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Los entresijos de 'El crack cero' en Cowboys de Medianoche

Esta semana ha acudido al programa de cine de esRadio Carlos Santos, protagonista de la última película de José Luis Garci.

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Cowboys de Medianoche: Los entresijos de 'El Crack Cero' con Carlos Santos Cowboys de Medianoche

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Esta semana ha acudido al programa de cine de esRadio Carlos Santos, protagonista de la última película de José Luis Garci.
Carlos Santos acudió a Cowboys de Medianoche para hablar de El crack cero | David Alonso Rincón

Hace una semana que se estrenó El crack cero y el último programa de Cowboys de Medianoche no podía pasarlo por alto. En su última emisión, por tanto, los cuatro cowboys, capitaneados esta vez por José Luis Garci, conversaron y se sumergieron en los entresijos de su último trabajo, acompañados además por Carlos Santos, el actor encargado de sustituir a Alfredo Landa en el papel de Germán Areta.

Lo primero y más destacado por Luis Herrero fue el aluvión de buenas críticas que ha recibido el buzón del programa desde el estreno, resaltando que "nunca antes había pasado algo así". Dicho eso, los cinco contertulios se lanzaron a analizar algunas de las claves del éxito sin paliativos de la película, llamando la atención sobre el hecho de que, siendo una cinta que rescata una época lejana —tal vez dirigida a un público muy concreto y nostálgico—, haya entusiasmado sin embargo a aquellos que no vivieron los años de la Transición.

"El buen cine es lo que tiene, que abre una ventana y te transporta a otro lugar, da igual que hayas vivido la época que narra o no", opinó Eduardo Torres-Dulce, antes de que Garci le tomase el relevo: "Sí que es verdad que todo tiene que ver con la magia del cine. Desde el punto de vista de un director, muchas veces cuando una película tiene eso, no es mérito de nadie en concreto. Todos han podido estar estupendos y eso no garantiza que una película tenga eso de lo que hablamos. Es como una especie de milagro cinematográfico que sucede a veces".

Para Herrero, por otro lado, la clave de la película reside en que "está llena de pequeños objetos, muchos de ellos olvidados, que de repente te recuerdan de dónde vienes, quién eres, lo que quisiste ser y en qué te has convertido". En definitiva, una película nostálgica, o en palabras de Garci, "otoñal, hacia el invierno".

Pero otro de los asuntos centrales del coloquio tenía que tocar, como no podía ser de otra manera, la sustitución obligada de aquellos actores que convirtieron la saga, hace más de 30 años, en un fenómeno de culto. Preguntado por la dificultad de hacer el papel de Alfredo Landa, Carlos Santos se mostró seguro de sí mismo, pese a todo: "La cosa es que he notado la confianza de José Luis en todo momento, y eso es muy importante. Al final es normal. Cuando el mismo señor que ya hizo las dos primeras películas hace décadas te elige a ti para hacer la nueva, no sé. Si fuese acojonado al rodaje le haría un flaco favor". A lo que Garci, por su lado, respondió con otro elogio: "Lo mejor de la actuación de Carlos es que en ningún momento intenta recuperar una época, o a Alfredo. Simplemente actuaba de manera normal, sin que hubiese ningún tipo de interpretación".

"Pero bueno, Carlos no fue el único", recordó Herrero. "Miguel Ángel Muñoz está estupendo. Y tenía la dificultad de que toda la gente que estaba en el cine antes de empezar la película ya tenía en la cabeza al personaje de El Moro". Y Garci: "O el personaje de Bódalo, que era un actor apabullante, que imponía una barbaridad. La verdad es que Pedro Casablanc está sublime en este Crack cero".

Después, como siguiendo una secuencia, comenzaron a hablar de la imposibilidad de rodar en la Gran Vía actual, y de la necesidad de rescatar metraje antiguo para esta ocasión. "Hombre, es que aunque su esencia sigue siendo la misma, la Gran Vía actual es otra calle", explicó Garci. "Antes era una avenida clásica. Ahora parece sacada más de Blade Runner, que tampoco está mal, pero que no encajaba para esta película".

Aunque en lo que más énfasis puso el director fue en reconocer el trabajo de su equipo. "Esta es una película mayo-diciembre. Hemos trabajado juntos personas muy mayores con gente muy joven. Los montadores, cámaras y encargados de fotografía lo han bordado". Y destaca sobre todo el blanco y negro. "El blanco y negro de esta película es un blanco y negro como el de las posguerras desengañadas de las películas americanas de los años 40 y 50. Un blanco y negro como el de las películas de Fritz Lang, con ese aura de perversidad. Y es muy difícil trabajar ese blanco y negro, porque debes controlar todos los detalles para poder sacar partido a las sombras: desde la iluminación hasta los objetos, la texturas del vestuario… todo". Por eso, si tuviese que resumir el rodaje en una frase, Garci diría que "ha sido un romance mayo-diciembre que ha llegado a buen término. Cosa que no es fácil".

Aún así, toda la atmósfera pretendida —"las películas negras son películas de atmósfera", dice Garci—, no habría sido posible sin la recuperación de la música de Jesús Glück, que ya ambientó las dos cintas anteriores. "Es una capa más, indispensable, para terminar de meter al espectador en esa época y en esa historia", sentenció el director.

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