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Juan Manuel González

Crítica: 'Alerta Roja' (Netflix), con Dwayne Johnson, Ryan Reynolds y Gal Gadot

Alerta roja, que se estrena en Netflix, es un entretenido y olvidable espectáculo con un presupuesto de gran pantalla.

Juan Manuel González
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Alerta roja, que se estrena en Netflix, es un entretenido y olvidable espectáculo con un presupuesto de gran pantalla.
Alerta roja | Netflix

Alerta Roja, el poco original título español para Red Notice, hace referencia a la notificación de la Interpol a todos los servicios policiales para los delincuentes más buscados. La película de Rawson Marshall Thurber presentada como un exclusivo de Netflix es típica y tópica a más no poder, como su título, pero en sí misma hay también una voluntad de huida: películas como esta, dependientes al 100% del brillo y buen hacer de sus estrellas (que no, ojo, de sus interpretaciones: aquí no hay ninguna) se estrenaban a menudo en nuestras carteleras hasta que el branding estableció su dominio definitivo en los despachos de Hollywood, finiquitando definitivamente a un olfato comercial más, digámoslo así, humano.

Los tres fugitivos son Dwayne Johnson, Ryan Reynolds y Gal Gadot, esta última apareciendo y desapareciendo del filme como si los dos primeros fueran el Coyote y ella el Correcaminos. El McGuffin de la película -y así lo llama de manera explícita el segundo de ellos- son los tres huevos de Cleopatra que una familia egipcia ha puesto al mejor postor. El argumento, en realidad, tanto da, solo es una excusa para desplazar la acción de un lugar a otro cuanto más rápido, mejor. La nostalgia por un tipo de cine de acción menos calculador y descarado está servida por Thurber, director y guionista que, de todas formas (y aquí está la pena de la película) vuelve a demostrar aquí sus limitaciones en ambas facetas.

Afortunadamente, Alerta Roja pasa de todo, hasta de la nostalgia, aunque ella misma sea una película absolutamente feliz de vivir en su propio mar de clichés. Bastante autoconsciente, pero sin ser una parodia descarnada, todo el músculo de la obra reside en los tres astros que aquí parecen tomarse un divertido descanso del cine corporativo en el que se mueven y simplemente cultivar su propia imagen pública: Johnson, una imparable locomotora; Reynolds, un saltimbanqui bocazas; Gadot una indescifrable e inalcanzable amazona. Entre ellos en realidad no hay ninguna química, aunque tampoco hace falta. Pese a lo todo anterior (y afortunadamente, dadas las circunstancias) si algo no es la película escrita y dirigida por Thurber es un intento de rememorar el cine clásico o facturar algo de aroma "indie" o elegante, como Soderbergh con sus Ocean’s Eleven.

Si ello ocurre es porque el director y guionista Rawson Marshall Thurber carece del lustre de los mejores artesanos. Por ejemplo, en una película de 160 millones de dólares y localizada en casi una decena de localizaciones mundiales (incluyendo Valencia, España) se usa y abusa de la irreal pantalla verde para ubicar a los actores en los escenarios y las escenas de acción. Este artificio digital resta encanto y credibilidad visual al filme (aunque habría que preguntar a las nuevas generaciones si esto importa ya a alguien) y certifica que comparar al director de El Rascacielos, también con Dwayne Johnson, con algunos de los artesanos que dirigían películas como Alerta Roja durante los ochenta o noventa (llámese Ivan Reitman, James Cameron, Michael Bay o incluso, por qué no, Steven Spielberg) directamente provoca el sonrojo. También es cierto que estamos ante ese tipo del filme en el que da igual todo, incluso esto, y su eventual tosquedad no extirpa todo el disfrute a la película, y de hecho a veces hasta suma.

Alerta Roja es la típica comedia de acción que te gusta ver, con el músico Steve Jablonsky (Transformers) imitando unas veces al mítico Henry Mancini y otras a sí mismo; con unos colores saturados que llaman al ojo y que ya hablan de su premeditada ligereza como producto de consumo rápido, concepto que alegra ver que también sirve a Netflix en su acepción cinematográfica. También con algunos gags, como aquel que fuerza a Dwayne Johnson a ponerse una máscara de Eyes Wide Shut que apenas cubre un cuarto de su rostro para pasar desapercibido, que anuncian cierta inteligencia. Hay algo en cómo se administra la escasa información que necesita el filme para avanzar que efectivamente captura al espectador de blockbusters, que por cierto, y no vale dar un paso atrás, somos todos. No del todo lograda pero disfrutable, y desde luego, entretenida.

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