo al estupendo Harrison Ford), finalmente se desprende con una bofetada al espectador que resulta más manipuladora que otros momentos culminantes de la saga. Del mítico "yo soy tu padre" o la desaparición de Obi Wan Kenobi pasamos o otro concepto derivado, pero que juega con la sorpresa gratuita y las emociones vinculadas a esa nostalgia para provocar la conmoción del espectador. Comentar más sería un spoiler (sólo diré que cierta imagen ha rondado mis pesadillas este fin de semana) y al fin y al cabo quedan otras dos películas para desarrollar la intriga y rebajar estas consideraciones hasta más obsoleto de los ridículos. De modo que pasaremos página al respecto.

Pero es que hay otro elemento que en mi caso resulta fundamental, una omnipresente campaña publicitaria que todos los medios le hemos hecho gratis y de buen grado, y que al final contribuye a difuminar los logros y defectos del filme, al menos en un primer vistazo. Y que finalmente lleva a una evidencia indiscutible, absoluta: puede que el pasado nos persiga, pero nunca acaba de volver. La pesadilla de los nostálgicos, de los que pensamos en términos de "cualquier tiempo pasado fue mejor".

Este mismo verano asistí a un desasosiego similar tras la proyección de otra película basada en un filme de los ochenta, la comedia Vacaciones. Concebida también como secuela tardía y, a la vez, remake más o menos confeso de una de las comedias que marcaron el cine comercial al mismo tiempo que las originales Star Wars, la película trataba de reproducir el encanto de su predecesora, tan obscena como cándida, sin éxito ninguno pese a sus incesantes gags. Pese a lo pasable del invento, ese encanto ya no existía, estaba atrapado en un pasado que ya no existe y resulta infructuoso tratar de reproducir.

El problema también es que, como en Vacaciones, otras películas que jugaron antes esa baza nostálgica lo hicieron mejor que el Episodio VII. Pongamos un ejemplo reciente con Jurassic World, virtual remake y ampliación del primer filme dirigido por Spielberg, un filme que llevaba esa misma teoría casi en su ADN... si bien en ese caso estábamos hablando, al fin y al cabo, de una película ambientada en un parque temático; un sarcástico y a la vez fascinado comentario al mundo donde se inserta la propia película. El caso de El Despertar de la Fuerza no me podía resultar más diferente: estamos ante un filme que podía haberse nutrido del amplísimo mundo creado por Lucas, sus numerosos apuntes y el universo expandido que lleva años cociéndose en videojuegos y libros, sin duda un escenario privilegiado para idear y desarrollar nuevas propuestas... que en absoluto se reflejan en la peripecia de los nuevos personajes.

Abrams, a nivel narrativo, se conforma demasiado pronto con cocinar un filme que juega a intercambiar y relevar personajes, pero cuya trama sigue a pies juntillas lo visto en el seminal Episodio IV de 1977. Extraña la presencia aquí de Lawrence Kasdan, guionista de los mejores títulos originales, que a la vista del resultado aquí ha debido ejercer de peón del director. Otro filme dirigido por Abrams, la recuperación de otra saga galáctica como fue Star Trek, jugó las mismas cartas pero lo hacía de manera más vehemente -al menos para quien esto escribe- fundiendo varias de las películas de la saga original de una manera más elaborada, viva y libre que en la presente. Super 8 y Misión Imposible III, cada una en su género, juguetearon con similar o incluso superior éxito que esta nueva Star Wars con ese concepto.



No me entiendan mal. Las virtudes del cine de Abrams, que existen y en gran abundancia, siguen operando aquí. Los nuevos personajes incorporados por Daisy Ridley, Adam Driver, John Boyega y Oscar Isaac, por no hablar de la encantadora creación del droide BB-8 (que causará furor en las jugueterías, lo que les aseguro no me genera ningún tipo de problema) destilan química entre ellos y también con los anteriores, los Han Solo, Leia y Chewie que se suman a la fiesta a mitad de metraje. Abrams no sólo ha acertado con los cuatro actores elegidos sino también con el diseño de los personajes, la apertura de esos arcos familiares que van a suponer el centro neurálgico de la nueva trilogía, por mucho que el sentido del suspense al que recurre el autor (¿cuál será el parentesco familiar de algunos de ellos respecto a personajes míticos de la saga?) a los fans de Lost, Super 8 y las anteriores nos empiece ya a sonar como un recurso vagamente familiar.

Y otra cuestión: Abrams borra del mapa cualquier anotación política para asegurarse de que en el nuevo filme no hay un ápice de la conspiranoia que Lucas introdujo en los Episodios I-III. Dado lo mal insertados que estaban en la trama de las precuelas y lo aburridos que resultaban, perdiendo al espectador en un mar de secuencias explicativas, tampoco extraña demasiado. Pero lo que podría haber sido un regreso al sustrato mítico del original (del cual la segunda trilogía tampoco carecía, seamos honestos) se queda en realidad en una apuesta de pasado. Lucas, digámoslo claro, pudo no plasmar bien las intrigas que llevaron al Imperio a tomar el control de la Galaxia, pero al menos intentó elaborar un puñado de filmes diferentes, que evolucionasen con la sociedad que los ha aplaudido (de un elogio a esa contracultura de los rebeldes, a una crítica de la dominación de un sistema con ecos colonialistas) y, al tiempo, insertasen una serie de consideraciones coetáneas en el contexto de un cuento de hadas.

Abrams, a diferencia del propio Lucas -criticado mil veces por su inmovilismo- no hace sino retornar a la fórmula original, sin tratar de elaborar filmes más elocuentes de lo que en su momento se dijo que era la trilogía original, o en todo caso lo hace nada más que en función de su propia apuesta escapista, que es aquella que le han exigido los crecientes admiradores de la saga (que, a tenor de la intensidad con la que han llenado cines, quizá incluyan un buen número fans del despliegue publicitario más que de las maravillosas películas). Que a todo el mundo esto le suponga un avance es algo que me extraña (siempre he necesitado del cine para interpretar la realidad, no para huir de ella), y que me lleva a pensar si mi problema con el Episodio VII: El Despertar de la Fuerza no es tanto con el filme como con quienes lo han vendido y aplaudido sin reservas. Un círculo vicioso que se retroalimenta y que, como diría el ahora ausente Yoda, sólo puede llevarnos al Lado Oscuro.

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