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Isabel Coixet y la sorprendente historia del primer matrimonio homosexual en España

Fue hace 116 años, una farsa en la que una de las mujeres se disfrazó de hombre. 

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Marcela y Elisa en 1901 | La Voz de Galicia

Ahora que colean todavía los comentarios sobre los Oscar y, en definitiva, se habla más de cine que en otros meses, les traigo a colación el proyecto que lleva entre manos Isabel Coixet desde hace largo tiempo, con la idea de llevarlo a cabo lo antes posible. Se trata de una historia acerca del primer matrimonio homosexual que hubo en España hace la broma de ciento dieciséis años, que se celebró urdiendo una auténtica farsa nada menos que ante un sacerdote, que celebró aquella ceremonia creyendo que los contrayentes eran varón y hembra, cuando en realidad se trataba ¡de dos mujeres!

Conociendo a Isabel Coixet hay que esperar de ella la contención necesaria para que el asunto no desemboque en un burdo culebrón. A sus cerca de cincuenta y siete años, que cumplirá en abril, ha dirigido veintiún filmes revelándose ya hace tiempo como una realizadora independiente, enormemente creativa, sin afinidades en su estilo con otros colegas, con ambiciosos proyectos que ha logrado llevar a cabo felizmente con repartos internacionales de gran relieve. En el presente caso, desconociendo qué título llevará la película, que quizás derive en una corta serie de televisión, sí sabemos las dos actrices que ha elegido para llevar a cabo tan excitante guión: María Valverde y Natalia de Molina, ambas pertenecientes a esa generación de actrices con talento que se han colocado en primera línea de nuestro cine.

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María Valverde y Natalia de Molina | Cordon Press

La primera de las citadas, madrileña de treinta años que festejará el próximo 25 de marzo, fue premio Goya como actriz revelación en 2003 con La flaqueza del bolchevique, donde debutó en la pantalla. Su filmografía hasta la fecha se compone de veintiocho títulos, siendo uno de los más interesantes La mula. En 2004 participó en el remake dirigido por Ridley Scott sobre Exodus, aquella epopeya del pueblo judío que protagonizara Paul Newman, donde María Valverde incorporó el personaje de la Virgen María. Su nombre se ha repetido mucho semanas atrás al conocerse su noviazgo con el afamado director de orquesta Gustavo Dudamel.

En cuanto a Natalia de Molina,natural de Linares, con veintiséis años, fue también premiada con el Goya a la actriz revelación de 2013 por su trabajo en Vivir es fácil con los ojos cerrados. Dos años más tarde lograba el "cabezón" a la mejor interpretación femenina por Techo y comida. En tres años ha rodado diez películas, la más reciente Kiki el amor se hace. Tiene una hermana, Celia, también actriz, con la que ha coincidido en alguna ocasión en un mismo reparto. Se autodefine como misteriosa, tímida y muy observadora.

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Natalia de Molina, con el Goya | Archivo

Ellas dos serán, si no se tuerce el proyecto, las heroínas de esta historia, que pasamos a extractar para ustedes. Una de ellas, Marcela Gracia Ibeas, que tenía dieciocho años cuando conoció a Elisa Sánchez Longa, de veintitrés. Vivieron una historia de amor, entonces fuera de lo común según la sociedad de su tiempo. Ambas eran maestras de escuela en un pueblo gallego. Llevadas por un amor intenso se pusieron de acuerdo ¡para casarse! Pero, ¿cómo? Entonces, principios del siglo XX, ello no era posible entre dos personas del mismo sexo. Lo normal, por muy escandaloso que fuere para quienes supieran su condición sexual, es que siguieran con su relación, más o menos secreta. Pero, no: Marcela y Elisa querían, por así decirlo, oficializar su situación. Y ¿cómo hacerlo? Lo principal consistió en conseguir la documentación necesaria, lo que logró Elisa, apropiándose de la célula de identidad, certificado de nacimiento y algún otro papel de un primo suyo, que había perecido en un naufragio. De esa manera Elisa Sánchez Longa pasó a llamarse Mario Sánchez.

No le fue difícil modificar sus cabellos, vestirse con un terno masculino y parecerse perfectamente a un hombre de cierta elegancia incluso. Con su compañera Marcela Gracia Ibeas acudieron a una parroquia de La Coruña, la de San Jorge y tras exhibir los documentos requeridos y una vez dictadas las amonestaciones de rigor, la pareja contrajo matrimonio canónico el 8 de junio de 1901. No transcurrieron muchos días, al parecer, y quizás por alguien que las conocía, cuando el párroco que las había casado ignorando la condición femenina de ambas solicitó los servicios de un médico, quien examinando a Elisa Sánchez Longa determinó, como no podía ser de otra manera, que se trataba de una mujer; una farsante encubierta bajo el falso nombre de su fallecido primo, Mario Sánchez. Cuando la burocracia se puso en marcha, las dos denunciadas pusieron pies en polvorosa, perseguidas por un delito, que se extendía no sólo a la Justicia y el Derecho sino asimismo a las reglas y dogmas de la Iglesia, por lo que las citadas fueron excomulgadas. Lo que nos llama poderosamente la atención es que las actas matrimoniales no fueron anuladas, ni entonces ni nunca. Luego, desde un punto legal, aquel matrimonio de dos mujeres fue válido y, en consecuencia significó ser el primero que hubo en España de una pareja de lesbianas. El porqué no se anuló, ni en el Registro Parroquial ni en el Civil, queda en el misterio. Fallo judicial y eclesiástico, no nos cabe la menor duda. Un investigador, Narciso de Gabriel, publicó en 2010 un libro acerca de esta peripecia matrimonial con el título Elisa y Marcela, más allá de los hombres.

¿Y qué pasó de las recién casadas? En su precipitada huida desde la capital gallega dieron con sus huesos en una cárcel de Oporto, al haberse dictado órdenes de búsqueda y captura. Ya que allí no fueron juzgadas (¿cómo podría ser si las actas de su matrimonio eran legales?), salieron a la calle y optaron por embarcarse rumbo a la Argentina. Y allí resulta que, de padre desconocido, Marcela dio a luz una niña. En cuanto a Elisa, con quien seguía conviviendo, se casó en 1903 con un danés llamado Christian Jensen, veinticuatro años mayor que ella. Se ve que un tanto cegato al no percatarse de los gustos de su mujercita. Elisa hizo creer a su esposo que tenía una hermana suya, madre de una pequeña, deseando que pudiera vivir con ellos en su hacienda de Buenos Aires. El buenazo de Christian dijo que sí, hasta que transcurrido un corto tiempo ya no tuvo duda alguna de que había cometido un grave error con aquella boda. Elisa, su amor, se negó desde un primer momento a mantener relaciones sexuales con su marido. Esperó éste, prudentemente, a encontrar el momento de consumar su unión. Sin conseguirlo. Lo que lo llevó a denunciarlo ante las autoridades civiles, con el propósito de anular el matrimonio. Ya había sospechado que su mujer y la supuesta hermana, Marcela, "se la pegaban", encamándose las dos sin recato alguno. Lo triste fue que, pese a mantener que el matrimonio no había sido consumado y por tanto carecía de validez, el juez del caso determinó que no podía deshacer aquel vínculo.

Cuanto hicieron después Elisa y Marcela ya se desconoce, salvo el dato obtenido de un periódico mexicano que dio por muerta a la primera el año 1909: se había suicidado. En cuanto a Marcela y su hija nunca más pudo saberse. Esperemos a ver cómo enfoca Isabel Coixet los sucesos antedichos, sorteando aquellos aspectos con tintes folletinescos.

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