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Santiago Navajas

Douglas y Jünger

La clave tanto en Kirk Douglas como en Ernst Jünger reside en la difícil lucha por llegar a ser un individuo.

La clave tanto en Kirk Douglas como en Ernst Jünger reside en la difícil lucha por llegar a ser un individuo.
Kirk Douglas en 'Senderos de gloria' | Cordon Press

Kirk Douglas (103 años) ha superado a Ernst Jünger (102 años). Dos de los guerreros más grandes del siglo XX que lucharon en tormentas de acero cinematográficas y militares y que afrontaron con éxito emboscaduras en las empresas que desarrollaron y en el arte que crearon. Ambos se caracterizan por energía ilimitada, concentración absoluta, dedicación a su trabajo exhaustiva y gran integridad moral. Douglas es más judío que Spinoza y Jünger, más ario que Sigfrido. No temblaron ante los respectivos totalitarios de su época. Douglas, simpatizante del partido Demócrata, se las tuvo tiesas con Joe McCArthy, el senador republicano que emprendió una caza de brujas en Hollywood, cuando le dio empleo al guionista perseguido Dalton Trumbo en Espartaco. A Jünger, héroe indisputado del ejército alemán durante la I Guerra Mundial, le puso la cruz de la persecución las SS después de publicar Sobre los acantilados de mármol, fábula que denuncia a un líder totalitario y genocida llamado Gran Guardabosque. Jünger solo se salvó por la especial protección de Hitler, que le tenía admiración, ambos habían ganado la mítica Cruz de Hierro, y ordenó no tocarle ni un solo pelo rubio.

Un actor, un productor y un activista, Kirk Douglas era bigger than life. Un guerrero, un pensador y un artista, Ernst Jünger encarnó como nadie al "übermensch" de Nietzsche. Antonio Escohotado resumió su esencia humana y heroica en su reseña de La emboscadura:

Abrumados por la derrota y la miseria, no menos que por su responsabilidad en el Holocausto, los alemanes inauguraban una democracia muy vigilada, escindidos en hermanos irreconciliables por exigencias de la Guerra Fría. Y en ese clima –de terror, confusión, verguënza y baño propagandístico- Jünger redacta un majestuoso himno a la dignidad humana: La emboscadura (1951). Desde los antípodas del ánimo patético y el victimismo, recuerda que el tema de nuestra vida sigue siendo resistir a la opresión, sean cualesquiera sus formas, y que de mantener dicha resistencia se derivan innumerables alegrías y cumplimientos. Dicha respuesta recae ahora sobre una figura que Jünger bautiza como el Emboscado, cuya esencia es "la persona singular soberana"

Esa misma persona singular soberana es la que Douglas encarna en Espartaco (Kubrick, 1960), el esclavo de los romanos que se rebela contra su destino. El protagonista de fotogramas para fuera es el líder de los gladiadores. Porque de fotogramas para dentro había otro héroe: Dalton Trumbo. El guionista censurado por la paranoia anticomunista por McCarthy fue reivindicado por Douglas, que se arriesgó a presentarlo de nuevo ante la sociedad hollywoodense, como cuenta en Yo soy Espartaco:

De todas las personas con las que trabajé, Trumbo era única. Era más personaje que la mayoría de los actores que he conocido. Era un hombre que amaba la vida. Amaba vivirla, amaba describirla, amaba entregarse a ella. Mi amigo me enseñó mucho sobre la valentía y la elegancia. Fue un héroe estadounidense.

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Ernst Jünger / Cordon Press

Si no han leído Sobre los acantilados de mármol y no han visto El Gran Carnaval (un Billy Wilder no muy frecuentado y que es especialmente relevante en estos días de fake news y circos mediáticos. Todo está inventado) se están perdiendo dos obras asombrosas para prevenir contra los embaucadores autoritarios y el adoctrinamiento mediático. En el ámbito militar, Jünger escribió Tempestades de acero, sus diarios en la guerra, donde dejó escrito este perfil de la vida militar tan diferente del habitual. "El tiempo sólo refuerza mi convicción de que era una vida ardua y buena, y de que la guerra, con toda su destructividad, era una incomparable escuela del valor". Por otra parte, Kirk Douglas trazó el reverso tenebroso de esa vida ardua y buena a la que se refería Jünger cuando en Senderos de gloria, aliado de Kubrick, que estaba en la dirección, disecciona la voracidad criminal de los mediocres altos mandos que sacrifican a sus tropas en el altar de su narcisista sed de triunfo.

Para mí, el western más puro está en las películas de Kirk Douglas y John Wayne que fueron mis particulares Iliadas y Odiseas, cursos en cine de cómo ser responsables, heroicos, solidarios, valientes, liberales y comprometidos con la Justicia. Luego ya leí a Nietzsche, Kant y tal. Ahora que se habla mucho de la conveniencia de una foto entre Iglesias, Espinosa de los Monteros y Arrimadas, cabe destacar la elegancia, ecuanimidad y nobleza de Kirk Douglas, muy de izquierdas, cuando en una entrevista en la que el presentador pretendía aprovechar su conocido izquierdismo para que criticase a John Wayne, este no solo se negó a zaherir al Duque, conocido conservador republicano y amigo de Ronald Reagan, sino que ponderó y alabó su gran profesionalidad.

Como es sabido, los periódicos tienen escritos obituarios para los famosos. En el caso de Douglas, el actor escribió su propio epitafio en una entrevista con Roger Ebert :

No necesito que un crítico me diga que yo soy un actor. Me he hecho a mí mismo. Nadie es mi jefe. Nadie ha sido nunca mi jefe. Tu única seguridad está en tu talento. He hecho buenas películas, malas películas, nunca he estado bajo un contrato (excepto en una ocasión) ¡Me he hecho a mí mismo!

La clave tanto en Kirk Douglas como en Ernst Jünger reside en la difícil lucha por llegar a ser un individuo. Parafraseando a Jünger, Douglas consiguió llegar a ser un singular actor soberano. Que dure, maestro.

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