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El genio de Kubrick aterriza en Barcelona

La exposición itinerante Stanley Kubrick ha sido inaugurada esta semana en el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona

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El genio de Kubrick aterriza en Barcelona

Existe una frase ligada irremediablemente a la figura de Stanley Kubrick: "Si puede escribirse, e incluso imaginarse, puede filmarse". Es una de esas frases que suelen utilizarse cada cierto tiempo, cuando de pronto se rescata su figura del nunca completo olvido que a todos los mortales tiene reservado la muerte. Es una buena frase porque es una frase certera. Atina y se adentra de una manera profunda en la figura de un director que, para bien o para mal, revolucionó e innovó tanto como para cambiar completamente la manera de hacer cine.

Recientemente fueron rescatadas varias de las fotografías primerizas con las que un adolescente Stanley Kubrick se ganó los primeros dólares en la revista Look. En ellas puede verse ya una mirada que impresiona, más si se piensa en la juventud del fotógrafo, y un afán por observar desde otro lado, por descubrir el frágil límite en el que baila la belleza, siempre con planos arriesgados para atraparla en plenitud, aunque a veces pueda trastabillar y caerse. Ese juego constante al borde del abismo, de aquel que prueba sus ideas a través del instrumento y se detiene a observar los resultados, para ver hasta donde puede llegar, es definitoria de las almas creativas. "Si puedo imaginarlo, puedo representarlo", podría haber dicho, y la cuestión depende entonces de la audacia de la imaginación, y de la perseverancia por llevar a cabo lo que se imagina.

El pasado miércoles 24 de octubre aterrizó en el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona la exposición itinerante Stanley Kubrick, con la que el Deutsches Filmmuseum, junto a otras instituciones como el Stanley Kubrick Archive de la University of the Arts London, pretende recorrer cronológicamente la carrera del director genial, para profundizar en su trabajo y mostrar su evolución. Más de 600 ítems, entre imágenes en movimiento, objetos y material diverso del archivo personal del propio Kubrick desmenuzan su trayectoria ahora en la ciudad condal, después de haber pasado por lugares como Ciudad de México, Los Ángeles, Seúl o París.

Una vida en tres actos

Dividida en tres secciones, la muestra explica las vicisitudes vitales y profesionales del director desde sus inicios adolescentes, cuando fotografiaba la vida neoyorkina y realizaba reportajes costumbristas por las calles de su ciudad, hasta sus proyectos fracasados, que por falta de apoyo o de tiempo se quedaron para siempre en el cajón. Artesano Kubrick, el primero de los apartados, es una instalación audiovisual de Manuel Huerga que da la bienvenida al visitante y sirve como introducción, antes de dejar paso al grueso de la exposición: Panóptico Kubrick.

Repasando cada una de las películas que realizó, además de sus documentales primerizos, se van descubriendo anécdotas como la ambigua relación de Kubrick con Kirk Douglas durante el rodaje de Espartaco, tras el cual el joven director llegó a la determinación de no volver a aceptar un trabajo que no le garantizase plena libertad creativa; o el fenómeno Lolita, que provocó una gran controversia en Estados Unidos (como también había hecho la novela), y del que merece ser rescatada la correspondencia que intercambió con Nabokov. También algunos acontecimientos más conocidos, como la conexión establecida por la prensa entre algunos crímenes de la época y la violencia explícita de La naranja mecánica, que obligó a Kubrick a retirar la cinta de circulación; o la maestría con la que rodó Barry Lyndon, utilizando únicamente luz natural, y valiéndose de velas en las escenas de interior.

Entre todas ellas, sin embargo, la exposición de Barcelona se diferencia de la de los demás países al incorporar algunos materiales inéditos de 2001: Una odisea en el espacio, procedentes del archivo del director.

La última sección se centra en los tres proyectos que por diversos avatares no pudo llevar a cabo: Aryan Papers, una cinta sobre el Holocausto aparcada tras la aparición de La lista de Schindler; A. I. (Inteligencia Artificial), culminada por Spielberg después de su fallecimiento; y la obra magna que más tiempo le ocupó, su proyecto más ambicioso sobre la figura de Napoleón, que nunca pudo realizar y del que dejó numerosos materiales que dan fe de su obsesión por el orden y el rigor.

Por si todo eso fuera poco, la exposición va acompañada de una serie de actividades que oscilan entre un ciclo de proyecciones de sus películas hasta unos diálogos con especialistas de su obra, pasando por un concierto de las bandas sonoras de sus películas con las Orquesta Sinfónica del Vallés.

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