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A Dustin Hoffman no le contrataron en España por enano

El pasado día de Reyes, las redes sociales dieron por muerto al actor en Internet. El bulo corrió como la espuma, aunque era falso.

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Dustin Hoffman en 'Confidence' | Cordon Press

Ya hay que ser miserable, también imbécil, para servirse de Facebook y lanzar a los cuatro vientos vía Internet que Dustin Hoffman había fallecido el pasado 6 de enero. Y además, el o los causantes de la falsa noticia, precisaban que el óbito se había producido a las 11 de la mañana. Ni qué decir que el bulo corrió como la espuma a través de las redes sociales. No sabemos la reacción del interesado, que imaginamos se habrá tomado como amarga y estúpida broma macabra. Lo malo es que ello sucede frecuentemente, tomando como inocentes víctimas a personajes relevantes, como sin duda lo es el gran actor norteamericano, uno de los más grandes de su generación.

No puede decirse que el año pasado haya sido del todo positivo para Dustin Hoffman quien fue involuntario protagonista también de otro suceso, si bien en esta ocasión con visos reales, acerca de sus ancestros. Resulta que en Estados Unidos se emite una serie en la que aparecen evocados famosos de actualidad o al menos contemporáneos, sobre los que revelan de dónde proceden y quiénes fueron sus antepasados. Pues, bien, absorto, desconcertado, Dustin Hoffman se enteró a través de la televisión de que desciende de familia judía (eso ya lo sabía, pero no cuanto sigue) y que su bisabuelo y su abuelo paternos perdieron la vida a manos de la policía de la entonces URSS.

No quedó ahí la cosa para el ya conmovido Dustin Hoffman, pues el documental precisaba asimismo que su bisabuela estuvo en un campo de concentración soviético sometida a toda clase de horrores, privación de libertad , trabajos forzados y escasa alimentación. Todo eso antes de que por fin ya en la calle, pudiera emigrar a los Estados Unidos. El padre de Dustin Hoffman conocía esas duras historias, pero prefirió callárselas. Así es que, tarde y mal, el admirado actor supo hace pocos meses de las penalidades sufridas por los suyos.

Ya llevaba un tiempo, exactamente desde 2013, con la salud quebradiza, desde que ese año le detectaron un cáncer, del que fue operado satisfactoriamente. No obstante acusó obviamente cuanto sucede desde que a uno le detectan ese mal, vive la angustia previa a entrar en el quirófano y luego el tratamiento necesario para que el tumor no vuelva a hacer acto de presencia.

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No nos extraña que Dustin Hoffman haya permanecido estos últimos años en su hogar, sin ganas de aparecer en público. Al punto de que comentó a su círculo más cercano su deseo de alejarse definitivamente del mundo del espectáculo. Si esto es así, como se temen sus múltiples admiradores, habríamos perdido a un actor extraordinario, capacitado tanto para el drama como la comedia, protagonista de una serie de películas que han marcado la historia del cine entre los años finales de los 60 y los 70, 80 y parte de los 90. Acerca de ellas todavía, supongo, habrá lectores de estas líneas que recuerden a Dustin Hoffman siendo sencillamente seducido por la madre de su mejor amigo, en El Graduado; o incorporando perfectamente el papel femenino cuando como actor no encuentra trabajo porque a los varones les es más complicado, en Toosie.

Y no digamos su papel junto a John Voigh (que ha pasado a la posteridad como padre de Angelina Jolie) en Cowboy de medianoche. Impresionante en el emotivo rol de Rain Man. En Kramer contra Kramer se exponía una situación por desgracia habitual entre los matrimonios, con hijos, abocados al divorcio. Antes del rodaje, en los ensayos Dustin Hoffman hubo de suscitar en su compañera de reparto, Meryl Streep una actitud especial, aquello de "entrar en situación", porque él atisbaba cierta laxitud en la manera de ver Meryl su personaje. Y decidió provocarla. ¿Cómo? Recordándole su último amor. Meryl Streep venía de una dramática historia vivida junto a su amante, el actor John Cazale, al que había conocido rodando El cazador, quien murió prontamente de cáncer. Todavía su recuerdo la atormentaba.

