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'La promesa de Irene', la joven que escondió a un grupo de judíos en casa de un nazi

La promesa de Irene es un drama histórico que devuelve a los nazis al carril convencional tras La zona de interés.

La promesa de Irene es un drama histórico que devuelve a los nazis al carril convencional tras La zona de interés.
La promesa de Irene con Sophie Nélisse. | DeAPlaneta

De vuelta al relato habitual del Holocausto y la Segunda Guerra Mundial tras La zona de interés de Jonathan Glazer, La promesa de Irene cuenta la historia de Irena Gut, una enfermera polaca que lo arriesga todo para, en la Polonia ocupada de 1939, salvar a una docena de judíos escondidos en la misma casa donde la joven ejerce de ama de llaves de un importante oficial nazi.

Si la promesa de Irene es no quedarse quieta ante la pérdida de vidas, la de la propia película es compaginar el relato biográfico de Irene Gut con un thriller dramático que maneja ciertos elementos de tensión. El encierro de los judíos en casa de un oficial alemán, los intentos de Irene de ocultar su plan y las acciones de los villanos (inolvidable el episodio del bebé en un film, por lo demás, bastante moderado) dan material para mantener cierto pulso de suspense con el espectador por los que la directora Louise Archambault nunca llega a apostar.

La realizadora de Y llovieron pájaros decide no jugar al escondite con los personajes y se adentra en la historia de manera respetuosa, sin acentuar el melodrama afectado o los episodios turbios, quedándose en correcta y funcional. El interés sube en la segunda mitad de la historia gracias, precisamente, a ese componente de thriller y el manejo de la información de la propia Irene de cara a los nazis que sí está presente en el guion de Dan Gordon (llamativamente responsable de al última entrega de Rambo, Last Blood).

El resultado de tal decisión, junto al impersonal retrato de los propios judios (a veces reducidos a un mero McGuffin) perjudican lo que por otro lado resulta un correcto drama de época muy bien liderado por Sophie Nélisse y Dougray Scott, afrontando éste el papel más interesante de toda la película. A diferencia del oficial Rokita, el clásico psicópata nazi, el comandante Rugmer y el giro aportado por el personaje que precipita el último acto suman una capa adicional de complejidad psicológica y moral a un relato funcional que, por respetuoso, se queda en convencional.

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