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'365 días': la '50 Sombras de Grey' polaca que arrasa en Netflix

365 días, o la 50 sombras de Grey polaca, es uno de los grandes éxitos de Netflix este verano.

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365 días, o la 50 sombras de Grey polaca, es uno de los grandes éxitos de Netflix este verano.
365 días | Netflix

¿Se acuerdan de las producciones X de Marc Dorcel? El ahora octogenario francés "deleitó" en la época del vídeo y el primer Canal Plus con multitud de películas porno más o menos elegantes y lujosas a las audiencias más nocturnas, antes de esa democratización de internet que hace ya tiempo arrasó todo. Desconozco si el público potencial de esta 365 días, apodada "la 50 sombras de Grey de Netflix", ha catado semejante material (y no quiere decir que yo lo haya hecho, que me lo ha dicho un amigo…), pero su dependencia de los fibrosos músculos y torneados glúteos de sus protagonistas remite más a un porno barato que a, por ejemplo, historias de suspense erótico como las filmadas en los 90 por Adrian Lyne.

En el fondo, la jugada es muy similar a la del director de Una proposición indecente o Nueve semanas y media, películas a las que, por supuesto, hace mucho mejores por comparación. Enmascarar con cierto aire de polémica y esteticismo de videoclip lo que al final no es más que una historia romántica entre cuerpos martirizados en el gimnasio sin un peculiar interés, con un componente de lucha de sexos arruinado aquí por lo pedestre de sus diálogos (aunque alguna frase hay para el recuerdo: "su cuerpo lo ha esculpido Dios, la polla es del Diablo"...). Naturalmente, y aquí viene lo único verdaderamente grave para un producto como éste, todo se entrega al espectador sin la pericia técnica y artística que tenían las películas de Lyne.

Una "larga" introducción

Y no, no es un chiste fácil. Añadir cierto contexto es la única manera que uno encuentra para asimilar 365 días, que lleva ya muchos, demasiados días en lo más alto del escalafón de la plataforma de streaming. Un éxito a rebufo, no cabe duda, del éxito editorial de E.L. James y las ya olvidadas adaptaciones al cine de 50 Sombras de Grey. Resumiendo: 365 días es un drama romántico adornado con multitud de escenas de cama más o menos explícitas y un poco de bondage (¡escándalo!) y en la que al clásico folletín por entregas se suma un poco de thriller, más bien por aquello de enganchar una trilogía que por conocimiento de sus recursos.

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Una imagen de 365 días | Netflix

La producción polaca dirigida por Barbara Białowąs, basada en la trilogía literaria de Blanka Lipińska, es la historia del secuestro de Laura, una joven ejecutiva polaca con una frustrada vida sexual, a manos del mafioso italiano Massimo Torricelli, que lleva años obsesionado con ella (las razones, hilarantes y dignas de tratamiento psiquiátrico, mejor las dejo en el tintero). El gangster ofrece a la chica un año, 365 días, para enamorarse de ella, aunque huelga decir que caerá en sus redes (o él en las de ella) bastante antes.

Hay algunos aspectos de 365 días que prometen, e incluso algún momento interesante (y casi nunca sexual, que conste) en medio de su total mediocridad. Ese divertido momento en el que Massimo revela a los padres de Laura que sí, que es un gangster (y la reacción de éstos); o ese plano aéreo de dron que sigue a Massimo y a Laura del sofá a la cama desde el exterior de un rascacielos (lamentablemente arruinado por un encuadre no demasiado cuidado). La película, que se abandona totalmente a sus localizaciones, al menos ofrece un puñado de paisajes sicilianos atractivos.

"Chick Flick"

Pero son eso, destellos, en un conjunto que confía en exceso a un atractivo visual que en realidad es pura rutina por su ausencia de recursos e inventiva, y que vive más preocupado por cumplir su papel de "chick flick" o película de chicas (nada en contra del concepto, perfectamente disfrutable en otras ocasiones) que por forzar sus aspectos polémicos, el humor negro que se desprende del comportamiento animal de sus protagonistas y la psicología torturada más bien infantil que les caracteriza. La película, adornada por multitud de canciones pop, montajes de fiestas nocturnas, más montajes probándose vestidos y otros retales de relato romántico demodé, es un convencional romance que quiere ir de duro pero no llega: un desfile de posturas de redención, dolor emocional y sí, sexo de postal, que divierte moderadamente por su intensidad caricaturesca.

No es que sea reprobable, dado que es una fantasía, como tampoco lo es cierto enmascaramiento feminista de lo que, lo cojas por donde lo cojas, es el retorcido sueño de someterse a un rico, torturado pero en el fondo, amable, semental italiano. La película es consciente de su (baja) naturaleza, pero no la explota: ahí está la falta de cuidado en otros muchos momentos, como ese pobrísimo cierre destinado a que el espectador no sepa muy bien lo que pasa y regrese en la segunda película (pero que roba todo clímax al relato: en efecto esta película es solo una "larga introducción" a lo que vendrá después) o esa estética de videoclip barato que ya cansa: la mansión de Massimo parece más bien un asador de leña, no un peligroso laberinto; las escenas "de acción" (o de cama) se esfuerzan en no encuadrar más de lo debido, lo que provoca cierto sonrojo cómico (sobre todo en las, no me pregunten por qué, abundantes felaciones…) y falta suspense por todas partes. Ahora que lo pienso, si no fuera tan poca cosa, 365 días sería una película un poco hipócrita.

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