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Rosa Belmonte

Un hombre en la cama

Antes de ser actor, o de que fingiera serlo, Luis Ciges fue muchas más cosas y tuvo una vida, sí, de película. Para eso es mejor ir al libro de Bartolomé Salas.

Rosa Belmonte
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Antes de ser actor, o de que fingiera serlo, Luis Ciges fue muchas más cosas y tuvo una vida, sí, de película. Para eso es mejor ir al libro de Bartolomé Salas.
Luis Ciges | Archivo

En la entrevista de El Mundo a Platanito se ve España. Una España triste y graciosa. Igual que Dios está en todas partes también está España. Al menos sin salir de España. Está en ese Platanito y sus hijos no reconocidos (de doce reconoce cuatro): "Hay un enano que tiene 50 años y sigue demandándome. ¿Pero qué le doy yo a esa criatura? Le puedo regalar lotería, como hago con el resto. Además, tiene toda la cara de Chenel". Que te salga un hijo con la cara de Antoñete no parece lo peor. Hay tanto que contar de esas vidas. La semana pasada fue el centenario de Luis Ciges (10 de mayo de 1921-11 de diciembre de 2002). Un español de otra España. Hijo de Manuel Ciges Aparicio, escritor y gobernador civil de Santander y de Ávila. También tuvo un destino en Mallorca, donde le asignaron un Rolls que había pertenecido a Primo de Rivera y que tenía hasta maceteros con flores en su interior.

Puede haber ceporrez por mi parte, pero no conozco un libro sobre la vida increíble de Luis Ciges. Sí libros donde se habla de Luis Ciges. Los que más me gustan son Algo más que secundarios: Más allá de la ficción, de Bartolomé Salas Martos, y La mirada encendida, de Ángel Fernández-Santos. Este decía que era inútil esmerarse en la escritura del guión y en cerrar el personaje, "pues luego él, al hacerlo suyo en la pantalla, lo volvía del revés como un saco y, con el imán de su gran inteligencia, su sosería calculada y su sagaz uso de la perplejidad, lo llevaba siempre, fuese quien fuese el personaje que le endosaran, al territorio del incrédulo y del escéptico, que era el único donde Luis Ciges se sentía a resguardo, bajo techo. Fue por eso un histrión islote, un bufo profundo y de especie única, cercado, casi encarcelado, por su piel sin antecedentes y sin prolongaciones más allá de sí mismo". Pero antes de ser actor, o de que fingiera serlo, en Plácido o en Amanece que no es poco, fue muchas más cosas y tuvo una vida, sí, de película. Para eso es mejor ir al libro de Bartolomé Salas.

En Extranjeros de sí mismos, el documental de López Linares y Javier Rioyo, cuenta su vida de voluntario en la División Azul, donde se alistó por miedo a las represalias. El padre había sido fusilado en Ávila por el ejército de Franco. Así que Ciges acabó muerto de frío en la estepa rusa. "A mí, de tanto arrimar las botas a la hoguera, se me quemaron las punteras y me asomaba el calcetín. Me dijo un teniente alemán que si quería botas nuevas. Le dije: ‘Pues mire, sí’. Total, que se dirigió a donde estaban los prisioneros y llamó a uno que había allí con unas botas de fieltro cojonudas. Desenfundó la pistola y se la iba a colocar en la sien cuando grité: ‘¡No, hombre, déjelo, que tengo otras!’. Le iba a pegar un tiro por las botas". También contaba que el sargento les dio orden "de matar con chulería", para que se viera que eran españoles.

En la vida ya normal se graduó en Realización y empezó a trabajar en los Estudios Moro. Luego fue a parar a TVE. Al equipo de decoración, donde era capaz de hacer grande lo pequeño. Una especie de parábola de los panes y los peces de la decoración. Inventó elementos abatibles y efectos de luces que disimulaban las diminutas dimensiones de los espacios. También recuerda Salas que se encerró en Montserrat cuando el ‘Proceso de Burgos’ y fue apartado en TVE. Después montó un documental sobre la vida cotidiana de barrios marginales de Madrid. Se editó de manera clandestina en el estudio de Ricardo Bofill: "Insistía en ayudarme y pegaba el negativo al revés".

Luego llegó el cine. Y lo mismo estaba en la particularísima Ditirambo, de Gonzalo Suárez, que en ¿Qué hace una chica como tú en un sitio como este?. O con Berlanga en La escopeta nacional y en Patrimonio nacional. En La colmena, de Mario Camus, era don Casimiro, desdentando galán de revista al que no se entendía desde la tercera fila. Don Leonardo (José Luis López Vázquez) pretende solucionarlo vendiéndole una dentadura postiza. Usada.

Pasó por el cine español. Por el de Iván Zulueta, Antonio Drove, Bigas Luna, Vicente Aranda, Jesús Franco, Pedro Olea, Almodóvar, Trueba… Escribe Ángel Fernández-Santos en La mirada encendida: "Sus huellas son leves, pues en ningún filme dejó un mazazo de presencia". A don Ángel Fernández-Santos no le gustó Amanece que no es poco. Su crítica decía: "El espectador ríe durante los primeros minutos del despliegue de anécdotas, pero poco a poco la fuente de la risa se va debilitando y a media película se agota y desaparece". Pero, demonios, en la película de Cuerda hay poso de hiel y mazazo de presencia de Luis Ciges, incluso siendo una película tan coral. Es legendario su "¿Me respetarás?", a Resines, el hijo. "Un hombre en la cama es un hombre en la cama".

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