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Crítica: 'El escándalo Ted Kennedy', con Jason Clarke y Ed Helms

Lo que podría haber sido un biopic en clave de melodrama tontorrón se convierte en un válido thriller dramático con muy buenos actores.

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El escándalo Ted Kennedy | A Contracorriente

El escándalo Ted Kennedy no se merece su "telefilmesco" título español. La reconstrucción del incidente Chappaquiddick, que acabó con la vida de la joven secretaria de los Kennedy Mary Jo Kopechne y, en última instancia, con el prestigio y posibilidades políticas de la familia Kennedy (aunque no todas), combina en todo momento la inquietante ambigüedad de los acontecimientos con un retrato de personaje concluyente que se erige, en realidad, como el centro del relato que dirige John Curran. El Ted Kennedy que interpreta con solvencia Jason Clarke es un tipo que vive a la sombra de sus hermanos, de un gran pasado imposible de prolongar. A caballo entre la incompetencia y la pura vergüenza ajena, su personaje comete una equivocación tras otra mientras la película se desliza del drama criminal al político, sin obviar cierto coqueteo con la comedia negra igual de borroso que el propio accidente en el lago.

Pese a que esos rasgos casi cómicos se le escapan completamente (el filme podría haber sido una gran comedia negra, y no lo es) John Curran dirige el resto del filme con mucho mejor pulso del esperado. El escándalo Ted Kennedy esquiva casi todas las tentaciones melodramáticas, que no eran pocas, y en sus compactos cien minutos se permite hasta un rasgo poético: el constante paralelismo de la muerte de una mujer con la llegada a la luna impulsada por JFK, un pequeño paso para el hombre que, a su vez, era muy grande para la humanidad. Un contraste interesante con este conato de carrera criminal del último Kennedy presidenciable que desliza un mensaje bastante terrible: la familia como concepto contenedor del bien, el mal y todo lo que hay entremedias; y la posibilidad nunca aclarada de que el propio Ted, consciente de su incapacidad personal, buscase su propia inmolación pública para escapar de sus obligaciones presidenciables.

El escándalo Ted Kennedy no pertenecerá, probablemente, a las mejores crónicas negras de la historia americana, pero se trata de una aportación más que estimable que funciona mejor en los pequeños detalles: la presentación del temible patriarca Joseph Kennedy (Bruce Dern) a través de inaudibles susurros telefónicos es digna de una entrega de La matanza de Texas; el único plano que resuelve la muerte de Mary Jo (Kate Mara) resulta dramático y terrible; la ambigüedad del propio incidente sugiere un calculado trabajo de guión y puesta en escena por parte de Curran, que se sirve, por cierto, de un par de secundarios o tres muy brillantes (mención especial para Ed Helms, en un papel dramático no tan lejano en el fondo a su Resacón en Las Vegas). La primera mitad del filme es, en este sentido, la mejor: lo que podría haber sido material de derribo para un telefilme melodramático resulta en una reconstrucción ambigua e interesante.

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