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Paloma Cela no tuvo suerte en el amor

Se hacía querer por su afable carácter, su deseo de ayudar a quien viera afligido. La modelo y actriz sólo tenía amigos.

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Paloma Cela no tuvo suerte en el amor
Paloma Cela, actriz y modelo | Europa Press

Cuesta escribir, aunque sólo sea someramente, con la brevedad que precisa la noticia urgente que nos llegaba en las primeras horas del domingo, sobre la desaparición de una persona muy querida, la que fuera modelo importante y actriz secundaria Paloma Cela. Cuantos la tratamos podemos coincidir en una cosa: era una mujer "que se hacía querer" por su afable carácter, su deseo de ayudar a quien viera afligido. En sus dos profesiones, tan proclives a envidias y rivalidades, Paloma sólo tenía amigos. Irradiaba simpatía y una manera positiva de vivir.

Sin embargo, su vida precisamente no fue un camino de rosas. Si bien en el mundo de la moda, mediada la década de los 60, no tenía competencia y se la reconocía como quien mejor desfilaba sobre las pasarelas. La primera vez que la entrevisté, en ese mencionado tiempo, fue en los salones de Herrera y Ollero, dos modistas que tenían su sede en las cercanías de la madrileña plaza de Alonso Martínez. Pero asimismo era reclamada por otras firmas de relieve, desde Pedro Rodríguez a Asunción Bastida. Cuando ya en años posteriores surgió el prét-a-porter, la notoriedad de las modelos fue declinando a la vez que cerraban las grandes casas de la Alta Costura. Se imponían, frente a los vestidos únicos y exclusivos, modelos en serie, para el gran público. La moda popular francesa exhibida en boutiques, que fue en seguida imitada en España y en medio mundo.

Con ese cambio drástico, Paloma Cela vio mermados sus ingresos. Pero se aferró a otra faceta: la de actriz. Intervino en papeles de poca monta en películas, obras de café-teatro, comedias… Y como era guapa, estilizada, con unos ojos preciosos y sabía moverse ante las cámaras, expresándose con una dicción apreciable, también se hizo un hueco, y así fue tirando hasta finales de los años 90. Después, su nombre fue apagándose de las candilejas y tan sólo supimos de ella por sus apariciones dispersas en la televisión. Más nunca se quejó de nada. Era optimista por naturaleza.

Tuvo amores, pero mala fortuna con ellos. Le conocí dos. Uno, el cantante sevillano Rafa León, que formó parte de Los Payos, aquel grupo andaluz que popularizara la rumba "María Isabel". Este cantante y guitarrista luego fue intérprete en solitario uniendo su nombre apocopado con el apellido, así, Rafaleón. Fue novio de Paloma Cela una temporada, pero rompieron su compromiso. Con quien sí se unió en matrimonio Paloma Cela fue con el modelo argentino Horacio Suárez, atractivo y bigotudo, que falleció en 1979, dos años después de la boda, dejándola absolutamente desolada, como comprobamos cuantos asistimos al sepelio, un centenar de los muchos amigos de la ya joven viuda. Luego, no supe ya más de otras relaciones. Pienso que le guardó luto para siempre al marido muerto.

Como le angustiaba la soledad y precisaba cariño, Paloma resolvió adoptar a una ahijada que tenía, quien al cabo del tiempo la convirtió en abuela de dos nietos. Con esa parte familiar, Paloma Cela, que por cierto se llamaba realmente María Luisa, fue consumiendo los años, dando y recibiendo cariño. Se ha marchado apenas tres semanas después de celebrar su cumpleaños.

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