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Crítica: 'Los Extraños: Cacería Nocturna'

La secuela de Los Extraños no puede tildarse de original, pero es una experiencia breve e intensa.

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Unos títulos con grafías a lo Stranger Things y música de sintetizador ochentero dan una idea errónea sobre lo que vamos a encontrarnos con esta Los Extraños: Cacería Nocturna. Tardía secuela (más de diez años después de la original) de uno de esos sleepers que de cuando en cuando, y con notable frecuencia, nos regala el cine de terror, la película que ahora protagonizan Christina Hendricks (Mad Men) y Martin Henderson (The Ring, Anatomía de Grey) opta por un tratamiento sobrio, brutal, que ayuda a barnizar el exterior de lo que sería un slasher típico y tópico, sin duda muy similar al filme original, pero también relativamente alejado de concesiones a la galería incluso dentro de las exigencias y limitaciones del género.

Y lo es, típica y tópica. Pero en efecto, la película que dirige Johannes Roberts se aleja enseguida de experimentos nostálgicos para entregar un (breve, intenso) espectaculo de dolor y muerte. Los Extraños 2 se apunta, más bien, a esa liga de terrores extraordinarios inaugurada en 2004 con La Matanza de Texas y seguida por la excelsa Las colinas tienen ojos de Alexandre Aja, filme con el que comparte bastantes de sus tesis solo que depurándolas hasta el minimalismo argumental y conceptual. Esto es: a lo que asistimos en el filme de Roberts es a la persecución y exterminio de una familia media americana en una suerte de "home invasion" que pronto pasa a desarrollarse al aire libre... solo que, ahora más que nunca, sin ninguna razón aparente. Puro nihilismo en vena y, esta vez, sin posibilidad de revancha épica o irónica: la violencia es aleatoria, brutal, y te persigue para siempre.

Lo mejor del filme, que apenas se prolonga durante ochenta tensos minutos, es precisamente esa sinceridad. No hay más, ni tampoco menos, tan solo una quizá excesiva dependencia industrial de La noche de las bestias, probablemente la franquicia que ha animado a recuperar, diez años después, la fórmula de Los Extraños. Una claridad que Roberts sabe trasladar a su narrativa: el director no acostumbra a elevar el volumen de la música o los efectos de sonido para asustar al personal, y a menudo permite al espectador "ver" dónde se encuentra la amenaza algo antes que los protagonistas.

Con escenas tan brillantes como la que tiene lugar en la piscina o la que involucra una camioneta en llamas, la leve peripecia (Los Extraños: Cacería Nocturna no es precisamente un filme "de guión") no se permite ni una broma y su tratamiento de la violencia es, precisamente, de lo poco que engaña en el filme: al igual que en títulos míticos como la original La matanza de Texas (y sin ánimo de comparar más allá de esto) aquí no vemos mucho, pero escuchamos más de lo que nos gustaría. Creemos ver, en definitiva, más de lo que realmente vemos. En un filme que se permite un buen número de trucos fáciles, esa sobriedad resulta de agradecer y, sin duda, entretenida.

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