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Crítica: 'La Bala Perdida', el thriller francés que mezcla 'Fast and Furious' y 'Alerta Cobra'

Netflix ha estrenado La Bala Perdida, thriller francés concebido para cines que lleva días en su lista de contenidos más vistos.

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Netflix ha estrenado La Bala Perdida, thriller francés concebido para cines que lleva días en su lista de contenidos más vistos.
La bala perdida | Netflix

Además de verlo en la primera secuencia, más de una y de dos veces se nos insiste en La bala perdida, thriller de acción francés presentado en nuestro país por Netflix, que su protagonista Nilo (Alban Lenoir) ha sido capaz de "atravesar cuatro capas de cemento con un Renault Clío".

Ese afecto por los vehículos de calle que recorre toda la espina dorsal de esta breve intriga de acción, probablemente incomprensible para aquellos que reniegan ahora de las cuatro ruedas (para mí no), tiene sin embargo su sentido cinematográfico, apegado a cierta poética del "porno de coches" de las dos o tres primeras entregas de Fast & Furious (cuando eran de carreras callejeras y no misiones por el mundo) y cuando los coches eran los caballos en el western. También a los dramas de corrupción policial firmados en EEUU por David Ayer (Harsh Times, Dueños de la calle, Sabotaje...), que no por casualidad colaboró en el guión de la primera película de la saga dedicada al macarra heroico Dominic Toretto (Vin Diesel).

Claro que a esa misma fórmula muchos añadirían la también europea Alerta Cobra, por la fruición con que la cámara del director Guillaume Pierret enfoca los cristales rotos y chapas retorcidas de los vehículos en conflicto, que sin duda dará un plus de placer a los fans de la acción "old-school".

El núcleo de este thriller de hora y media es, sin embargo, aportar un noble componente de suspense policial a raíz del asesinato de un policía y la bala fatal escondida en un coche perdido que el protagonista, el delincuente común Nilo, tiene que encontrar para salvarse del escuadrón policial corrupto que acabó con su amigo. La nobleza de los sentimientos de Nilo, que opera al margen de la ley, es la misma que la de la película, que tiene pese a su modestia la dignidad de ir al grano (La Bala Perdida cuenta en sus primeros 20 minutos mucho más que otras en una hora de metraje) y, sobre todo, un par de secuencias de acción reseñables: la primera es la huida de la comisaría, que Pierret rueda como si de una entrega de John Wick se tratase, y la espléndida persecución final, que remite a French Connection 2 por el escenario mediterráneo francés, pero que con su "tuneo" Fast and Furious es una verdadera maravilla.

Sobre el papel todo parece mediocre, pero en la realidad no lo es. La dirección de Pierret es buena, y no solo en las escenas de acción; y la vulnerabilidad (y fuerza bruta) que el protagonista Alban Lenoir confiere al antihéroe convencen. La cámara está allí donde debe estar, y encima el director crea asociaciones visuales interesantes que suman enteros a un guión sencillo pero bien pautado, que avanza recto como (perdón por el chiste) una bala: el título hace referencia al propio protagonista y, por supuesto, la bala escondida en el coche; el charco de sangre en el que se ve reflejado uno de los policías corruptos; o ese mismo Renault 21 Turbo que parece un trasunto de "Eleanor" de 60 segundos, aquí la presencia constante del policía asesinado (ejemplar en este sentido la escena en la que Nilo remolca y saca literalmente de la mierda el vehículo deportivo para restaurar el recuerdo de su mentor). Son detalles que, junto a unos cuantos más, añaden un plus de calidad a un buen entretenimiento de acción, desde luego menos vulgar de lo que parece.

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