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Juan Manuel González

Crítica: 'Los milagros del cielo', con Jennifer Garner

'Los milagros del cielo' es un drama cristiano que entusiasmará al Cinturón de la Biblia. ¿Hay algo más para el resto de público?

Juan Manuel González
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'Los milagros del cielo' es un drama cristiano que entusiasmará al Cinturón de la Biblia. ¿Hay algo más para el resto de público?
Jennifer Garner en Los milagros del cielo | Sony Pictures

Los milagros del cielo es una de esas películas que comienzan de verdad cuando ya han recorrido la mitad de su historia. Pasada la hora de metraje (y tranquilos, no les soltaré ningún spoiler) tiene lugar un suceso trascendental en la misma, y es entonces cuando la película de la mexicana Patricia Riggen (directora de la aún inédita Los 33, sobre el drama de los mineros chilenos atrapados), hasta ese momento un drama familiar con-madre-coraje-e-hija-enferma, desvela sus verdaderas intenciones.

Porque, en efecto, Los milagros del cielo, basada en el relato literario de Christy Beam (interpretada en el filme por una excelente Jennifer Garner) es uno de esos dramas cristianos que, al igual que El cielo es real, Dios no está muerto o War Room (por no hablar de ese ejército de cintas protagonizadas por Kirk Cameron) van dirigidos a ese Cinturón de la Biblia que acude con entusiasmo a celebraciones de la Familia y la Fe como la que nos ocupa, y que se estrenan a razón de un par al año. Es la explicación de que, sobre un presupuesto de poco más de diez millones, el filme haya recaudado más de 60 en Estados Unidos, un balance contenido pero muy favorable para sus hacedores.

Nada que objetar, sobre todo porque nada de ello significa que estemos ante una película mentirosa. Más bien al contrario: Los milagros del cielo es meridianametne clara, y de hecho comienza y acaba casi de la misma manera, con una familia texana acudiendo a misa y bañada en una mágica puesta de sol. En la película solo hay dos tipos de personas, aquellos que creen y los que no... aquellos que escogen consolarse ante la inevitable extinción de nuestra vida, una vez quememos los cartuchos que se nos han concedido, y aquellos que lidian de otra manera con la búsqueda del sentido. Ambos, de todas formas, capaces de convivir gracias a la posibilidad de hacer buenas obras.

Lo malo de Los milagros del cielo, suave relato de la terrible enfermedad de una de las hijas del matrimonio Beam, no es el contenido pío de su contenido metraje, que Riggen orquesta con simpleza pero una razonable dosis de ambigüedad. Sí que lo es la escasa profundidad del drama médico, que viste el angustioso periplo familiar (visto en un filme infinitamente superior, El aceite de Lorenzo, de George Miller) de telefilm de sobremesa de sábado adornado con retazos del Disney Channel y otro poco de otra que tal, Patch Addams. Existen dos o tres momentos en los que, eso sí, el filme sí coge fuerza de manera legítima y terrible, precisamente aquellos en los que la pequeña Anna confiesa a su madre desear la muerte: es entonces cuando Los milagros del cielo al menos refleja el terrible sufrimiento de la niña, la dureza de la situación más allá del cliché del producto kleenex.

Afortunadamente, el filme está empaquetado con corrección y unas buenas intenciones que evitan el aburrimiento. Jennifer Garner obsequia al público con otra interpretación absolutamente reivindicable, en el borde entre lo sentimental y lo cursi, pero siempre entregada. Y no puedo dejar de nombrar a John Carroll Lynch, a quien le da lo mismo interpretar a un psicópata ladino (Zodiac, la reciente y recomendable La invitación) que a un entregado reverendo. Si la cinta no hubiera retratado a la pequeña como un mero McGuffin en lugar de una persona real, la cosa hubiera mejorado.

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