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Los Oscar que "sermonean" y hacen "cambiar de canal"

La gala más soporífera que se recuerda: sin ritmo, ni emoción ni gracia.

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La gala más soporífera que se recuerda: sin ritmo, ni emoción ni gracia.
Cordon Press

La gala de los Oscar arrancaba con mucho optimismo en la alfombra roja, una alfombra roja muy diferente. El primer gran cambio era el escenario, la Union Station de Los Ángeles en lugar del habitual Dolby Theatre. Y además sin público gritando el nombre de las estrellas de Hollywood. Ha sido la primera gran alfombra roja de la temporada ya que a diferencia de Los Globos de Oro, los Bafta británicos y los caseros Goya los nominados sí estaban presencialmente, al menos la mayoría.

Durante el programa previo a la ceremonia de los Oscar hacían hincapié en que estaban vacunados y se les había realizado pruebas de covid. De hecho, invitaban a la gente a acudir a vacunarse, "que es gratis". A diferencia de la gala de los Goya en España, mucho más sobria y emotiva, Hollywood ha apostado por mostrarse sonriente, por vender su producto. Si bien es cierto que los Goya se produjeron hace un mes con la vacunación apenas empezada mientras que los Oscar tienen lugar en un momento en el que EEUU ya tiene a la mitad de la población adulta vacunada. Momentos antes del inicio de la gala emitían un vídeo donde gritaban a los cuatro vientos que los cines vuelven a estar abiertos, que ya tienen enfriando los refrescos, calentando las palomitas y cambiando las bobinas (en verdad no porque casi todo es digital, pero la nostalgia).

Este año tampoco ha habido presentador como viene siendo habitual. No obstante, sí ha tenido un inicio o algo parecido a cargo de la actriz y directora Regina King en un impresionante recorrido desde la calle hasta el escenario en el interior de la Union Station de Los Ángeles con el primer Oscar a entregar en la mano. Una vez ante las cámaras daba la bienvenida a "la edición 93 de los Oscar" para acto seguido afirmar: "Tengo que ser sincera, si las cosas hubieran sido diferentes la semana pasada en Minneapolis hubiera cambiado los tacones por unas botas de combate". Hacía referencia al juicio en el que el jurado declaraba culpable al exagente de policía Derek Chauvin por la muerte de George Floyd en Minneapolis.

Regina King añadía algo más: "Sé que muchos en casa estáis corriendo para echar mano del mando a distancia cuando pensáis que Hollywood os está sermoneando pero como madre de un hijo negro sé que el miedo con el que tantos viven, viven con él por mucha fama o dinero que tengan". Hasta aquí llegó las menciones estrictamente políticas.

Pese a ese inicio esperanzador del pre-show la gala fue soporífera. Previamente nos habían dicho que iba a ser un homenaje al cine, curioso homenaje ese en el que no vimos cine. Tradicionalmente al leer el nombre de los nominados se proyectan fragmentos de las películas en las que participan y presentan las nominadas a Mejor Película con piezas muy vistosas que inviten a verla si todavía no lo has hecho. Pero este año no fue así, se limitaban a leer los nombres y a abrir el sobre. A ello continuaban discursos larguísimos en algunos casos ya que no han cortado a ninguno subiendo la música, como también era tradicional.

Otra costumbre de la Academia de Hollywood es intercalar números musicales con las canciones nominadas a Mejor Canción, pero en esta edición se interpretaron durante la alfombra roja previa, por lo que la gala fue una sucesión sin más de entregar premio-discurso largo. Curiosamente el ritmo lo pusieron donde no tenían que ponerlo, en el In Memoriam, precisamente en un año en el que tantos han desaparecido desgraciadamente. Tan fue así, que en algunos casos no daba tiempo ni a leer el nombre pero ralentizaban aquellos que querían remarcar. Han sustituido el "aplausómetro" por el "velocímetro".

Los Oscar también nos tienen acostumbrados a una escenografía impresionante con un escenario que cambia completamente su decorado en numerosas ocasiones. Esta vez debido al espacio elegido, la estación de tren de Los Ángeles, era un escenario fijo con una pantalla a cada lado, así que ni con florituras nos podíamos entretener. En definitiva, ha sido una gala para olvidar salvo tres momentos muy concretos: el discurso del director danés de Otra ronda recordando a su hija fallecida antes del inicio del rodaje, la abuela surcoreana Youn Yuh-jung flirteando con Brad Pitt al recoger el Oscar a Mejor Actriz de Reparto por Minari y el perreo de Glenn Close, toda una experta en saber perder.

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