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Juan Manuel González

Crítica: 'La Mujer Rey', con Viola Davis

La Mujer Rey es una película cuya falta de poderío visual la aparta de la excelencia, aunque los resultados finales no estén nada mal.

La Mujer Rey es una película cuya falta de poderío visual la aparta de la excelencia, aunque los resultados finales no estén nada mal.
La Mujer Rey. | Sony

La Mujer Rey es la general Nanisca, un papel a medida de la productora y protagonista Viola Davis, y el propósito de la película dirigida por Gina Prince-Bythewood es asemejar su odisea a otras películas míticas de aventuras más o menos históricas como Gladiator, Braveheart o Rey Arturo, por citar solo las más recientes. Unos zapatos un tanto grandes para la meramente funcionarial dirección de Bythewood, que no obstante se las apaña para facturar un correcto film de acción que se beneficia de un buen reparto y una historia que justifica el relato más allá de la coyuntura.

Y esas circunstancias, justas o no, son las de facturar espectáculos de mujeres empoderadas y de color como las que protagonizan La Mujer Rey. Lo cierto es que la película no sufre tanto por esas obligaciones contractuales como por la falta de gracia visual de la directora, que tampoco potencia la violencia de las batallas para así lograr una calificación por edades más accesible.

1823, Oeste de África. Viola Davis es Nanisca, líder del grupo de guerras Dahomey denominadas Agojie. Este comando se ve obligado a enfrentar la tesitura más difícil de su historia: los británicos están armando a las tribus rivales para debilitar a su monarca y embarcar a Dahomey en una insostenible guerra civil con otros reinos. Por el camino y mientras entrena a una nueva generación de guerreras, Nanisca se encuentra con algunos problemas sin solventar de su pasado que corren el riesgo de marcar a fuego la evolución de la guerra.


La Mujer Rey consigue incorporar nociones netamente femeninas a un espectáculo habitualmente masculino, y Viola Davis es una intérprete perfectamente capaz de acometerlos con la fuerza correspondiente. El problema de la película, y no es poca cosa, es la falta de gracia visual de un filme que, además, es demasiado largo. Vivimos tiempos en los que la televisión se equipara el cine, pero en los que el cine también se ha equiparado a la televisión, y abundan los shows cinematográficos que no saben economizar en ciertos aspectos narrativos.

Las pretensiones de símbolo cultural del filme, por tanto, no se ven equiparados con la iconicidad visual. No contribuyen actuaciones más bien mediocres como la de John Boyega. La Mujer Rey pide a gritos un director o directora con las cualidades simbólicas y el poderío visual (y la violencia) de un Zack Snyder o un Ridley Scott, y eso brilla aquí por su ausencia. Como si abordar el género de sus protagonistas o la necesaria reivindicación de la identidad cultural negra supusiera anular las cualidades aventureras de un director concreto. El resultado, no obstante, no es nada desdeñable pese a no rozar la excelencia e intensidad que podría haber alcanzado semejante material: hay giros dramáticos bien planteados y ejecutados, y su planteamiento del cine de acción mezclado con melodrama alcanza momentos de incuestionable eficacia. La Mujer Rey es una película que no está nada mal, aunque uno no puede evitar apreciar sus puntos a mejorar.

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