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El Festival de Málaga no es Cannes: los grandes directores ya no vienen

El Festival de Málaga vuelve a cometer los mismos errores de los últimos años. Lo único destacable, la película de Colomo.

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Reparto Antes de la quema | Ana Belen Fernandez

Irregular inauguración en estos primeros días de Málaga. La Sección Oficial de esta 22 edición del Festival de Cine en Español de Málaga no está siendo especialmente brillante. De todas las películas a concurso cabe destacar dos en estos primeros días: Antes de la quema, dirigida por Fernando Colomo, y la película de animación Buñuel, en el laberinto de las tortugas, de Salvador Simó.

La película de Colomo nos sitúa en los Carnavales de Cádiz y está contada a modo de thriller donde nos muestra a un magnífico Salva Reina dando vida a un pobre hombre que se ve involucrado en una trama de drogas y persecuciones. Además, en su camino se encontrará con el amor, una madre confusa, una hermana de armas tomar y un malo casi de chirigota, como la que canta a lo largo de la película. Divertida como decíamos y que hará las delicias del público cuando se estrene en junio en toda España.

Por su parte, la película de animación nos habla de los primeros años de un genio del cine como fue Luis Buñuel y su proceso creativo en una visita que realizó en la vida real a Las Hurdes y que posteriormente convirtió en una de sus grandes obras.

De las demás hay poco que hablar por ahora, Taxi a Gibraltar, protagonizada por Dani Rovira, no debería haber inaugurado Málaga. Este festival está tomando la fea costumbre de inaugurar con una película que se estrena el mismo viernes en toda España. Ni es bueno para el certamen ni para la propia película, ya que no la deja respirar. Grave error que parece que el director de este festival no quiere evitar.

Otros de los grandes fallos del festival es el tiempo que dedica a películas suramericanas. Por mucho que se empeñe la organización, éstas deberían tener su propio espacio como lo tuvieron en los primeros años. Mezclar churras con merinas no es bueno por mucho que se empeñen los responsables del certamen. Si no hay suficiente producción nacional, o la industria no quiere traer sus películas a Málaga, no hay que empeñarse. Se reduce días de exhibición y todos saldremos ganando.

Es impensable que un festival como el de Málaga se quiera comparar, en cuanto a duración se refiere, con el de San Sebastián o Cannes, por ejemplo. Hay que ser coherentes y de esto parece carecer un festival que busca desesperadamente la presencia de actores muy populares, sobre todo de la TV, para obtener la fotografía correspondiente.

Si hay que traer a tal o cual personaje porque sea muy popular, no vale. Para eso organiza otra cosa y no un festival de cine. El cine debe combinar varios aspectos, pero la aglomeración de chiquillería en la puerta del hotel en el que se hospedan los actores más populares y que abarroten posteriormente una alfombra roja es otra historia muy ajena a lo que debería ser, y fue, el festival de cine español de Málaga.

Uno, si me lo permiten, añora los tiempos en el que se presentaban películas que venían firmadas por Daniel Sánchez Arévalo, Emilio Martín Lázaro y tantos otros que no han querido volver a estar presentes en el festival. Esperemos que los próximos días Málaga nos depare alguna sorpresa, cinematográficamente hablando, aunque un servidor no lo tiene muy claro.

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