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Juan Manuel González

Crítica: 'Zombieland. Mata y Remata', con Woody Harrelson y Emma Stone

La secuela de Zombieland llega diez años después sin que nadie la pidiera especialmente. Quizá por eso divierte por partida doble.

Juan Manuel González
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La secuela de Zombieland llega diez años después sin que nadie la pidiera especialmente. Quizá por eso divierte por partida doble.
Woody Harrelson en Zombieland 2 | Sony Pictures

Lo mejor que se puede decir Zombieland. Mata y remata es que está viva. No es un chiste a colación del tema zombi, pero tampoco es poca cosa tratándose de una tardía secuela (la original Bienvenidos a Zombieland data de hace diez años, 2009) elaborada con el claro propósito de rentabilizar un éxito sorpresa del pasado. Ocurre, eso sí, que la reunión del reparto y director original una década después llega en un momento en el que el muerto viviente, sin duda el gran monstruo del cine de terror de nuestra época (o sea, un "nosotros" despersonalizado), parece un tanto de capa caída (tal y como diría Romero, quizá su profecía se haya ya materializado) de cara al público mayoritario de los multiplex.

Tampoco importa mucho, en tanto como en otras muchas opciones de "entretenimiento zombie", atendiendo a las palabras iniciales de Columbus, de nuevo narrador de la función, en realidad el muerto viviente aquí es solo es la excusa para una nueva aventura cómica.
La película comienza con la singular familia formada por Columbus, Tallahassee, Little Rock y Wichita, supervivientes todos de un Apocalipsis zombi, desmantelándose por un capricho amoroso de la tercera, la más joven del grupo. Una mínima excusa argumental que sirve al director Ruben Fleischer, recién salido del taquillazo Venom, y los guionistas Rhett Reese y Paul Wernick, que entre una Zombieland y otra han levantado el imperio de Deadpool, para meterse con los hippies pacifistas, hablar (un poco) de una nueva identidad femenina, masculina y cultural y... bueno, hacer más bromas todavía a costa de los pacifistas.

Aunque en realidad, nada de esto importa demasiado, lo que sin duda favorece el humor tan negro como inofensivo de la película. Lo malo es que Zombieland 2 es más larga que la anterior, y por eso y, de nuevo, la falta de un hilo argumental extraordinario (la película casi parece una aventura en episodios), los minutos centrales ven su ritmo un tanto perjudicado. Pero les decíamos arriba que el invento funciona bien, incluso sorprendentemente bien, conservando intacta e incluso potenciando la química de su cuarteto original y añadiendo un par de personajes nuevos (vamos a destacar a Zoey Deutch como Madison: extraordinaria) que incluso roban la función a los protagonistas.

Fleischer sabe hacer que los varios millones más de presupuesto que ha tenido en ésta luzcan convenientemente, y tanto Eisenberg como Harrelson, Stone y Breslin recitan sus líneas con más entusiasmo del que podrían haber dedicado a una película cuyo concepto, idea y ejecución hace años dejaron atrás. Llámenlo ganas, talento o un buen cheque, pero todos ellos obran lo intangible, que sus chistes funcionen, por muy subjetivo y relativo que sea el humor. Zombieland 2, como su predecesora y hasta sus protagonistas, no va a ningún sitio concreto pero se lo pasa bien por el camino, y nosotros con ella.

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