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Crítica: 'Eurovisión. La historia de Fire Saga' (Netflix), con Will Ferrell y Rachel McAdams

Will Ferrell y Rachel McAdams protagonizan esta parodia-homenaje al célebre concurso europeo.

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Will Ferrell y Rachel McAdams protagonizan esta parodia-homenaje al célebre concurso europeo.
Eurovisión | Netflix

Una vez Adam McKay, cofundador de la productora Gary Sánchez junto al actor Will Ferrell, parece haber despegado a labores de más prestigio (con sendas nominaciones al Oscar por El vicio del poder y La gran apuesta, sin ir más lejos) la confección de las comedias del actor del Saturday Night Live parece haber recaído sobre otros profesionales además de él mismo. Eurovision. La Historia de Fire Saga, sátira y a la vez homenaje del célebre concurso televisivo y los pintorescos grupos musicales que lo pueblan, es obra de David Dobkin (El Juez, De boda en boda) sin duda menos incisivo y más "relajado" que su precedente, que dirigió a Ferrell en parodias del mundo profesional y deportivo tan logradas como El reportero, Los otros dos o Talladega Nights: la balada de Ricky Bobby (Patinazo a la gloria fue responsabilidad de otros, por mucho que también lleve el "sello").

Eurovisión. La historia de Fire Saga es una de esas películas cuya mayor virtud para unos será su mayor defecto para otros: el propio festival es desde hace tiempo tan demencial o más que lo que muestra la película, al fin y al cabo una visión netamente americana, un tanto ajena, de un fenómeno europeo (y a su vez, cada vez más localizado en ciertas regiones y colectivos sociales del continente). Sin embargo, es en su bien ponderado equilibrio entre burla y homenaje, en su manera curiosa de implicarse con el absurdo, donde podemos encontrar matices en la película, entre ellos una bienintencionada riqueza (¿acaso era necesario resultar cínico con los espectadores de lo que, al fin y al cabo, solo es un espectáculo anual?) e incluso la voluntad de entregar cierto espectáculo musical. Ahí está la actuación del ganador Salvador Sobral, que la película alarga con respeto… para al final soltar una leve ironía: el portugués está cantando en la calle a cambio de monedas.

Este tono un tanto ambiguo, con cierta maldad pero innegable candidez, en el que uno puede ver la película como un drama cómico o como una malintencionada parodia, no es ajena a la filmografía de Ferrell, que por otro lado entrega aquí una de sus habituales sátiras de lucha y triunfo americano en contextos cada vez más extraños y ajenos. Hace unos años el actor protagonizó con Kristen Wiig A Deadly Adoption, un telefilm de la cadena Lifetime en donde "simplemente" reproducían los recursos habituales de las película de sobremesa de esa cadena, sin apenas más aspavientos de los ya presentes… logrando la total aceptación de los espectadores de la cadena. Un poco lo mismo vale para esta Eurovisión. La historia de Fire Saga, que puede llegar a todo tipo de públicos sin necesidad de alzar la voz o hacer ejercicios de cinismo gracias a esa meditada ambigüedad. Pero en la que el actor y guionista, que casi siempre se apoya en relatos de superación y triunfo tan netamente americanos, se muestra algo más tímido de lo habitual.

Eurovisión se queda por eso un tanto lejos de las mejores comedias de Ferrell. Al margen de este saber hilar sentidos y tonos, al fin y al cabo lo más importante en una comedia, la película está tan mal rodada y editada como era de esperar, con una duración superior a las dos horas bastante injustificable y un cierto desaprovechamiento de los escenarios y números musicales que la adornan. Es algo visible en, precisamente, la secuencia más ambiciosa de la película, un Sing Along de "Believe", "Ne Partes las fans moi", "Waterloo", "I Gotta Feeling" y otros temas a manos de todo el reparto, que no obstante resulta contagioso en lo esencial porque, de nuevo, la película se las arregla para ser sincera tanto en su faceta de burla como en la de homenaje. Y la labor de Dobkin, pese a abusar de convencional gancho romántico, sirve para crear personajes con cierto atractivo, destacando además en los gags más oscuros (ese brazo cortado en una explosión, el asesinato de uno de los personajes secundarios…¡a manos de un elfo!) pero también en una pertinente (y delicada) ausencia: no hay burla alguna a los fans acérrimos que todos los años se reúnen o incluso viajan a presenciar la gala, permitiéndose incluso se permite un par de idas de olla capaces de jugar con puntos de vista y esa "mirada del otro": ahí están universitarios americanos de turismo por Europa a los que la película acosa con divertida actitud pasivo-agresiva.

El particular sentido del absurdo y la grosería de Will Ferrell, representado de nuevo un personaje entre ingenuo, entusiasta e inútil (aunque cuidado con esto: el actor canta todas sus canciones) está rebajado pero a la vez presente a lo largo del filme. De modo que al final, y pese a que podía haber sido más, Eurovisión, con toda la trágica casuística de su estreno (a nadie se le escapa por qué no ha habido festival este año) y gracias a sus actores al completo, empezando por Ferrell, Pierce Brosnan (fingiendo ambos acento islandés) y Dan Stevens hasta, sobre todo, la canadiense Rachel McAdams, que se adueña de a película desde el primer minuto, empujan a ver el vaso de esta agradable película medio lleno.

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