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Cuando Berlanga pudo ganar Cannes y acabó en comisaria

Con el tiempo, ¡Bienvenido, míster Marshall! se ha convertido en eso que los cursis llaman "una película de culto".

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Cuando Berlanga pudo ganar Cannes y acabó en comisaria
Bienvenido, Mister Marshall, una película de 1953, dirigida por Berlanga | Archivo

El cine español estará representado este año en la 72 edición del Festival de Cannes, que se inaugura el 14 de mayo, con la reciente película de Pedro Almodóvar Dolor y Gloria. No es la primera vez que el realizador manchego aspira a la Palma de Oro, aunque sólo haya conseguido ser premiado en su calidad de director y de guionista. Presidió en 2017 el Jurado del certamen galo, por lo que puede considerarse nuestro cineasta más apreciado en el vecino país. No ocurre lo mismo, en general, con nuestra cinematografía, pues incluso hubo años en los que no estuvo representada. En 1961 esa codiciada Palma de Oro fue a parar a manos de la productora Unici, que presentó Viridiana, dirigida por Luis Buñuel, a la sazón autoexiliado en México. Quitando algún otro relevante suceso, como el premio ex-aquo a manos de Francisco Rabal y Alfredo Landa por su interpretación en Los santos inocentes, puede decirse que hemos sido más bien ignorados a lo largo de esas setenta y dos muestras que, llegado el florido mes de mayo, se celebra en los alrededores de La Croissette. Nos han sido más favorables los certámenes de Berlín y Venecia.

En el anecdotario del Festival de Cannes en relación a nuestras producciones recordamos lo sucedido con ¡Bienvenido, míster Marshall!, que compitió en el año 1953. Con un guión firmado por Luis García Berlanga y Juan Antonio Bardem, con aportaciones de Miguel Mihura, está considerada una de las mejores películas españolas, aunque en su día la crítica no pensaba lo mismo. Recibiría una mención especial del Jurado. El biógrafo de Berlanga, Antonio Gómez Rufo, contaba que a Luis lo invitaron a un banquete en París, en reconocimiento a su trabajo, al que acudieron entre otras personalidades René Clair y Vittorio de Sica. Con el tiempo, ¡Bienvenido, míster Marshall! se ha convertido en eso que los cursis llaman "una película de culto". Se proyectaba en cine clubs, y en adelante en semanas especiales, por no olvidarnos también de la interminable cantidad de ocasiones que ha sido programada en distintas televisiones.

No obstante esos plácemes la película tuvo muchos problemas en el Festival de Cannes. La delegación americana protestó enérgicamente porque en un momento de la proyección se apreciaba una banderita de papel con los colores de la de los Estados Unidos deslizándose por las aguas de un riachuelo. Pero no quedaba ahí la cosa. Y es que la productora Uninci decidió, en plan promocional, imprimir unos miles de dólares con la efigie de dos de los protagonistas, José Isbert y Lolita Sevilla, suplantando la efigie original de ese papel moneda que era la habitual de George Washington. Recuerdo que tales billetes de mentirijillas se repartían por las calles de muchos pueblos con ocasión del estreno de ¡Bienvenido, míster Marshall! Aquí, en España, ninguna autoridad dijo nada al respecto, que yo recuerde. Aún hoy pueden encontrarse algunos ejemplares en ferias de coleccionistas. Pero allí, aquel mayo de 1953, se armó un pequeño escándalo tanto por lo de la banderita de marras como por los billetes de propaganda.

Berlanga calificaría aquellos incidentes como puro esperpento. Quien se puso al frente de la denuncia fue el actor norteamericano que presidía el Jurado, Edward G. Robinson, aquel tipo con cara de pocos amigos que tantas veces hizo de gángster y en general de villano en la mayor parte de su filmografía. Por su culpa ¡Bienvenido, míster Marshall! no ganó la Palma de Oro. Pretendió que no se exhibiera en el certamen, que fuera retirada del Festival. Tenía una razón importante, según parece, para atacar esa escena de la película. Y es que Edward G. Robinson había sido perseguido poco antes por el Comité de Actividades Antiamericanas, junto a un selecto grupo del que formaban parte entre otros Humphrey Bogart, Charlton Heston, Lauren Bacall, Richard Conte y tantos otros, como el guionista Truman Capote asimismo. A unos más que a otros los tachaban de comunistas. Y Robinson era uno de los que protestaban ante aquella "caza de brujas". Por tanto, su acción en Cannes le servía para demostrar que él era un buen americano. Y lo de la banderita de papel por el riachuelo lo consideraba un insulto para su país. Se llegó al acuerdo de exhibir el filme sin esa secuencia. Pero lo que trajo más líos fue lo de los billetes con las caras de Isbert y Lolita Sevilla.

Berlanga, junto al resto de la delegación española, acabó en una comisaría de Cannes. Abrieron un sumario. Se les acusó de falsificadores de papel moneda americano. Faltó un pelo para que acabaran enchironados. Pero a más de uno les entró un tembleque, que parecía, de no ser por un momento tan serio, cual si fuera otra de las muchas escenas berlanguianas.

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