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'En la hierba alta' de Netflix demuestra de nuevo que el terror tiene contenido

En la hierba alta no acaba de seducir, pero resulta atrayente y reivindica el terror como relato de calado humano.

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En la hierba alta no acaba de seducir, pero resulta atrayente y reivindica el terror como relato de calado humano.
En la hierba alta | Netflix

¿Cómo vivir, separados o juntos? ¿Qué peso tiene la institución familiar en nuestras decidiones personales? ¿Qué rol debe adoptar cada uno en ella? Y sobre todo... ¿hay alguien que maneja los hilos? La adaptación de En la hierba alta, el relato corto de Joe Hill y Stephen King (de manera nada casual, hijo y padre) que acaba de estrenar Netflix resulta una adaptación más o menos fidedigna, pero a la vez libre, de los postulados del original literario. Una historia corta eficaz pero, también hay que decirlo, tampoco excesivamente memorable, que reflexiona sobre distintos modelos familiares y cómo disfrazamos nuestros miedos de convenciones sociales.

Claro que En la hierba alta también puede funcionar como película de supervivencia y terror sobrenatural. El nuevo trabajo de Vincenzo Natali, realizador que despuntó en Cube y luego vio su carrera palidecer con películas menos redondas como Splice, resulta también un tanto desigual. La historia es tremendamente atractiva y Natali se lanza de cabeza a morder su notable potencial como metáfora: dos hermanos (ella está embarazada de seis meses) se pierden en un inmenso campo de hierba tras escuchar en su interior los gritos de ayuda de un niño.

Lo que les espera dentro es tanto un "survival" horror (tamizado por el particular imaginario de Natali) como un relato de maduración y crecimiento interior, una de esas correspondencias tan típicas de King y Hill donde lo sobrenatural es la expresión de ciertos deseos y traumas interiores y por ello puede resultar inesperadamente realista sin importar lo descabellado de su premisa.


En la hierba alta ya ha sido estrenada por Netflix, aprovechando la moda de adaptaciones del maestro que tan bien les funcionó en las espléndidas 1922 y El juego de Gerald, de manera simultánea a su presentación mundial en la inauguración del festival de Sitges. Y pervive en el tiempo será por una nueva interpretación de Patrick Wilson, que demuestra, una vez más, su notable rango dentro de un cierto encasillamiento y, sobre todo, la capacidad de divertirse que tiene como actor. Wilson, "muso" del terror de su amigo James Wan (Expediente Warren, Insidious) acaba convirtiéndose en el amo del cotarro pese a que le toca lidiar con un personaje manido y a que, en este caso particular, el resto del reparto juvenil que le acompaña resulta también suficiente. Su rostro perfecto, entre cordial y amenazante (y que no aparece en pantalla hasta bien entrada la media hora) es lo mejor de la película.

Wilson, por divertido, y la puesta en escena de Natali, que no repite ni un plano pese a la peculiaridad de este escenario cerrado a pleno aire libre (atención a esa toma que comienza en una gota de agua) y sin tampoco resultar invasivo, son lo mejor de En la hierba alta, que como relato se demora demasiado y probablemente dura algo más de lo estrictamente necesario. Los travellings, los falsos planos secuencia de Natali (que no solo conectan personajes sino momentos distintos) son preciosos y estéticos, dignos de una superproducción, y además están al servicio de una idea: nada en esta vida, ni en ese dichoso campo de hierba, es una línea recta. El director acierta plasmando con misterio esta inconcebible situación, pero la amenaza, el pánico y el horror que uno espera nunca llegan a transmitirse del todo.

En la hierba alta funciona mejor en un registro que no es exactamente el gusto por lo extraño de Natali, sino en algunas imágenes destinadas a imprimirse en lo inconsciente. Toda su acción transcurre, por ejemplo, en lo que hay entre unos grandes almacenes abandonados y una iglesia, una dicotomía que podemos sentir de manera inmediata, misteriosa, intangible. El equilibrio entre lo divertido y lo terrorífico, o entre lo verdaderamente dramático y el horror (aquello que nos proporcionaría una experiencia más directa) no funciona tan bien en la película, pero esa calidad sí se presenta en su extraño pero no tan indescifrable imaginario, allí donde sí se contraponen la esquiva metáfora y el tangible relato de supervivencia que presenta. Al fin y al cabo, ese diabólico campo de hierba, un laberinto vital igual que fue el de la citada Cube de Natali, no es más que un espacio de pérdida y reencuentro de personas queridas, solo que manejado por una autoridad indescifrable y más bien pérfida. Saquen ustedes sus propias conclusiones.

En la hierba alta se estrenó en Netflix el 4 de octubre.

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