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'El pasajero nocturno': puro terror sin necesidad de coartadas intelectuales

El filme de André Øvredal se sitúa con éxito en la taquilla española gracias a una propuesta clásica, eficaz y repleta de sustos genuinos.

El filme de André Øvredal se sitúa con éxito en la taquilla española gracias a una propuesta clásica, eficaz y repleta de sustos genuinos.
Pasajero nocturno | Paramount

Sin hacer demasiado ruido, si acaso solo para los fans del género, el filme de terror El pasajero nocturno se estrenó hace un par de semanas. Y sin demasiado escándalo, se colocó en un buen lugar en la taquilla española. El filme de André Øvredal (director de La autopsia de Jane Doe) confirma al realizador como uno de los artesanos más trabajadores y modestos del cine de terror actual. Su película no se apunta a ninguna corriente, ni elevada ni festiva, ni elegante ni sanguinolenta, ni moderna ni nostálgica, para ganarse la aprobación de todos aquellos que necesitan algún tipo de coartada intelectual para disfrutar del género.

Al contrario, en El pasajero nocturno el director noruego disemina un puñado de sustos descarados (los mejores de la temporada) y algún que otro efecto sanguinolento (pocos, pero para que se vea que no se rechaza el gore) que convierten la producción en un filme de terror típico, clásico pero moderno en su premisa, que no tiene miedo al miedo y que no necesita reformular nada.

La historia de una joven pareja que practica la acampada en carretera y descubre que una presencia les está siguiendo —la 'niña de la curva', pero peor— permite a Øvredal realizar dos secuencias, la del aparcamiento en el gimnasio y la de la proyección de Vacaciones en Roma (sí, como lo leen), que aterrorizan al más pintado por su variedad de recursos, y camuflar un viejo filme de terror religioso, de puro enfrentamiento del bien contra el mal, en un relato que se puede contextualizar en el creepypasta moderno (historias y leyendas surgidas en internet) para llamar la atención las nuevas generaciones.

Ahí está la metáfora de los dos protagonistas en carretera y su necesidad, cada uno a su manera, de huir de su pasado, pero lo fundamental es la mirada comprensiva del director a una pareja convencional, dos almas que buscan su lugar y una relación no exenta de claroscuros, pero que no es retratada con desaprobación y de hecho representa una noción clara de 'lo que está bien'. Una forma de devolver al género un aliento más humanista donde lo perturbador es lo ajeno.

Por el camino, un modesto filme perfectamente rodado (con música de Christopher Young) que solo flojea un tanto en la pura ejecución de sus instantes finales, pero que está repleto de ideas, momentos y secuencias completas dignas de elogio. Es una pena que El pasajero nocturno caiga en un lugar discreto dentro del género de terror, porque sus recompensas al espectador del género son infinitas.

Licenciado en Historia del Arte y Comunicación Audiovisual en la UCM de Madrid. Colaborador en esRadio. Crítico de cine y series en Libertad Digital. Una de las voces del podcast Par-Impar.

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