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Juan Manuel González

Crítica: 'Las consecuencias', con Juana Acosta y Alfredo Castro

Las consecuencias parece un drama sobre el duelo, pero la panorámica que traza sobre sus personajes descubre nuevos aspectos.

Juan Manuel González
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Las consecuencias parece un drama sobre el duelo, pero la panorámica que traza sobre sus personajes descubre nuevos aspectos.
Juana Acosta en Las consecuencias | Archivo

Ganadora de dos biznagas en el Festival de Málaga, el Premio del Jurado de la Crítica y Premio a la Mejor Actriz de Reparto, Las consecuencias es un drama familiar que huye de lo lacrimógeno y lo tétrico gracias a un formidable, elegante y poético trabajo de puesta en escena de su directora, Claudia Pinto Emperador.

Las consecuencias narra el viaje personal y familiar de Fabiola (Juana Acosta), una mujer que se acaba de quedar viuda, a una diminuta isla canaria. Junto a ella, su padre y su hija adolescente, que afrontan cada uno de ellos sus propias circunstancias: la ruptura familiar del primero, al parecer nunca del todo superada, y la apertura sexual de la segunda, caldo de cultivo ideal para ciertos esqueletos en el armario. Ambientada en La Gomera, la cámara de Pinto saca el máximo provecho del árido, volcánico pero fascinante entorno natural de esta villa de pescadores de casas excavadas en la piedra.

La película de Pinto es un drama, pero parece impulsarse a través de sensaciones provenientes del cine de suspense. La manera de tejer el tapiz de recuerdos de Fabiola, la supuesta única protagonista del relato, y el juego con elementos simbólicos puramente visuales (capaces en última instancia de crear emoción por sí mismos) crea una atmósfera atrayente que compensa las derivas de lo que podría ser un mero drama lacrimógeno.

Y he aquí que, de alguna manera, Pinto se las arregla para complementar, o hacer bascular, el relato hacia el personaje de un excelente actor chileno Alfredo Castro, padre y abuelo de las dos mujeres. El relato muda del duelo de Fabiola al tormento de de éste último, y Pinto aborda temas escabrosos con una impecable elegancia, capaz de navegar entre la represión y el deseo, la sospecha y el trauma, sin ahorrarse alguna sorpresa argumental. El tratamiento visual tenebroso pero naturalista, definitivamente poético del filme, al margen de ideologías y modas, convierte Las consecuencias, en un estupendo retrato humano y desde luego un pequeño triunfo cinematográfico.

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