Menú

Crítica: 'Dos buenos tipos', con Russell Crowe y Ryan Gosling

¿Buscaban una película de Hollywood bruta, madura y divertida? 'Dos buenos tipos' han llegado a la ciudad.

Juan Manuel González
0

Hay un momento en Dos buenos tipos, regreso de Shane Black al cine de acción que, en cierto modo, él ideó con su guión de la primera Arma Letal, que resume perfectamente las bondades de su excelente película. En él, el matón a sueldo Jackson Healy (Russell Crowe) y la hija menor de edad de su socio, el detective privado Holland March (Ryan Gosling) atienden a un secuaz moribundo tras una secuencia (la de la fiesta) hilarante, ejemplar. Sin revelarles nada de nada, lo que sucede a continuación es, a la vez, tanto un acto de crueldad y engaño como de compasión, y está escrito por Black con una mano firme que compagina dureza y ternura, risas y espectáculo cinematográfico. Y ojo: sin un ápice de cinismo.

Se trata de un detalle quizá anecdótico, una escena más en una compleja y trepidante trama que va por la mitad o más cuando comienza el filme, y que sin duda dejará atrás a algún espectador despistado. Pero sirve por para demostrar por qué Dos buenos tipos es de todo menos un filme rutinario o innecesario, erigiéndose con total facilidad como el mejor refresco de la temporada primavera-verano.

La película, una historia de detectives privados y colegueo masculino como las que se hacían hace un par de décadas, es un nuevo guiño de Black a los relatos pulp que siempre han fascinado al guionista de El último boy scout, Una pandilla alucinante o Memoria Letal, que ahora vive la segunda (y mejor) de sus edades. Si ustedes han visto Kiss Kiss Bang Bang, la película que supuso el regreso del artífice de esas películas, y de la que ésta parece una secuela ampliada y perfeccionada, comprenderán lo que digo inmediatamente (y si no, ya la están buscando para metérsela en vena). Pese a que, honestamente, Dos buenos tipos no alberga ninguna novedad excesiva, la energía casi eléctrica con la que Black se trabaja la fórmula de las "buddy movies" (atención al doble narrador en off del comienzo) es tal que cualquier pero da absolutamente igual: todo parece nuevo en este filme de acción despreocupado de ambiente tan nocturno y decadente como "boogie"; definitivamente molón y decididamente retorcido.

Estamos en Los Ángeles, el año es 1977. El detective Holland March (Ryan Gosling, cambiando su registro circunspecto de Drive... y triunfando en el proceso) y el matón a sueldo Jackson Healy (Russell Crowe, divirtiéndose por fin tras varias películas en piloto automático) se alían para investigar la desaparición de la joven Amelia (Margaret Qualley, de The Leftovers, desde ya una auténtica bomba sexual). El caso, que les obliga a recorrer una ciudad de Los Angeles espléndidamente fotografiada (los exteriores del Valle de San Fernando recuerdan al cine escrito Black de los años 90, y por supuesto a sus raíces noir) situará a la nueva y extraña pareja de colegas en el centro de una trama de intereses criminales, cadáveres y estrellas del cine X setentero.

Antes les he descrito una escena que define el tono, pero es la secuencia inicial, en la que se nos introduce en la trama con un niño robando una revista porno de la habitación de su padre (y que, tras un golpe de efecto que recuerda al mejor accidente de tráfico de El último boy scout, ve su fantasía hacerse realidad de manera trágica e hilarante) la que alberga la gran clave para interpretar la película. Dos buenos tipos es un filme que incluye porno setentero, erotismo a costa de chicas menores de edad comportándose como mujeres fatales, una razonable dosis de nostalgia (esa escena en Hollywood Boulevard donde se atisban los carteles de Tiburón 2 y Aeropuerto...), choteo de la contracultura y a dos tipos duros pegando a muchas personas. Pero sobre todo, es un enorme alarde de poesía popular. En primer lugar, Black lanza una bofetada que alcanza varios estamentos americanos, con una crítica nada velada a determinados excesos consumistas (materializados en los coches como gran símbolo americano) y un constante y salvaje trolleo al hippismo y los teatrales e inútiles gestos de la contracultura. Pero en realidad desliza bajo la puerta un sobre de lirismo gamberro que nos da la clave de su hosco romanticismo: la verdad de todo este embrollo está ahí fuera, y está codificada en una película porno con pretensiones, un trozo de celuloide tan denostado como, estoy seguro, muchas de las aportaciones de Black al cine de los 90. Ahí lo tenemos: los sueños eróticos de un niño haciéndose realidad; cine de explotación (y también cine dentro del cine) como clave para interpretar la nueva realidad: si esto es "solo" cine de acción, entonces apaga y vámonos.

Dos buenos tipos, por encima de ciertas limitaciones (Black sigue siendo mejor guionista que director, y algunas de sus secuencias de acción siguen resultando embarulladas) es una monumental broma pop que actualiza para la realidad actual los códigos de películas como Arma Letal y El último boy scout, convirtiéndose en un reverso tan tenebroso como bienhumorado de las mismas. Al final, y aunque los malos se salgan con la suya, salimos del cine pensando que los héroes existen, y que la ciudad de Los Angeles sigue siendo el lugar donde nacen los sueños (al menos, hasta que lleguen los japoneses). ¿Obra maestra? Me da igual que no lo sea: esto es un filme para ver cada año al menos una vez.

En Cultura

    Lo más popular

    0
    comentarios

    Servicios