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Juan Manuel González

Crítica de 'La Purga Infinita': la masacre llega a la frontera de EEUU y México

La quinta entrega de La Purga lleva la acción hasta la frontera de EEUU y México.

Juan Manuel González
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La quinta entrega de La Purga lleva la acción hasta la frontera de EEUU y México.
La purga infinita. | Universal

Convertida en franquicia multimedia (hay también una serie de televisión), la saga The Purge (aka La noche de las bestias) se ha convertido en la propiedad más lucrativa de su productor Jason Blum, productor especializado en cine de terror de bajo presupuesto que se ha apuntado la mitad de los tantos del género en su acepción más popular de la última década.

La primera película, con una idea tan efectista como aprovechable, propagaba el pánico con el minimalismo escénico de aquellas producciones Blumhouse al desarrollar el acoso y derribo a su protagonista, Ethan Hawke, en su propia casa, durante esa única noche sin ley en la que pacíficos ciudadanos (y no tan pacíficos) pueden salir y ajustar cuentas. Este escenario carpenteriano se fue ampliando progresivamente y llegamos ahora a la quinta entrega, La Purga Infinita, donde el asunto se sale de madre en fondo y forma y escala hasta el mismísimo western de frontera, con diversos grupos armados proclamando una "purga infinita" más allá de la madrugada.

En efecto, estamos en Texas, donde domina el consabido "melting pot" de cowboys e inmigrantes mexicanos y, ya saben, el muro de Trump. Lo bueno de esta quinta parte, más cuidada que la anterior, es el ritmo non-stop y que la demagogia se ajusta a lo que esperamos de una gustosa serie B de explotación, aportando al menos un personaje, el de Josh Lucas, con una cierta complejidad: un terrateniente que se encuentra frente a frente con sus impulsos más profundos y no sucumbe ante ellos. El comentario político no resulta cínico una vez enmarcado en el atractivo del escenario distópico de un actioner de terror y serie B mínimamente travieso, y tiene algún momento interesante. Al contrario, quizá lo que falta en realidad en el show es atrevimiento e imaginación, en vista de que el humor grotesco de la formidable La Caza (otra de Blum estrenada el año pasado y que pasó desapercibida) no podía presentarse aquí.

La película escrita por el creador de la idea original, James DeMonaco, pese a su simpleza conceptual, no reduce la conducta depredatoria a una sola razón y hace que la violencia funcione en al menos dos sentidos, abordando no solo la raza sino las coordenadas socioeconómicas, conservando el irónico juego del opresor oprimido del "home invasión" inicial mediante un determinado nivel de inversión… inmigratoria. Aquí además hay tres parejas que abordan un espectro humano más amplio y que proporcionan a la película el aire suficiente para jugar durante una hora y media de enredo y persecución.

Pero el análisis del supremacismo y el conflicto racial se acaba ahí en esta Purga Infinita, y casi mejor. Un show de bajo presupuesto resuelto con solvencia donde destaca el escenario apocalíptico cotidiano de su último tercio pero falta carne y sangre, aunque no, eso sí, algunas escenas destacables, como esa en la que un nazi escucha la música de los disparos desde el furgón policial mientras recita entusiasmado el calibre de las armas.

La Purga Infinita se estrena en cines españoles el viernes 16 de julio.

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