Menú

La desgarradora historia de un padre soltero que busca familia de adopción para su hijo antes de morir

Día de dramas en la Seminci con una acertada Nowhere Special, una a mitad de camino Minari y el aburrimiento de The Wasteland.

0
Día de dramas en la Seminci con una acertada Nowhere Special, una a mitad de camino Minari y el aburrimiento de The Wasteland.
Nowhere Special

El director italiano Uberto Pasolini se caracteriza por cocer a fuego lento los sentimientos del espectador hasta hacerlos aflorar en el momento y medida justos. Su última película, Nowhere Special, es un buen ejemplo de ello. Película que ha presentado en la Seminci tras su paso por Venecia. En esta ocasión vemos la historia de un padre soltero que ha criado solo a su hijo de 4 años después de que la madre los abandonase al poco de nacer el pequeño.

Pero la parte desgarradora de la historia la vamos a descubrir muy pronto en el metraje. Este padre, que no tiene más familia que su hijo, se está muriendo y antes de tan trágico fin quiere encontrar una buena familia adoptiva para el pequeño. A lo largo de la película veremos las peculiares entrevistas que realiza con diferentes tipos de familias. Con estos ingredientes y en manos de otro director, Nowhere Special hubiera derivado en un empalagoso melodrama de la sobremesa.

Sin embargo, Pasolini, responsable de otro gran drama como Nunca es demasiado tarde, sabe perfectamente contener los momentos emotivos. Una de las claves de la película son sus interpretaciones, la de James Norton, magnífico actor que descubrimos en Mr Jones sobre el Holodomor en Ucrania, y la del pequeño Daniel Lamont. Pasolini contaba a Es Cine que "James es muy generoso y sabía perfectamente que el peso de la película recaía en el niño con el que entabló una verdadera historia de amor y amistad durante el rodaje". Para colmo, mientras guardas el pañuelo en el bolsillo te llevas la sorpresa de que está basada en una historia real.

Como el día iba de dramas, ahora tocaba el turno a Minari, de Lee Isaac Chung, una película norteamericana que nos sitúa en el Arkansas de los años 80. Allí llegará una familia de origen coreano tras el sueño del padre de familia, sexador de pollos de profesión, de cultivar la tierra con productos coreanos convencido del aumento de la demanda por la constante llegada de compatriotas a EEUU. En aquella finca pondrá todos sus ahorros, incluidos los destinados para cubrir las necesidades de su hijo de 7 años enfermo del corazón.

Ni su mujer ni sus hijos terminarán de adaptarse al entorno y, menos aún, a la casa portátil sobre ruedas. La situación no mejorará con la llegada de una suegra de lo más peculiar. Minari, siendo una película entretenida, no termina de emocionar lo que debería. Quizás porque recurre demasiado a momentos de humor con la suegra, por la excesiva duración (115’) o a lo poco que transmiten sus actores. Y no es una cuestión de contención como en el caso anterior.

La última película del día parece que estaba destinada a rematar a los que hubieran sobrevivido a la cinta india El discípulo de días anteriores. En esta ocasión el director, Ahmad Bahrami, pretendía matarnos de aburrimiento con la iraní The Wasteland (La tierra baldía). La película comienza con el dueño de una "fábrica" de ladrillos a la antigua usanza reuniendo a sus trabajadores, familias de diferentes etnias que no sólo trabajan sino que malviven allí en la más absoluta miseria, para comunicarles que ha vendido la fábrica.

Una charla que veremos al menos 5 veces, perdí la cuenta con las cabezadas, repetida para intentar darnos diferentes perspectivas cuando sólo hay una, el aburrimiento. Esa técnica ha sido usada en incontables ocasiones en el cine y a menos que recurras a ella de una forma original, lo único que causas es cansancio, porque además la escena en sí no es precisamente corta.

Si a eso unimos que está rodada en 4:3, en blanco y negro y que casi todas las escenas están contadas visualmente con barridos, empezando en un punto donde no vemos a los personajes para ir muy lentamente, ¿se habría dormido el operador haciéndolo?, hasta sobrepasarlos y terminar en la nada. Y eso es The Wasteland, la nada más absoluta por mucho que algunos quieran ver poesía en ella.

Temas

En Cultura

    0
    comentarios

    Servicios