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Manuel Román

Alain Delon pide que le apliquen la eutanasia a causa de una grave enfermedad

Anunció en 2017 su retirada y en 2019 se colocó ante las cámaras por última vez. Sus días hasta aquí han sido penosos. Entre la nostalgia y el dolor.

Anunció en 2017 su retirada y en 2019 se colocó ante las cámaras por última vez. Sus días hasta aquí han sido penosos. Entre la nostalgia y el dolor.
Alain Delon en 1960 | Cordon Press

El más popular de los actores franceses, Alain Delon, residente desde hace años en Suiza, ha solicitado a través de uno de sus hijos, que le sea aplicada la eutanasia a causa de los dolores que sufre por su avanzada enfermedad, complicada además por una depresión que arrastra hace tiempo. A sus ochenta y seis años cumplidos el pasado noviembre, se despidió del cine en 2019, cuando pudo recuperarse lentamente de un accidente cerebro vascular, ictus que terminó llevándolo a una silla de ruedas. Desde entonces, su salud ha ido resquebrajándose. Le afectó muchísimo la muerte de su gran amigo y compañero Jean Paul Belmondo en septiembre de 2021, a cuyas exequias asistió con su figura, sobre todo el rostro, muy deteriorada. Quien fuera uno de los más atractivos galanes del cinema europeo ya era consciente de su extremada decadencia. Volvió a su hogar suizo, país donde la eutanasia está permitida, debidamente amparada en sus leyes. Hace tiempo que a solicitud suya le fue concedida la ciudadanía del país alpino, que eligió para residir, huyendo de la presión del Fisco galo.

Tuvo Alain Delon una infancia y adolescencia tristes. Sus padres se separaron cuando él contaba sólo cuatro años; quedó bajo la tutela materna. No es difícil imaginarse cómo un chaval revoltoso, a esas edades, ajena la presencia paterna, comete toda clase de tropelías. Y ahí se fraguó en el futuro actor un carácter independiente, peleón, que luego desarrollaría en su juventud con mayor virulencia. Hubo de ponerse a trabajar con catorce años como ayudante en una pescadería, se marchó voluntario a la guerra de Indochina y al regresar ingresó en la Marina como paracaidista. También resultó ser descargador en el Mercado Central de París. Y camarero.

De manera casual terminó debutando en el cine con breves cometidos. Y en 1969 rodó en Italia a las órdenes de Luchino Visconti la película que iba a catapultarle a protagonizar sucesivas producciones: Rocco y sus hermanos. El gran director, de amplísima cultura, aristócrata de refinada vida, era un notorio homosexual. Quedó prendado de la belleza de Alain. Nunca ha podido constatarse que hubiera relaciones íntimas entre ambos, pero la sombra de la sospecha siempre rondó la carrera del galán francés, quien acusado en su día por uno de sus hijos de ser un redomado machista, declararía en cierta ocasión que comprendía muy bien a los "gays".

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Romy Schneider y Alain Delon (1961)

Dos años antes de Rocco y sus hermanos Delon hizo una película que, sin mayores consecuencias tras su estreno iba a determinar su unión a una de las mujeres de su vida. Su título era Amoríos, nunca mejor asociado a su fama como seductor. Ella se llamaba Romy Schneider, quien venía de protagonizar Sissi y una serie cinematográfica de secuelas sobre aquella emperatriz austríaca, muy edulcorada su existencia en esos fantasiosos argumentos. Romy quería romper con esa imagen algo ñoña y ello la llevó a aceptar papeles de mujeres más liberadas en la pantalla. Se reencontraron luego en el "set" de Christine, que fue cuando se enamoraron. Era 1959, él tenía veintitrés años, ella tres menos. Lo chusco es que al parecer a Romy no le cayó al principio nada bien Alain, del que decía era aburrido. Y para contraataque él la acusó de engreída. Mas bien era así el guaperas. Unos años de pasión romántica hasta que Alain rompió con ella en 1963 por culpa de sus veleidades amorosas con otras mujeres de paso. Pero volvieron a verse en La piscina, donde ella mostró sus encantos y él demostró que era ya un notable intérprete. Si hubo roces detrás de las cámaras no fueron suficientes para reanudar su romance interrumpido bruscamente. Y se despidieron como buenos amigos. A partir de entonces la vida de Romy Schneider tuvo pasajes de tristeza, melancolía y el permanente recuerdo del hombre al que más amó en vida: Alain Delon. Se casó, perdió a un hijo en trágicas circunstancias y acabó su vida en 1982, dicen que por ingestión de barbitúricos, lo que a pesar de la intervención forense nunca se probó públicamente. Delon expresó entonces su corazón dolorido, con esta frase: "Se ha ído mi ángel bello".

Cuando se dejaron, Alain siguió trabajando asiduamente en el cine, asociado a un sinfín de mujeres. Una de ellas fue la cantante germana Nico. Al enterarse de ese idilio, fue cuando Romy Schneider había puesto el grito en el cielo pidiéndole explicaciones a Alain, quien con su habitual comportamiento hizo caso omiso a sus lamentos. Nico vino a ser para él un mero entretenimiento, un capricho. Pero ella dio a luz un niño, inscrito como Christian Aaron Boulongne, ya que el francés se había largado sin querer saber nada de aquel bebé. Tras un largo proceso judicial el actor no tuvo más remedio, al ser condenado, de admitir su paternidad.

