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Ana Mariscal, gran actriz y la primera mujer que destacó como directora de cine

Se cumplen 25 años del fallecimiento de la madrileña, pionera en el mundo del séptimo arte a comienzos de los 50.

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La mujer española, tan preterida mucho tiempo atrás en muchas profesiones sólo encarnadas por varones, estuvo bien representada por Ana Mariscal en su faceta de directora de cine a poco de comenzar la década de los 50. Una pionera que firmó guiones propios y los llevaba a la pantalla siendo la realizadora. Destacada actriz asimismo en el cine y en el teatro, amén de escritora, era una dama singular, culta, inteligente, sensible y de trato sencillo y afable. Ahora se cumplen veinticinco años de su fallecimiento en su ciudad natal, Madrid, el 28 de marzo de 1995.

Ana María Rodríguez-Arroyo Mariscal vino al mundo el 31 de julio de 1923, estudiante de Magisterio y Ciencias Exactas en su juventud. Le gustaba ser maestra de escuela, lo que fue alguna vez sustituyendo a una hermana suya que ejercía el Magisterio en Mallorca. Su hermano Luis Arroyo, actor profesional, fue quien la introdujo en el club cultural Anfistora, donde conoció a Federico García Lorca, quien le hizo una prueba, alabó su bonita voz y le proporcionó un papelito en cierta obra de romances, que no llegó a estrenarse por culpa de la Guerra Civil.

En el cine, su debut se produjo en 1940, con El último húsar. Llegó a intervenir en medio centenar de filmes, muchos de ellos como protagonista o antagonista. De los títulos más sobresalientes, que calidad aparte, son los más populares del cine español de postguerra, destacaríamos: Raza (con argumento original de Francisco Franco Bahamonde), La princesa de los Ursinos, Jeromín, Dulcinea… Y entre finales de los 50 y 1987 (que cerró su filmografía con El polizón de Ulises) apareció en La violetera, La reina del Chantecler y El magistrado, de Luigi Zampa, entre otras cintas. Como curiosidad hemos encontrado una perla en Patio andaluz, donde era la protagonista en un papel folclórico, que según el argumento la obligaba a cantar.

No teniendo aptitudes para ello, la excelente actriz se dejó "doblar" la voz por quien además de colega empezaba entonces también su faceta de intérprete de la canción: María Dolores Pradera. Y así, creyendo que quien lo hacía era Ana Mariscal, su buena amiga se lucía con cuatro coplas de los acreditados maestros del género Quintero, León y Quiroga: "No me quieras tanto", "La de la Puerta Triana", "Yo no me quiero enterar" y "Doña Mariquita de los Dolores". A través de YouTube encontré ese hallazgo.

Y en relación con su trabajo detrás de las cámaras, que alcanzan diez producciones, merecen recordarse Segundo López, aventurero urbano, donde se inició como realizadora en 1953, que la crítica más adelantada de la época señaló como el primer intento español de llevar a la pantalla una historia de corte neorrealista, que triunfaba entonces en la cinematografía italiana. Se publicitó que una española, ella, se hubiera atrevido a dirigir una película. Sólo años atrás había sido Rosario Pino la primera en hacerlo. Ya finalizando los sesenta, Josefina Molina continuó la lista de mujeres directoras, hoy ya muy significativa, pero en aquel tiempo era toda una novedad. Otras películas dirigidas por Ana Mariscal fueron: Con la vida hicieron fuego, La quiniela, Feria en Sevilla, y muy en particular El camino, que con ese mismo título había publicado su novela Miguel Delibes, la primera vez que una de sus obras era llevada a la pantalla.

En el papel de hombre

Un acontecimiento supuso en 1945 la representación de Don Juan Tenorio, la conocidísima función teatral de José Zorrilla. En las sesiones de tarde, Ana Mariscal era Don Juan; por las noches, la dulce doña Inés. Que una actriz acometiera el papel masculino de tal drama religioso supuso un escándalo en aquel año. Y hasta en Valladolid se celebró un juicio literario en torno a la insólita actuación de Ana Mariscal. Salió "absuelta" la actriz gracias a su "defensor", el prestigioso crítico Alfredo Marqueríe. Tal polémica sirvió a Ana Mariscal para potenciar su notoriedad en el mundillo artístico. Corría el año 1949 cuando Manuel Mur Oti, que se autoproclamaba "genio" para disfrute de cuantos lo atacaban como un director pedante, que lo era pero desde luego hombre muy inteligente y creativo, llamó a Ana Mariscal para protagonizar la antes mencionada película Un hombre va por el camino.

Allí conoció ésta a un reportero de la revista cinematográfica Cámara, que dirigía el gran humorista Antonio de Lara Tono , llamado Valentín Javier García Fernández. Transcurrían los exteriores en los Picos de Europa. Escenario también del amor que surgió entre Ana y Valentín. Se casaron en 1954, tuvieron un hijo, David, y permanecieron dos años trabajando en Argentina. Él destacaría como operador cinematográfico. Fundaron una productora, Bosco Films. En una de sus películas aparecía Manuel Benítez El Cordobés, Los duendes de Andalucía, todo un documento en aquel 1964, cuando el diestro era uno de los personajes más populares de España. El mundo taurino siempre atrajo al matrimonio de Ana y Valentín Javier, pues incidieron en otro argumento relacionado con el arte de Cúchares: El paseíllo.

El guión inédito

Ana Mariscal fue también conferenciante amena. Escribía poesía, que continuó inédita en un cajón de su oficina sita en la calle de Fuencarral, donde la visité en alguna ocasión. Lo mismo que quedó inédito un guión cinematográfico sobre el circo, que no pudo rodar. Escribió una novela romántica, que la censura no autorizó. Hubo de esperar unos años, hasta que en democracia, pudo editarse. Y vio la luz en 1984 un interesante libro, Cincuenta años de teatro en Madrid. Llevaba en su bolso, permanentemente, un fotograma de su primera película, El último húsar, como un bello recuerdo. Nos contaba en cierta ocasión lo que le ocurrió en el rodaje de La florista de la reina, con Alfredo Mayo, el galán más popular de la postguerra con quien compartió varios repartos: "Él llevaba un bigote postizo, tuvimos que besarnos en un plano… ¡y el mostacho se me pegó en la cara!"

Ejerció cinco años como profesora de interpretación en la Escuela de Cinematografía. Quería reaparecer en el teatro Español, de Madrid, después de más de un decenio ausente de las tablas. Pero se le adelantó la Parca. De eso, ya decíamos, ha transcurrido un cuarto de siglo.

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