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Cuando el 'The New York Times' ayudó a Stalin a ocultar el Holodomor en Ucrania

La película Mr Jones ha sido proyectada en el Festival de Sevilla con una gran acogida por parte del público.

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La película Mr Jones ha sido proyectada en el Festival de Sevilla con una gran acogida por parte del público.
Fotograma de la película. | Mr. Jones

Las conocidas como fake news, desinformación cuando no mentiras intencionadas, no es algo nuevo. De hecho, tuvo uno de sus episodios más vergonzantes e inhumanos de la historia del periodismo en la Unión Soviética de Stalin con el The New York Times como protagonista. Y esa es la trama principal de Mr. Jones, coproducción entre Ucrania, Polonia y Reino Unido y dirigida por Agnieszka Holland.

La película, proyectada en el Festival de Cine Europeo de Sevilla, comienza en Londres en 1933 donde Gareth Jones, un jovencísimo galés asesor de Asuntos Exteriores del ex primer ministro británico David Lloyd George, intenta alertar al gobierno británico de dos peligros: Hitler y Stalin. Del primero, al que ha entrevistado al coincidir intencionadamente en un avión, deduce que quiere invadir parte de Europa. El gobierno británico se ríe del joven. Pero tampoco le cuadran las cuentas que Stalin presenta al mundo de su plan quinquenal y la colectivización de las granjas.

Tras ser despedido como asesor, Jones consigue un visado para visitar Moscú en calidad de periodista. Su intención es viajar a Ucrania donde un colega tenía intención de ir pero un día antes del viaje es casualmente atracado en plena calle y asesinado con cuatro tiros por la espalda. El régimen comunista de Stalin no tiene intención de dejarle libertad de movimiento y le prepara un viaje idealizado a una granja-plató colectiva para que vea los felices y sanos que están los campesinos ucranianos. Los mismos viajes que hoy organiza Kim Jong-un en Corea del Norte, nada nuevo bajo el sol.

Aprovechando una parada del tren, Jones conseguirá escapar y adentrarse en la verdadera Ucrania donde comprobará con horror y desaliento cómo Stalin ha condenado a muerte por inanición a millones de personas. Como si de un reality se tratara, la cámara sigue los pasos de Jones para, en planos secuencia, descubrirnos el infierno que va encontrando en cada pueblo, en cada casa llena de cadáveres y cómo los pocos desechos humanos que aún siguen en pie están cayendo en el canibalismo.

En sus crónicas para el Manchester Guardian y el New York Evening Post llegó a escribir: "me advirtieron que no viajara por la noche, ya que había demasiados hombres desesperados y hambrientos".

El New York Times sale en defensa de Stalin

Es en este momento cuando entra en juego el prestigioso periódico norteamericano del que medio mundo se fiaba. Su corresponsal en Moscú, Walter Duranty, desmintió que hubiera hambruna y que la población muriera de hambre. Duranty había ganado el Premio Pulitzer en 1931 por sus artículos sobre el plan quinquenal de Stalin y la colectivización de la tierra. En la última parte de la película, veremos a Jones caer en el infierno del descrédito. Si la película no fuera ya lo suficientemente interesante, el hilo conductor además es la escritura de George Orwell de Rebelión en la granja a raíz de los artículos de Gareth Jones.

Los crímenes silenciados del comunismo

La película tuvo su estreno en la Berlinale donde la directora polaca Agnieszka Holland aseguró que era una película necesaria porque "los crímenes cometidos por el régimen comunista han sido silenciados". Uno de los motivos que le llevaron definitivamente a hacer la película fue la encuesta realizada hace unos años en Rusia donde Stalin era el segundo líder del siglo XX mejor valorado.

En una entrevista con Cineuropa en Berlín ponía como ejemplo el Holocausto, "el cine desempeñó un papel crucial en ese discurso sobre el Holocausto", quién no ha llorado viendo La lista de Schindler, por ejemplo. "El impacto de estas películas reveló el verdadero poder del cine para educar y promover la empatía".

Y esa empatía inundó la inmensa sala de cine en la que se proyectó Mr Jones en Sevilla. Al terminar la película, y salir los rótulos propios de una historia basada en hechos reales – en los que se dice que a Duranty no se le retiró nunca el Premio Pulitzer- , hubo un silencio atronador. Un silencio que duró casi un minuto. Cuando ya pensaba que la película no había gustado al público, empezaron a sonar los aplausos. A lo que había asistido era a la asimilación por parte del espectador del tamaño de atrocidad cometida, triplemente. La de Stalin y los comunistas cuando la llevaron a cabo, la de sus voceros como Duranty mientras pudieron mantener el engaño y la actual, la del silencio.

Un silencio que esta película pretende romper, mostrar al mundo lo que significó la Unión Soviética, Stalin y el comunismo, ese del que todavía hoy vemos banderas sin que los grandes medios se lleven las manos a la cabeza. Y cuando se hayan secado las lágrimas tras ver la película, adéntrense en el análisis y datos de Memoria del Comunismo de Federico Jiménez Losantos. Así, habremos conseguido el propósito de la cineasta polaca, romper el silencio.

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