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Dustin Hoffman echó manos de ese pasado sentimental para estimular a Meryl, hablando incluso mal de Kazale. Lo que llevó a la hora de rodar algunas escenas en las que Meryl, dolorida, muy enfadada porque creía que su compañero le faltaba el respeto, daba la intensidad dramática que había captado él. Dustin Hoffman provenía del Actor´s Studio de Elia Kazan y se sabía esos trucos. En "Todos los hombres del Presidente" tuvo enfrente a Robert Redford. Magnífica pareja a la hora de dar vida a los dos periodistas del Washington Post contumaces investigadores del caso Watergate que acabó con la Presidencia de Richard Nixon. Y luego Perros de paja, Marathon Man, hasta probar él mismo tras la cámara, como director.

Probó suerte en Europa

Siempre mantengo que el público en general ignora de qué manera un afortunado actor, galardonado con dos Oscar, como Dustin Hoffman, ha llegado a la cima de su arte, pero atravesando periodos muy difíciles en su vida, incluso necesidades, hambre. Y eso le sucedió a él. Harto de que en Nueva York y Los Ángeles no obtuviera los resultados apetecidos, metido en unas compañías de teatro de tres al cuarto, probó suerte en Europa: en Roma y en Madrid. Porque estuvo aquí, entre nosotros, hacia 1965 pateándose las productoras en pos de un mísero trabajo. Llegó a las oficinas de la Gran Vía del productor José Frade, y allí no le hicieron ni caso. Se reían al verlo, medio esmirriado por su corta estatura. Y un tipo llamado Sidney Pink, como recordaba el relaciones públicas Enrique Herreros, se permitió en su despacho de la madrileña calle de San Telmo, 34, reírse en presencia del joven norteamericano, llamándolo "¡enano!"

Terció el director José María Elorrieta, quien había hablado con aquel muchacho bajito y creyó advertir en él algunas posibilidades de su futuro artístico. Nada, no valieron de nada sus recomendaciones. Aquel Pink mandó literalmente a la mierda al osado y desconocido actorzuelo. Quien volvió a California, como vulgarmente se decía "con el rabo entre las piernas", (no piensen mal). Allí hizo un papelito en The Tiger Makes Out, que fue su bautismo cinematográfico. Como tenía que comer, aceptó integrarse en una modesto grupo teatral, en una de cuyas funciones lo vio casualmente Mike Nichols, conocido director de Hollywood, quien se fijó en él. Para que fuera el protagonista de El graduado. Y a partir de ahí, se fraguó la imparable carrera de aquel joven aparentemente poco agraciado, de menguada estatura, capaz luego de interpretar inmejorables personajes en los que no se tenía en cuenta lo que medía medía, 1, 65 centímetros. Claro que si Frade, Pink y sus directores artísticos despreciaron al alevín de galán, peor tal vez le hubiera ido a éste de haberse quedado a vivir en Madrid. Hubiera terminado rodando"westerns en Almería de serie B.

Lo único es que conoció nuestra ciudad, adonde volvería al menos que sepamos una vez, ya siendo una figura muy conocida. Curiosamente recordaba haber comprobado que muchos hombres tarareaban por la calle la canción famosa de Sinatra Extraños en la noche. No me consta que eso pudiera sucederle, por muy popular que fuera la melodía. Iríamos hablando en voz alta, discutiendo sobre fútbol, ¿pero, cantando? En todo caso algún borrachín con trozos del Porompompero. El caso es que Dustín Hoffman vivió en la capital española unas semanas de incertidumbre profesional en aquella infausta su primera visita.

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Acerca de su vida sentimental, se casó en 1969 con Anne Byrne, con quien ya había decidido adoptar una niña, Karina. Luego tuvieron una hija propia, Jenna. Se divorciaron en 1980. Año en el que contrajo segundas nupcias con Lisa Gottsegen, que le daría cuatro retoños. Millonario, conocido en todo el mundo, Dustin Hoffman se enfrenta en este recién estrenado 2017 a entrar en la lista de los octogenarios, lo que ocurrirá en el mes de agosto. Vivito y coleando, pese a esa falsa noticia de su muerte, el gran actor quiere disfrutar de la vida, alejado ya de los focos y las exigencias del tinglado cinematográfico. Quien nunca, que sepamos, haya tenido complejo de enano.

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