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Juan Manuel González

Crítica: 'Men', la película de terror feminista de Alex Garland

Men es un excelente thriller de terror psicológico con un simbolismo que echará atrás a muchos espectadores.

Men es un excelente thriller de terror psicológico con un simbolismo que echará atrás a muchos espectadores.
Imagen de Men | Vertice

Presentada como un nuevo ensayo fílmico sobre la masculinidad tóxica en clave de terror, y particularmente de terror elevado, Men triunfa como película de suspense y horror sin pretenciosidades gracias a un mensaje inquietante, más ambiguo que apaciguador, y una excelente interpretación de Jesse Buckley convertida ya en una suerte de musa de las películas de realidades psicológicas tras Estoy pensando en dejarlo.

Si Men se eleva como thriller y buen film de terror por derecho propio, en vez de sumarse al ya enorme cuerpo de películas meramente coyunturales sobre feminismo o liberación femenina, es por la voluntad de su creador, Alex Garland, de aportar al tema un simbolismo propio y personal (y emparentado con anteriores films del creador de Aniquilación y Ex Machina) y un notable conocimiento del relato gótico en su acepción más clásica.

Harper (Jesse Buckley) es una mujer que se traslada a un caserón en las afueras para pasar unos días apartada. En la ciudad deja atrás, o así lo pretende, una tragedia personal relacionada con su marido que sin embargo saldrá a la luz una vez la joven descubre que está siendo observada…

Tal y como revela el tráiler, la protagonista descubre que todos los hombres de la aldea son, literalmente, iguales, interpretados por tanto por el mismo actor Rory Kinnear. La idea permite a Garland ir, sin embargo, más allá del eslogan social y plantear una ficción en la que se plantea dónde empieza la realidad y dónde la interpretación de Harper, en la que se rechaza la broma irónica para explorar mediante el simbolismo de sus imágenes las frases hechas de la actual coyuntura social (del mismo modo que todos los hombres son iguales, todas las mujeres son inestables). El resultado es una película que puede ser impugnada por ambos grupos y que, por tanto, resulta casi automáticamente interesante y valiosa por sí misma.

Tras los momentos crípticos "marca Garland", Men propone un terror donde el drama y lo fantástico se funden, se juega con los subgéneros (memorable lo que hace Garland con el concepto de "invasión doméstica", como también de sus toques "gore") así como con el concepto de víctima y victimario. Men es, efectivamente, un cuento de liberación femenina, pero uno que sabe mostrar en pantalla el diálogo interno de una mujer con sus peores miedos, fantasmas e inseguridades -y también con su probable complejo de culpa- sin aburrir con discursos al espectador. Pero ojo, también sin ahorrarse puyas al entorno evidentemente hostil que la heroína tiene que afrontar.

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