Menú
Rosa Belmonte

El día que Frankenstein iba a venir de Transilvania

El superagente 86 supuso un buen dinero para Mel Brooks, que de esa manera pudo casarse con Anne Bancroft.

Rosa Belmonte
0
El superagente 86 supuso un buen dinero para Mel Brooks, que de esa manera pudo casarse con Anne Bancroft.
Mel Brooks y Anne Bancroft. | Cordon Press

Pierre Casiraghi y Beatrice Borromeo son una de esas parejas que tiran de espaldas. Pero son palabras menores. No se podía molar más que John Cassavettes y Gena Rowlands. O más atrás, Clark Gable y Carole Lombard. Luego están las parejas en las que no destaca la belleza de ellos, pero también molan. Julie Andrews y Blake Edwards. O Mel Brooks y Ann Bancroft. De estas dos parejas, Julie Andrews y Mel Brooks son los viudos. El viudo Brooks, de 95 años, ha publicado sus memorias, All About Me! My Remarkable Life in Showbusiness. El cómico, guionista, actor y director ha despachado unas 800 páginas que empiezan en 1931 yendo a ver Frankenstein. El director y guionista de El jovencito Frankenstein (con Gene Wilder y Mary Shelley, claro) la vio a los cinco años y, temeroso, cerró la ventana para dormir. Aunque hiciera un calor espantoso. Para convencerlo de que la abriera, su madre le dijo que sí, que Frankenstein quería venir a comérselo. Pero habría problemas. Primero tenía que ir desde Transilvania a Brooklyn. Coger un autobús o un tren y luego un barco. Nadie iría a recogerlo. Y una vez llegado a América no tendría ni idea de cómo funciona el metro. En el caso de que consiguiera llegar a Brooklyn, tendría que dar con South Third Street y comerse primero a los Rothstein, cuya ventana sería la primera abierta que encontraría. A su madre la consideraba una "auténtica heroína", pero no tenía muy claro de dónde venían los monstruos.

Escribe mucho de los años con Sid Caesar. De Your Show of Shows. Nunca se consideró un escritor hasta que en 1950 vio su nombre por primera vez en los créditos de Your Show of Shows (lo escribían él, Mel Tolkin y Lucille Kallen). Pero me voy a 1961, cuando conoce a Anne Bancroft. Acompañó a un amigo que tenía que tocar el piano para ella en un ensayo. Cuando la vio y la oyó cantar se levantó, empezó a aplaudir y a gritar: "Anne Bancroft! I Love You!". Ella se rio y contestó: "¿Quién demonios eres?". "Soy Mel Brooks, nadie de quien hayas oído hablar". "Eso no es verdad. Tengo tu disco con Carl Reiner ‘2000 Year Old Man. Es fantástico". Todo a voz en grito. Y ahí empezó todo. Cuando él silbó para llamar a un taxi, ella le dijo que era el mejor silbido para llamar a un taxi que había escuchado nunca. Fue el 5 de febrero de 1961. Empezó a investigar dónde estaba Anne en cada momento. Y se presentaba en un restaurante, en un night club, donde fuera. "Es increíble. Nos encontramos siempre en los mismos sitios. Es el destino", dijo él. "No es el destino. Estás siguiéndome. Si quieres verme, ¿por qué no me pides una cita?". Lo hizo y se vieron cada noche. A los dos les gustaban las películas extranjeras. A los dos les gustaba la comida china. Esto estaba bien porque era la más barata. Pero él no tenía un duro. Como ella conocía la situación, una vez que llegó la cuenta le pasó un billete de 20 dólares por debajo de la mesa. La cuenta eran once o doce dólares y él soltó al camarero mientras le daba el billete: "Quédese con el cambio". Bancroft se pilló un rebote: "Mira, pez gordo, no dejes propinazas con mi dinero".

Mel se quería casar con Anne, pero no veía cómo. "No ganaba bastante dinero mantenerla. No para que viviera como ella estaba acostumbrada, para que viviera de ninguna manera". Pero en 1964 tuvo un golpe de suerte. Get Smart. O sea, lo que aquí se llamó El superagente 86. Danny Melnick y David Susskind: "Necesitamos una serie y queremos que la escribas. El inspector Clouseau y James Bond son lo que ahora triunfa. ¿Tienes alguna idea?". También le preguntaron si quería escribir con alguien. Claro, con Buck Henry (luego escribiría El graduado y El cielo puede esperar). Por entonces en el cine y la televisión había agentes secretos. Sean Connery en el cine como Bond y Robert Vaughn y David McCallum en The Man from U.N.C.L.E (aquí se llamó El agente de Cipol). Mel Brooks quería hacer algo loco. Nadie había hecho una serie sobre un agente de la CIA que fuera un imbécil, así que decidió ser el primero. Otro golpe de suerte fue tener de secretaria a Alfa-Betty Olsen, que era amiga suya y que les seguía el ritmo. Buck y Brooks tardaron tres meses y medio en escribir el piloto. Estaban encantados con Don Adams y Barbara Feldon. Se lo pasaban bomba inventando cachivaches. A Mel se le ocurrió el zapatófono. Presentaron el piloto a la ABC y a la cadena no le interesó lo que vio. Pero vino otro golpe de suerte. Brooks contaba con amigos en la NBC. Grant Tinke le preguntó si tenía algo que le hubiera sobrado de los tiempos de Sid Caesar, algo que no hubiera utilizado. Estaban buscando programas divertidos. Enseguida vio el piloto y lo compró. "Lo mismo me pasó diez años después con Columbia Pictures y El jovencito Frankenstein… Cuando les dije que quería filmar en blanco y negro se volvieron locos y dijeron que en la vida. Entonces la llevamos a Alan Ladd Jr. a Twentieth Century Fox. El resto no es sólo historia; es algo que explico en un capítulo más tarde".

El superagente 86 supuso un buen dinero para Mel Brooks. "Así, el 5 de agosto de 1964 me pude casar con Anne y pagar las facturas. No sólo podía llevarla a cenar, sino que no me tenía que pasar el dinero por debajo de la mesa para pagar la cuenta". Durante la boda en Nueva York tuvieron que aguantarse la risa porque el que la oficiaba tenía una voz loquísima, "Dooo youuuu Anna Marie Louise Italianooooo". Me lo imagino algo así como el Gallo Claudio. En ningún momento de la ceremonia pudieron mirarse para no caer al suelo muertos de la risa. Además, a Mel se le había olvidado el anillo y utilizaron un pendiente de Anne. Al final cogieron un taxi camino de su nueva casa en el Village besándose y besando el pendiente que les había servido de anillo.

En Cultura

    0
    comentarios

    Servicios

    • Inversión
    • YoQuieroUno
    • Radarbot
    • Historia