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Destapando la hipocresía y la estupidez en el mundo del arte

Resumen de la jornada: película argentino-española buena, película noruega regular y película canadiense infumable.

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Resumen de la jornada: película argentino-española buena, película noruega regular y película canadiense infumable.
Fotograma | Mi gran obra maestra

Los hermanos Duprat revolucionaron la Seminci hace dos años con El Ciudadano Ilustre, una divertidísima comedia con tintes de cine negro que contaba cómo era el regreso de un escritor de éxito a su pueblo natal para ser galardonado con la condecoración de Ciudadano Ilustre. En esta ocasión siguen ahondando en el mundo del arte, concretamente en la pintura. En tono de comedia pura, cosa que se agradece en estos tiempos, en Mi gran obra maestra tenemos de un lado a un pintor que tocó techo en los 80 y que no ha sabido renovarse, y de otro a su agente-galerista que no puede más con sus excentricidades.

La película es muy interesante porque pese a ser una comedia que busca hacernos reír, reflexiona sobre temas importantes como la hipocresía en el mundo del arte, el espectáculo en el que lo han convertido algunos y por supuesto la burbuja de precios. ¿Cuánto vale una obra? Hace poco vimos cómo una obra de Banksy subió aún más de precio al ser autodestruida tras ser subastada. ¿Si hubiera muerto el autor en esa autodestrucción todavía habría subido más?

Magníficas interpretaciones de Guillermo Franella y Luis Brandoni y una mención especial para Raúl Arévalo que hace un pequeño papel que es toda una crítica a los europeos "niños bien" que van a latinoamérica buscando pobreza de la que empaparse y para "ayudar". Los directores comentaban a Libertad Digital que "nos hemos inspirado en muchas personas que hemos conocido, esos chicos europeos solidarios que tienen un lado oscuro, el solidario necesita pobreza para ser solidario".

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A continuación la Seminci cambió radicalmente de tercio proyectando la película noruega Utoya. 22 Julio de Erik Poppe, que nos había agradado con su anterior película La decisión del rey. En esta ocasión narra la masacre vivida el 22 de julio de 2011 en la isla noruega de Utoya durante un campamento juvenil del Partido Laborista. Un terrorista asesinó a 77 personas e hirió a cientos, la mayoría adolescentes.

La película se centra en un personaje ficticio, Kaja, una joven responsable que cuando se desata la matanza su única preocupación es encontrar a su hermana menor. El director decidió hacer la película en un único plano secuencia que sigue a la protagonista, viendo el espectador lo mismo que ve ella. Es interesante cómo el director no nos muestra al asesino en ningún momento, salvo durante un segundo y de lejos, para centrarse en las víctimas y el terror que vivieron. El problema que tiene la película, como todas las que están basados en hechos reales, es que sabes el final.

En esta ocasión, aunque tenemos unas hermanas protagonistas ficticias que no conocemos, el problema es que es muy previsible y sabes lo que va a ocurrir. Y efectivamente, va y ocurre. Interesante película en su planteamiento que sin embargo te deja un poco frío, como ya le pasó a su paso por la Berlinale.

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Empezamos bien, seguimos regular y terminamos fatal con la canadiense Génesis de Philippe Lesage. Un director que ha hecho películas interesantes como Los demonios. Para saber de qué va Génesis acudamos a la sinopsis, "tres adolescentes son sacudidos por su primer amor entre la confusión de su juventud". Lo único cierto es la palabra confusión. La película comienza contando el día a día de Guillaume en un instituto masculino y cómo está descubriendo su sexualidad al tiempo que se enamora de su mejor amigo. Entretanto, vamos viendo escenas de una chica universitaria, Charlotte, a la que su novio le propone de una forma un poco torpe tener una relación abierta.

¿Qué tiene que ver Guillaume y Charlotte? A la hora de metraje descubrimos que son hermanos. Charlotte lleva a cabo lo de la relación abierta con un malote mayor que ella, deja a su novio y el malote pasa de ella. Oh, qué novedad. Guillaume se declara a su mejor amigo que reacciona mal mientras la clase le aplaude, esto sí es novedad. Pero en la siguiente escena todo el mundo le da la espalda, ¿por qué? No lo sabemos. Y así hemos llegado a las dos horas de metraje con escenas tan largas que cabrían la trilogía del Señor de los Anillos y El Padrino juntas. El chico corre, pues 4 minutos corriendo en pantalla. La chica baila en la discoteca, pues dos canciones enteritas bailando con sus amigas.

¿Y el tercer adolescente?, en los últimos 10 minutos de película Guillaume y Charlotte desaparecen con la sensación de que esas historias, si es que las había, se han quedado a medias y aparecen dos jovencitos en edad escolar. Un niño y una niña que se fijan el uno en el otro durante un campamento de verano y que llevan a la práctica aquello de ¿quieres ser mi novia?

En este punto de la película la confusión entre los asistentes era tal que algunos abandonaban la sala. Sobre el papel sería la idea de cómo viven el amor un niño en el colegio, un adolescente en el instituto y una joven en la universidad. En la práctica es un caos narrativo que no se sostiene por ningún sitio. La escena del campamento, estos niños no sabemos sin son hermanos de los otros o de dónde vienen, parece habérsele olvidado al director incluirla en el metraje y en la sala de postproducción decidió pegarla al final. La película terminó sin un solo aplauso, y eso en los festivales es raro, siempre hay alguien al que la rareza del día le ha gustado, aunque sea pose intelectual.

Y entonces me pregunto, ¿qué vieron en ella los programadores para seleccionarla? Si público y crítica, muchas veces en desacuerdo, coinciden en que es horrorosa y no tiene sentido, ¿qué vio en ella el programador de la Seminci que tiene un año enterito para recorrer mundo en busca de películas que traer a Valladolid? Misterios de los festivales.

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