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Crítica: 'Un amigo extraordinario', con Tom Hanks y Matthew Rhys

Un amigo extraordinario narra la historia real del presentador Fred Rogers y el periodista Lloyd Vogel.

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Un amigo extraordinario narra la historia real del presentador Fred Rogers y el periodista Lloyd Vogel.
Tom Hanks y Matthew Rhys | Sony

En un momento bien avanzado el ajustado metraje de Un amigo extraordinario, el periodista Lloyd Vogel (Matthew Rhys) se sienta con el Sr. Rogers (Tom Hanks) en un restaurante. Su objetivo es continuar la entrevista con el ídolo de la televisión infantil que le ha encargado su editora, pero Mr. Rogers, curtido con traumas infantiles durante años, parece literalmente ver a través de su persona. Las miradas de los clientes se vuelven hacia Rogers, afirmando la condición de ídolo popular del sujeto, y así lo captura sutilmente la cámara de la directora Marielle Heller.

A continuación, Hanks hace su trabajo y, volando literalmente la cuarta pared y mirando casi de frente al público, formula un par de preguntas mágicas a Vogel mientras en la banda sonora se hace el silencio. El entrevistador que se torna entrevistado, Mr Rogers derriba sin más problemas todas sus defensas y las del resto del local.

Es solo un (extraordinario) momento de esta Un amigo extraordinario, película concebida a modo de poema hacia la figura del educador y presentador de televisión Fred Rogers, que durante más de tres décadas condujo su programa infantil A Beautiful Day in the Neighborhood en la televisión pública. La película está basada en la experiencia real de Vogel, un amargado periodista de Esquire, a quien se le encargó un perfil del personaje que al final acabó derivando en una amistad indeleble.

Hanks culmina aquí, en esta leve pero estupenda película, una cierta visión de la América capriana cuidadosamente desarrollada a través de años de carrera profesional. Su interpretación, espontánea pero meticulosa, no cae en la egolatría y se somete a los dictados de Heller, quien tras ¿Podrás perdonarme algún día? acomete aquí un segundo y reseñable trabajo sobre intelectuales que reciben un baño de humildad. Matthew Rhys, el nuevo Perry Mason, compone un personaje a la altura de la memorable serie The Americans (ese segundo momento mágico de la película, anterior al citado arriba, en el que observa a Rogers manejar su marioneta, es igualmente memorable).

Un amigo extraordinario es de esos extraños biopics que en realidad versan sobre algo más importante: la onda expansiva creada por el propio personaje retratado. El verdadero protagonista es, por eso, el periodista que logra desbloquear su trauma con la ayuda no pedida de Mr. Rogers, todo ello en los albores (si que él todavía lo sepa) de un momento fundamental de su vida. La figura del presentador, absoluto icono en la cultura popular norteamericana, permanece intocable, incólume: lo conocemos primero a través de las ondas catódicas, o su imagen, y luego a través de una conversación telefónica. Solo después, un par de miradas de profundo dolor (ver cuando Vogel le pregunta por sus hijos) o la discordante, e inquietante, nota final de un piano nos anuncian un océano de tristeza, el de un hombre decidido a dar todo lo que tiene a los demás. Hanks hace honor a esa persona construyendo un sujeto enigmático (lo que susurra en ese instante final al padre de Lloyd) y absolutamente mitificado en una película que opta, simplemente, por creer, pero que deja una rendija abierta para sentir.

En cierto modo, el Rogers que construye Tom Hanks funciona aquí como el reverso luminoso de Hannibal Lecter. Nunca sabremos demasiado de él (¿cual es la necesidad de "desenmascarar" un mito, tal y como pretende Vogel?) pero acaba convirtiéndose en el acelerador de todos los cambios a su alrededor. Rogers "ve" a través de Vogel igual que Lecter vio los corderos de Clarice.

Un amigo extraordinario es uno de esos dramas humildes que pueden ser malinterpretados como cursis, cuando en realidad versan sobre encarar, gestionar, ese mundo de sombras infinitas que se oculta en cualquier ser humano. Formalmente será tildado de telefilm, y ciertamente sufre de algún exceso melodramático, pero me da igual: es una película realmente buena.

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