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Crítica: 'Antebellum', de los productores de 'Déjame salir', con Janelle Monáe

Antebellum es una película de terror que denuncia el racismo en la sociedad americana tanto actual como del pasado.

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Antebellum es una película de terror que denuncia el racismo en la sociedad americana tanto actual como del pasado.
Antebellum | DeAPlaneta

Antebellum comienza con una frase de William Faulkner y a partir de ahí va subiendo puestos en un particular y desvergonzado tour de force, el que la película mantiene consigo misma para demostrar que la esclavitud sigue campando a sus anchas en Estados Unidos. El equipo de producción de anteriores obras de Jordan Peele, que ya trató el racismo institucionalizado y casi congénito en las excelentes Déjame salir y Nosotros, se aleja sin embargo de aquellas logradas producciones con un thriller serio, ampuloso, manipulador… y unos cuantos adjetivos más.

Antebellum dedica sus tres cuartos de hora iniciales a simular que es Doce años de esclavitud, un drama histórico en el que sus protagonistas de color son vejados, violados y asesinados en un campo de algodón mientras preparan su levantamiento. En algún momento, sin embargo, nuestra protagonista, la esclava Verónica (Janelle Monáe) despierta en los EEUU de la actualidad, en su propia cama, junto a su marido y su hija… y a punto de dar una conferencia sobre raza y género ante una audiencia receptiva.

La cabriola narrativa de la película de Gerard Bush y Christopher Renz, digna de un capítulo de Perdidos, no resulta suficiente para justificar todas las facilidades de un film cínico y manipulador, que utiliza todos sus abundantes medios para encender una revolución violenta que ya está teniendo lugar. Antebellum no se anda con chiquitas, eso hay que reconocérselo, pero que nadie se engañe sobre su apuesta por el simulacro y la alucinación, puesto que son meras excusas formales: su afirmación de que en EEUU hay una guerra civil que hay que librar con violencia es tajante.

No es el único detalle perverso de una película que trata de ser polémica, pero que simplemente está equivocada en todo, desde sus preceptos estéticos hasta los morales. Y que, además, trata de engañar al espectador con múltiples cebos argumentales que al final solo son cabos sueltos. Renz y Bush se dedican, a modo de postre, a enfatizar las pretensiones con una enfática cámara lenta, planos secuencias (cómo no) y otros exquisitos recursos que no hacen sino alimentar el ego de una película sobreproducida, carente de todo sentido del humor (y que cuando lo tiene, resulta aún más inmoral: ver el abuso verbal al que dos personajes someten a un camarero y a un cliente en el restaurante, concebidos por alguna razón que se me escapa como alivio cómico…). Antebellum es una película fatua, cínica y, en su afán de denunciar el racismo, un tanto racista. Como thriller de terror a lo Twilight Zone, uno absolutamente inoperante.

Antebellum se estrena en cines el miércoles 2 de septiembre.

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