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Juan Manuel González

Crítica: 'Marea Negra', con Mark Wahlberg y Kurt Russell

Marea negra es uno de esos filmes donde no importa llegar tarde. La primera mitad es risible; la segunda atronadora, impresionante.

Juan Manuel González
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Marea negra es uno de esos filmes donde no importa llegar tarde. La primera mitad es risible; la segunda atronadora, impresionante.
Mark Wahlberg en Marea Negra | eOne

A nadie se le escapa que Marea Negra trata de lanzar un mensaje, y eso está bien. Pero es la forma de entregar ese mensaje es lo que casi pierde a la película de Peter Berg, artesano del género con querencia por las odas a los soldados y obreros y que aquí naufraga allí donde triunfó su anterior (y excelente) El único superviviente. Ocurre que mientras aquella era un thriller bélico bienintencionado pero increíblemente tenso y nervioso, Marea Negra resulta simplemente obvia con su crítica a la incompetencia corporativa que generó el desastre de la plataforma Deepwater Horizon. Si tu jefe está interpretado por John Malkovixh, sabes desde el principio que va a ser un día fatal.

Al menos, claro, durante sus primeros cuarenta minutos. Porque una vez el filme supera la etapa de presentación de personajes y comienza la acción, se transforma en un drama de acción simplemente magnífico. Y aquí acaban las críticas. Marea Negra es uno de esos filmes a los que resulta incluso conveniente llegar algo tarde: durante su primera media hora el guión de Matthew Michael Carnahan y Matthew Sand está poblado de lugares comunes, diálogos risibles y personajes de una pieza, un simulacro de cine de catástrofes de los 90 pero con la siempre temible etiqueta de "basado en hechos reales". Pero una vez sucede el desastre y Berg aplica su puesta en escena "a la Michael Bay" (su gusto por rodar helicópteros y máquinas en acción es similar a la del californiano: recuerden que estamos ante una reconstrucción como también lo fue la magnífica 13 horas) lo cierto es que en este sentido el filme cumple... y cumple con creces.

El problema viene cuando uno trata de amoldar la vida real al cine de género y no viceversa. En Marea Negra Berg recurre a una tragedia real, la de la plataforma Deepwater Horizon, pero construye a su alrededor una tópica película de catástrofes de serie B y factura A. De modo que no está operando de manera demasiado diferente a cuando Roland Emmerich se monta su habitual circo de explosiones. No obstante, si me gustaron aquellas no tengo por qué odiar la aquí presente: Marea Negra tiene la virtud de la concisión narrativa para superar el bache y, sobre todo, dos actores de probado carisma como Mark Wahlberg y Kurt Russell (del que todavía no me explico por qué no aparece en el póster) para amortiguarlo.

Además de una interesante figura visual que no requería de risibles explicaciones verbales: el petróleo es un dinosaurio esperando a salir, dice la hija del protagonista, y las imágenes de la desafiante maquinaria perforando (a las que recurre constantemente Berg) dan carne y sangre a esa amenaza sin necesidad de chapas ecologistas. Son gestos como estos, y los extraordinarios cuarenta minutos finales (el apocalíptico, extraordinario clímax en lo alto de la plataforma, con dos personajes principales decidiendo saltar o no, está filmado como nadie) los que consiguen que nos olvidemos del errático comienzo, aquella donde el filme sufre la presión de los hechos reales más o menos igual que la propia perforadora de la Deepwater Horizon.

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