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Esclavos del racismo: cómo borrar 'Lo que el viento se llevó' (por dinero) y la nueva censura que acaba de empezar

Lo que el viento se llevó, Friends... La búsqueda de episodios racistas en actores, películas y series acaba de comenzar.

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En 2013, el guionista John Ridley subió a por su Oscar al mejor guión adaptado por Doce años de esclavitud. Allí pronunció un enfervorecido discurso contra el racismo institucional en EEUU. Tanto que se "olvidó" de nombrar al director del film, Steve R. McQueen, quien le había pedido un crédito de coautor por el libreto. En 2020 y en plenas protestas tras la muerte de George Floyd, Ridley acusó a la película Lo que el viento se llevó (1939) en un texto para Los Angeles Times de "glorificar la esclavitud", convirtiéndose en la punta de lanza de una serie de movimientos no tan sorprendentes en la industria de Hollywood.

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La primera consecuencia, que la recién estrenada en EEUU plataforma HBO Max, quizá temerosa de toparse con un escándalo la segunda semana de existencia, quizá deseosa de ganar nuevos adeptos, retirase la icónica película protagonizada por Vivien Leigh (que, por cierto, bien podría funcionar como símbolo de esa mujer empoderada que para sí reivindica el Me Too). Aunque después se hizo público que se reincorporaría con un cartel clarificador (ya saben: la compañía no apoya los estereotipos vertidos en esta obra de época, blabla…) el daño ya estaba hecho, con la película de Victor Fleming, cuya ideología está evidente y afortunadamente superada, pasando a esa "lista negra" ideológica de la que forma parte destacada Canción del Sur, esa película producida por Walt Disney en 1946 sobre esclavos en una plantación de algodón que no puede encontrarse en su exitosa plataforma Disney Plus. Extirpada literalmente de la memoria, borrada de la existencia, porque es -evidentemente, quién lo puede negar- antigua en sus representaciones, y por qué no admitirlo, racista en sus presupuestos. Como dirían en una eminente película de ficción como es Star Wars, "no pienses, siente, Luke". O mejor aún, una paradoja: blanquearse por la diversidad racial.

Esta semana han tenido movimientos tectónicos de lo más radicales en una Meca del Cine. Y no es que el movimiento Oscars So White, responsable junto a Me Too de convertir cada nueva gala de los Oscar en el show más aburrido y reivindicativo de la historia (y que dice que el negro Kevin Hart no puede presentarlo porque es machista, que la película que gane tiene que abordar el temas candentes, que los nominados tienen que ser racialmente diversos) que parece apostar por el revisionismo romántico de, por ejemplo, Ryan Murphy en su infinitamente mentirosa Hollywood, disponible en Netflix. En un capítulo, Hattie McDaniel, interpretada por Queen Latifah, hace una breve aparición para relatar lo que ocurrió tras las bambalinas antes de ganar el primer Oscar para una afroamericana por, precisamente, Lo que el viento se llevó. Lo hace, bien es cierto, a un personaje creado expresamente para la ocasión, Camille (Laura Harrier), otra actriz negra que está a punto de cambiar la historia de Tinseltown. Una historia inventada que no molesta a nadie y en la que las diferencias raciales se borraron de un plumazo y sin dificultades parece que se adapta más y mejor a ese escapismo que propone Ridley, en la que, en el fondo, "aquello" realmente nunca pasó.

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La Hattie McDaniel de Hollywood | Netflix

¿Borrar la historia y arriesgarse a repetir errores, tratar de aplicar determinados clima de opinión -o avances sociales justos- a experiencias del pasado? Sea como sea, la más mínima disidencia a la tromba está prohibida. Menuda le ha caído al exjugador de fútbol y actor Terry Crews, quien quiso matizar en Twitter que de esta salimos blancos y negros juntos o no salimos. "La derrota de la supremacía blanca sin la gente blanca crea la supremacía negra. La igualdad es la verdad", escribió en Twitter uno de los protagonistas de la serie Brooklyn Nine-Nine (en la que, por cierto, interpreta a un forzudo pero sensible policía que en un episodio es detenido por un policía racista… solo por ser negro). El resultado, un Trending Topic ("Black Supremacy") inmediato y un verdadero muro de insultos y acoso digital hacia Crews acusándole de asumir un discurso racista… racista pero blanco. En adelante el actor trató de explicar en televisión y redes que sus críticas iban dirigidas al "pensamiento grupal" que ha derivado en todo tipo de disturbios, ni siquiera una negación del evidente episodio racista que lo generó, pero predomina la impresión de que a Crews se le ha cerrado bien la boca.

En el recuerdo, un precedente también polarizador con otra estrella de la misma cadena televisiva: el despido de la actriz de color Gabrielle Union del talent-show American Idol tras denunciar comportamientos racistas y sexistas en el set. Una investigación de la cadena NBC concluyó que eso no se había producido y que el elenco, que niega al completo su versión, era radicalmente diverso como pocos. Union se dispone a seguir insistiendo en los tribunales asegurando que su despido se debe a prejuicios racistas y el machismo.

Mientras, continua el ejercicio de buceo en el archivo de programas de importancia histórica. No es la primera vez que Friends, una de las telecomedias más rentables de la historia, es cuestionada por la blancura de su reparto. Pero sí es la primera que la cocreadora Martha Kauffman pide perdón por un producto que hace todavía ganar millones a todos los implicados asegurando que la serie de los 90, en su momento alabada por ser pionera en la representación de personajes homosexuales y femeninos en la televisión de gran audiencia, es fiel reflejo de ese racismo asumido (en una década en la que, por cierto, teleseries con reparto enteramente negro triunfaron a nivel mundial: El Príncipe de Bel Air, Cosas de Casa). "Desearía saber lo que sé ahora. Habría tomado decisiones muy diferentes", dijo Kauffman en el ATX TV Festival, reconociendo la inclusión de personajes de otras razas como una obligación moral. Lo mismo David Schwimmer, uno de sus protagonistas, que el año pasado dijo haber presionado para que su personaje, Ross, saliera con una mujer negra, cosa que acabó ocurriendo, y que ha pedido una versión con personajes asiáticos y negros. Friends ahora sería una serie distinta, pero la duda es si cargar las tintas contra un producto que, recordemos, nació hace exactamente un cuarto de siglo y que al final -nadie lo niega- es hijo de su tiempo.

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Friends | Archivo

Muchos dirían que el sentimiento de culpa exhibido por Kaufmann podría estar relacionado con ese inminente capítulo especial de Friends que HBO Max vendió como gran gancho (y que se tenía que haber presentado este mismo mes, pero fue retrasado debido a la cancelación de rodajes por el coronavirus). Ahora Kauffman tiene la oportunidad de que esta cuestión se incluya en el guión de una manera u otra y así, quién sabe, aplacar a esos nuevos espectadores que consideran su serie una apología del racismo.

Una forma de dar la razón a quienes, con las elecciones presidenciales fechadas para noviembre de este año (dato nada baladí) ahora mismo se lanzan a buscar películas racistas, una lista muy larga en la que cualquiera vale y que en la que, al menos, se han encontrado con una notable resistencia (ellos dirían racista): Lo que el viento se llevó es ahora número uno en Amazon... pero no en HBO, y muchos cinéfilos "postean" la edición especial del DVD de la película editada por Warner.

Mientras esta guerra tiene lugar, disfruten con este vídeo de una ONG, NAACP (National Association for the Advancement of Colored People), en el que celebrities del cine y la televisión piden perdón en blanco y negro y mirando a cámara, que anuncia lo que se nos viene encima:

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