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Rosa Belmonte

¡Esa pierna!

Se van a cumplir 50 años de 'Tristana' y cada vez es más fascinante. Otra joya que celebrar en el año Galdós.

Rosa Belmonte
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Se van a cumplir 50 años de 'Tristana' y cada vez es más fascinante. Otra joya que celebrar en el año Galdós.
Escena de la película 'Tristana', de Luis Buñuel | Archivo

En casa de George Cukor, Hitchcock, "rechoncho y sonrosado", se sentó al lado de Buñuel y no paró de hablarle de Tristana, sobre todo de la pierna amputada de Catherine Deneuve y de la pierna ortopédica, ese enorme monumento al fetichismo. ¡Esa pierna! Aunque a mí me parece más inquietante el primer plano de la película (tras los de la ciudad de Toledo, esos a los que homenajea La piel que habito). Me refiero al plano en el que se ven caminando juntas a Tristana y Saturna. A Catherine Deneuve y Lola Gaos, esos dos especímenes femeninos tan diferentes y tan parecidos.

Durante la famosa reunión de directores de noviembre de 1972 en honor del aragonés, Hitchcock también le habló de su bodega y de la dieta que estaba haciendo (comió un pescado hervido). Acababa de estrenarse El discreto encanto de la burguesía, que en marzo ganaría el Oscar a la mejor película de habla no inglesa. Quizá para compesar que no se lo hubieran dado a Tristana, también nominada. Sólo hacía dos años de su estreno cuando Buñuel se encontró con el entusiasmo fetichista de Hitchcock. Pero no era sólo eso. En The secret language of films, Jean-Claude Carrièrre escribió que en un programa de televisión habían preguntado al director inglés por los cineastas que más admiraba. Respondió: "Aparte de mí, Buñuel". Lo recuerda Manuel Hidalgo en su estupendo libro El banquete de los genios. Un homenaje a Luis Buñuel (Península), que ha vuelto a reeditarse.

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Al acabar la película, en los créditos finales de Tristana (1970), se lee que está inspirada en la novela de Benito Pérez Galdós. El guión es del propio Buñuel y de Julio Alejandro. Inspirada es una ligazón con la obra mucho más ligera que basada. María Zambrano sostenía que Tristana era una novela única, aunque se la considere de las menores. "Merecería ser Tristana la obra única de un autor", creía la filósofa malagueña. Porque las obras únicas, como El gatopardo, del príncipe de Lampedusa, destacan con brillo especial. El enamoramiento que Zambrano muestra por la novela de Galdós se puede leer en el también reeditado La España de Galdós (Alianza).

Pero Zambrano sólo habla de la novela. La esencia es la misma, pero Buñuel hace cambios. En la novela, Tristana se casa con don Lope con total indiferencia y se refugia en la repostería. Quizá eran felices, escribe Galdós. En la película, Buñuel hace lo que Hitchcock no pudo hacer al final de Sospecha. O sea, que Cary Grant fuera el asesino. Buñuel no tiene problema en hacer que a Catherine Deneuve se le vaya la mano. Tras la amputación y la marcha de Horacio (Franco Nero; ya saben, de la mar el mero y del cine Franco Nero), ella se convierte en un bicharraco. Que no es que don Lope no lo haya sido desde el principio acostándose con la muchacha a la que debía proteger ("Soy tu padre y tu marido y actúo según me conviene"). En la película, Tristana atiende la llamada nocturna de un enfermo don Lope y simula que telefonea al médico. Lo que hace es abrir la ventana del cuarto en una noche toledana de nieve. Nunca se ha visto manera más fácil de matar a alguien.

Se van a cumplir 50 años de Tristana (se estrenó en marzo de 1970) y cada vez es más fascinante. Otra joya que celebrar en el año Galdós.

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