Más romances

Otro romance intenso lo sostuvo a partir de 1972 con una buena cantante de origen egipcio, Dalida, que triunfó en Francia y algo en España, donde grabó una canción dedicada a Manuel Benítez "El Cordobés". Alain y ella grabaron al alimón la canción "Parole, Parole", que en Italia había estrenado Mina y en España Carmen Sevilla y Paco Rabal. Dalida tuvo otros amores. Almorcé con ella. Tenía una belleza agresiva, rubia, de mirada penetrante. Alegre por fuera pero no sé por qué me pareció que en su interior haabía un poso de tristeza. Había pasado por un amargo episodio cuando en el Festival de San Remo un amante suyo, al que descalificaron su actuación, se suicidó. Se llamaba Luigi Tenco, aquel de "Ciao, amore, ciao". Y, lo que es el destino: tiempo después, también Dalida se quitó la vida.

Si asociamos la desaparición de Romy Schneider y Dalida en circunstancias trágicas, Alain Delon dejaba dos cadáveres exquisitos. Sin que ya él tuviera nada que ver, naturalmente, con aquellas muertes. Transcurría 1964 cuando llegó a sus brazos una atractiva marroquí, de nombre Nathalie Canovas Berthélemy, con la que protagonizó varias películas. Se casaron y ella adoptó por supuesto el apellido de su marido, que sería el utilizado también para su carrera artística. Alain y Nathalie Delon fueron pareja frecuente en la prensa francesa y en general en la europea. Un hijo nacido de su amor, Anthony, reforzó su convivencia, hasta que también se les rompió el amor, no sabemos si de tanto usarlo, parafraseando la melodía de Manuel Alejandro. Porque conocidos de la pareja insinuaron que ya en sus últimos tiempos de casados apenas mantenían relaciones sexuales y que vivían como si fueran tan solo buenos hermanos. ¿Quién dejó a quién? Lo ignoramos, pero Alain decía muy ufano que a él no lo plantaba ninguna mujer. Ya le llegaría su hora. Mireille Darc falleció en 2021.

Después de Romy Schneider, a quien más amó fue a la actriz Mireille Darc, dueña de una mirada felina. Muy cotizada en el cine francés. Quince años estuvieron juntos, sin casarse. Daban la impresión siempre de quererse mucho. Con todo ello, tarifaron en 1982. Mimí, que es como él la llamaba cariñosamente, no rompió la amistad entre ambos. Y su desaparición en 2017 dejó a Delon muy contrito.

A Mireille, le siguió en 1987 la actriz y cantante holandesa Rosalie Van Breemen, a la que vio por vez primera en el rodaje de Comme au cinema. Tampoco contrajeron matrimonio pero se amaron lo suficiente como para convivir hasta 2002. Un par de hijos llenaron su hogar, Anouchka, la preferida del actor, y Alain Fabien. Según contaron, Rosalie se hartó de Alain cuando se cruzó en su vida un multimillonario de la industria óptica. Aquello le supo al galán "a cuerno quemado". Entró en depresión. La primera vez que una dama lo dejó de la noche a la mañana. Le llegó su hora, como antes apuntamos.

Sus últimos años

Y ya entrado el nuevo siglo, Alain Delon iba perdiendo su galanura. No rompía tantos corazones como ayer. Al declinar su atractivo y de paso su cotización en el cine se fue sumiendo en un pozo melancólico. Ni siquiera se llevaba bien con sus hijos. Anthony, el primogénito, era un tanto estúpido (como yo mismo comprobé en Madrid durante un campeonato de golf al que le invitaron, sin participar desde luego, sólo por su apellido) y le causó más de un problema. Y sus hermanos tampoco se recataron a la hora de declarar en la prensa lo poco que querían a su progenitor. Lo tacharon de machista, misógino, fascista y homofóbico. Y Alain Fabien recordaba que de pequeño lo había encerrado una vez en una perrera "para que fuera más rudo".

Qué duda cabe que Alain Delon se sintiera preterido, sin el calor de sus descendientes, sin la compañía de alguna mujer de verdad que lo quisieran. Y en su vivienda suiza, viejo, aislado, anunció en 2017 su retirada. Aun así, interpretándose así mismo, en noviembre de 2019 se colocó ante las cámaras por última vez, en Toute Ressemblance, que estaba ambientada en los "talk shows" televisivos, esos programas de entrevistas y actuaciones, puro espectáculo. Quería antes de que definitivamente le abandonaran las fuerzas y la memoria, haber rodado por iniciativa propia un guión titulado La casa vacía. No pudo cumplir sus deseos. Sus problemas cardíacos no lo permitieron. El cine francés perdía así, aún en vida, a uno de sus más grandes actores. No llegó a ser un Gérard Philippe, desde luego, pero a éste le ganó en popularidad y en número de películas. Pudo desfilar, orgulloso, en la primavera de 2019, mes de mayo como es corriente, por la alfombra roja del Festival de Cannes, donde le sería entregada la Palma de Oro honorífica. Se la merecía. Ya su sonrisa se acercaba a una mueca, las arrugas cruzaban su rostro y el brillo de sus ojos gatunos habían perdido destellos.

Sus días hasta aquí han sido penosos. Entre la nostalgia y el dolor. Ya en sus momentos serenos pudo decir que había gozado en su vida. La que ahora quiere quitarse. Brigitte Bardot, el otro lejano icono del cine francés, pronunció una frase tan feliz como demoledora: "La última mujer de Delón será la Muerte". La que espera si las autoridades suizas competentes en su caso así lo deciden, permitiendo que se le aplique una inyección de pentobarbital sódico, fármaco letal utilizado en las sentencias penales de muerte.

Un tema muy debatido, lo que nos lleva a la historia del gallego Ramón Sampedro. La Iglesia Católica siempre se ha pronunciado en contra de la eutanasia.

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