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Analía Gadé: su gran amor fue Fernán-Gómez y su drama íntimo no haber sido madre

Gadé destacó tanto en el cine como el teatro, con su belleza, fotogenia, elegancia y desde luego un talento indiscutible sobre todo para la comedia.

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Analía Gadé: su gran amor fue Fernán-Gómez y su drama íntimo no haber sido madre
Anaía Gadé, en una imagen de archivo tomada en 1987. | EFE

A los ochenta y siete años ha muerto en un hospital madrileño la actriz Analía Gadé. Ya estaba retirada hacía tiempo, desde comienzos del nuevo siglo. Destacó tanto en el cine como el teatro, con su belleza, fotogenia, elegancia y desde luego un talento indiscutible sobre todo para la comedia. Con Fernando Fernán-Gómez, que fue su gran amor, rodó divertidos filmes, entre los que recordamos "La vida por delante", "La vida alrededor", "Sólo para hombres" y "Mayores con reparos", entre 1958 y 1966. Su salud estaba muy delicada desde que hace tres años le diagnosticaran un cáncer, que es lo que ha acabado con su vida. Por deseo propio dejó escrito que sus restos fueran incinerados.

Nacida en Córdoba (Argentina) el 28 de octubre de 1931, María Esther Gorostiza Rodríguez, su verdadera identidad, hija de padre vasco, quería ser artista a toda costa cuando estudiaba en un colegio de monjas. Teniendo dieciséis años se escapó de ese centro para inscribirse en Buenos Aires en un concurso de belleza organizado por la revista Caras y caretas, y después también se presentó a otro certamen publicitado por el semanario Radiolandia, que ganó. Ese primer premio posibilitó que debutara en 1948 en la película "Serpiente de cascabel". Dos años después pisó por vez primera un escenario teatral. Esos primeros pasos por el tinglado de la farándula no fueron del agrado de su familia, de posición acomodada. Don Fermín Gorostiza, su progenitor, era gerente en una fábrica de tejidos y tardó mucho en aceptar que su única hija (también era padre de un joven escritor) se dedicara al cine. Y al teatro, pues formó compañía con Juan Carlos Thorry, también argentino, de quien se enamoró. Era actor y director. Matrimoniaron en 1951.

Había decidido llamarse artísticamente Analía Gadé. Las razones me las explicó en una de las varias entrevistas que le hice. Fue una diablura juvenil de sus tiempos de estudiante cuando se carteaba con un primo suyo, sin revelar su identidad, haciéndose pasar por otra chica que tenía por nombre el de Analía. El apellido Gadé lo tomó prestado acordándose de una conocida marca de bombones, Godet, que ella modificó, alterándolo. Analía y Juan Carlos Thorry llegaron a Madrid en 1955, contratados para debutar en el teatro Infanta Isabel, donde representaron varias piezas en el género de comedia. La pareja causó grata sensación en el público, sobre todo por el atractivo de ella, rubia, de espectacular anatomía. Pero al poco tiempo se dijeron adiós. Es en 1956 cuando Analía Gadé fue protagonista dirigida por León Klimosky en "Viaje de novios", película cuyo galán era Fernando Fernán-Gómez. Galán feo, reconocía él mismo.

Analía y Fernando se especializaron como actores, y él luego también como director, de un tipo de comedia que hasta entonces, finales de los 50 y buena parte de la década siguiente, no tenía antecedentes en el cine español. Un poco como la comedia de bulevar de los franceses, o la quizás más cómica de los italianos. Y del trabajo pasaron a enamorarse. Para Analía, Fernando Fernán-Gómez fue "el hombre de su vida". Pero tarifaron. "No me porté bien con él y le pedí perdón", reconocía ella. Que empalmaba película tras película, como "Una muchachita de Valladolid", "Ana dice sí", "La fiel infantería", "La mentira tiene cabellos rojos" y esos otros títulos que citamos ya al principio junto al mentado Fernán-Gómez. Un salto internacional supuso para Analía su contrato en la coproducción "Madame Sans-Géne", de 1961, donde se hizo muy amiga de la protagonista, Sofía Loren, que por entonces iniciaba asimismo su escalada europea.

En amores, tras la ruptura con Fernando, Analía tuvo un serio romance con Vicente Parra, sin importarle al principio la condición sexual del galán valenciano de Oliva. El propio Vicente me confesaría haber sido muy feliz junto a la Gadé. Pero ésta terminó por dejarlo al darse cuenta que aun estando loca por Vicente, y aceptando como decimos que era bisexual, aquella relación no tenía el fin por ella deseado: formar una familia y tener hijos.

Durante una sobremesa en "El Canari de la Garriga", en Barcelona, ciudad donde estaba rodando junto a Joan Manuel Serrat una película, me confesaría lo siguiente: "Mi gran drama es no haber sido madre". Tenía una deformación congénita en el útero que la impedía serlo. Se sometió a una intervención quirúrgica, pero no obtuvo resultados positivos. Y en adelante, obviamente tuvo que aceptar ese destino. Le conocí algunos otros amores, uno de ellos con el galán francés Jean Sorel, otro con un ejecutivo catalán de una multinacional discográfica, llamado Tato Escayola. Espartaco Santoni también figuraba en la agenda sentimental de Analía y el venezolano contaba en sus memorias que ella le había declarado su amor y hasta le dio la llave de su apartamento para vivir juntos. De aquel personaje habría que poner en duda algunas fantasías, mas contaba que le había regalado a ella un abrigo de visón. El mismo que tiempo atrás le dio a Bárbara Rey, pero se lo quitó para ofrecérselo a Analía. Terminarían mal, pues Santoni era un picaflor y la argentina se cansó de sus conquistas. Al final cuantas relaciones tuvo acabaron sin que Analía alcanzara sus sueños de montar un hogar, aunque ya olvidara su fallida maternidad. Por su carácter mantenía suficientes amistades en el mundillo artístico, aun así la verdad es que terminó siendo una mujer que vivía en soledad.

En su biografía profesional, sin embargo, alcanzó notorios éxitos. Tantos que en la urgencia con la que redacto este obituario precisaría de más tiempo y espacio. "Cartas de amor" y "Dulce pájaro de juventud" fueron dos de las obras teatrales, de contenido dramático, con la que fue despidiéndose como actriz. Ya su estado físico iba deteriorándose. Un ictus sufrido hace quince años le ocasionó un gran susto. Se recuperó. Pero no pudo vencer la fatal enfermedad que nos ha privado de seguir admirando a quien como actriz, fue excelente y como amiga, fantástica. Una mujer adorable, tan sincera como dotada de un formidable sentido del humor. La dulzura de su acento argentino, que conservaba aunque tuviera la doble nacionalidad, le añadía, siendo magnífica conversadora, un trato cercano y lleno de simpatía. La recordaremos.

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