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El trágico papel que interpretó Rosa María Sardá, que parece una siniestra premonición

La actriz y presentadora, que falleció a los 78 años a causa de un cáncer, hizo llorar y reír. "No soy simpática ni graciosa por naturaleza", decía.

La actriz y presentadora, que falleció a los 78 años a causa de un cáncer, hizo llorar y reír. "No soy simpática ni graciosa por naturaleza", decía.
Rosa María Sardá en 'Te doy mis ojos' | Cordon Press

Era noviembre de 2003 cuando se estrenó la comedia dramática Wit, primero en Barcelona, luego "en provincias", como antiguamente se decía en las informaciones teatrales, y finalmente en Madrid, donde hacía veinte años que no pisaba un escenario. Wit iba a titularse tal y como significa en español, Ingenio, pero se mantuvo finalmente el que eligió su autora, Margaret Edson, que en 1998 consiguió con esa obra el premio Pulitzer. Rosa María Sardá era entre nosotros su protagonista, la doctora Vivian Bearing, profesora de Literatura que padece un cáncer terminal. En primera persona, refería los últimos meses de su vida, desde la cama de un hospital, cuya solidez intelectual va descendiendo conforme trasciende su dolor y ha de enfrentarse con el duro tratamiento de la quimioterapia. La actriz catalana logró uno de los grandes éxitos de su carrera en el arte de Talía, ese que gráficamente se representa con dos caretas, una representando el drama y la tragedia, y otra la risa, la carcajada. Esos sentimientos, tristes, agridulces, felices, los manifestó toda su vida quien acaba de morir, una gran tragicómica.

Lo de Wit parecía una siniestra premonición, porque la causa del fallecimiento de Rosa María ha sido precisamente esa enfermedad que tenía su personaje. Quien a lo largo de la función expresa verbalmente un discurso, unas palabras terminales sobre la fugacidad de nuestra existencia. Y al igual que aquella profesora padecía la fatalidad de su mal, las sesiones de quimioterapia, también la actriz iba a pasar por tan amargo trance.

No le gustaban a Rosa María las entrevistas periodísticas, pero en una de las pocas que concedió, le decía esto al escritor canario Juan Cruz: "Esa persona… enfrentada a las paradojas de la vida y la muerte, el sufrimiento humano, la soledad. El enigma siempre está allí, la vida, la muerte… La enfermedad forma parte del sufrimiento humano, lo que no se puede evitar… La vida hay que aceptarla como es. Quién sabe si esto que ahora me concierne porque lo estoy representando no me concierne alguna vez también en la vida, lo estaré viviendo… La enfermedad es una de las injusticias, como hay tantas otras injusticias… Y una de esas cosas terribles es la enfermedad".

La sobrellevó con entereza en su piso de Barcelona. Sus amigos sabían que tenía cerca su cita con esa vieja dama. Hace justo un par de meses dimos aquí noticia de su drama. Llevaba seis, siete años sin pisar un teatro, un rodaje de cine, un estudio de televisión. Y eso, quizás más que el dolor físico, le afligía. Porque la interpretación formaba parte crucial de su existencia. "Me dejo la piel en todos mis trabajos", aseveraba.

Carol Burnett "a la española"

Hubiera cumplido setenta y nueve años el próximo 30 de julio. Tanto le gustaba ser actriz, esa magia del teatro, que siendo muy niña hizo su primera función vestida con el traje de la Primera Comunión. Hasta mitad de la década de los 80 puede decirse que casi la totalidad de su labor artística la desarrolló en Cataluña, donde formó parte del Teatre Lliure, representando obras en su lengua materna: El knack, Sopa de pollastre amb ordi, Duet per un sol violí, Esperant a Godot, Una vella coneguda olor, L´escorpí, Madre Coraje… Lo mejor de Becket, Brecht, Ibsen, Jean Genet estaba en su repertorio.

Fue presentadora de un programa de televisión infantil, Per molts ans, y cuando hubo de actuar en otro para toda España, Ahí te quiero ver, pudo demostrar a tan amplia audiencia su vis cómica, convirtiéndose en una especie de Carol Burnett "a la española", como aquella gran actriz norteamericana. A la pequeña pantalla retornaría con ¡Olé tus videos!. Todas esas apariciones televisivas le granjearon una bien ganada popularidad, acrecentada cuando la reclamaron más de una ocasión para animar la noche de los Goya. Talento, gracia, encanto, complicidad con los espectadores de la gala y los millones de telespectadores. Espléndida maestra de ceremonias. Por eso ha sido quien mejor presentó ese evento, sin demérito de otros compañeros, claro.

El caso es que ella afirmaba rotundamente esto: "Más que no gustarme hacer reír, lo que me pasa es que constituye un tremendo esfuerzo porque no soy simpática ni graciosa por naturaleza. Estoy de acuerdo con que es más difícil hacer reír que llorar, sobre todo en el teatro, porque en el cine se me hace más llevadero al no tener que repetirme tres meses o un año entero".

En la gran pantalla, adonde llegó por el interés que en ello puso su amigo, el director Ventura Pons, consiguió intervenciones magníficas: Moros y cristianos, de Berlanga (1987), ¿Por qué lo llaman amor cuando quieren decir sexo? (1992), Suspiros de España (y Portugal), de García Sánchez (1994), Actrices, del citado Pons (1996), La niña de tus ojos, de Fernando Trueba (su productor teatral en Wit), en 1998, para rodar ese mismo año Todo sobre mi madre, donde aunque su papel fue breve, ella destacaba haber vivido una experiencia muy grata a las órdenes de Pedro Almodóvar.

Rosa María Sardá recibió muchos premios, críticas excelentes. Su paso por por el Centro Dramático Nacional le significó ampliar su público, que antes había sido prácticamente catalán al representar teatro en esa lengua. Entre los galardones que llenaban las vitrinas de su casa estaban en lugar preferente el Margarita Xirgu y el Nacional de Teatro.

"Ser actriz me permite tener ese cachito de libertad que todo ser humano necesita", confesaba ya en el nuevo siglo. Ahora gozará de ella plenamente en el otro mundo. Ha sido de esos seres que, al conocerla, uno podía enamorarse en seguida de su maravilloso encanto. Y como actriz, completísima, dominadora del drama y la comedia. Cara a cara, ante el público, ejerciendo de showman, insustituible. Tardará mucho tiempo en nacer, si es que eso sucede, alguien como Rosa María Sardá.

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