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CRÍTICA DE CINE

'Enola Holmes 3': puro ejercicio de vanidad y disculpa por el colonialismo

La tercera entrega de Netflix con Millie Bobby Brown pierde la frescura original entre el romance adolescente y el peor Moriarty de la pantalla.

La tercera entrega de Netflix con Millie Bobby Brown pierde la frescura original entre el romance adolescente y el peor Moriarty de la pantalla.
Enola Holmes 3 | Netflix

Enola Holmes 3 es una de esas películas que se esfuerzan en ir rápido, muy rápido. Y, desgraciadamente, todo en ella deja ver que esa misma era la intención de sus responsables durante su corte y confección. La tercera parte de las adaptaciones de las novelas juveniles de Nancy Springer deja atrás la historia de maduración del personaje de Millie Bobby Brown, así como sus problemas familiares, para internarse de cabeza en pretextos más cercanos a la comedia romántica y, de nuevo, el ejercicio de vanidad de su estrella y productora.

En esta ocasión encontramos a la hermana de Sherlock Holmes en Malta, que, como los guionistas se esfuerzan en clarificar, es una "isla del Mediterráneo". El motivo, su boda con el vizconde Tewkesbury (Louis Partridge), que naturalmente será interrumpida por varias causas... entre ellas el secuestro de Sherlock (Henry Cavill). La pregunta es... ¿logra emular Enola Holmes 3 —ya sin la prodigiosa música de Daniel Pemberton, por cierto— el carisma y frescura de la primera parte?

Nada que objetar a la deriva romántica del film, proveniente de la voluntad de Netflix y su estrella, Millie Bobby Brown, más que de la letra impresa de Springer... si esta no hubiera sido diseñada para fingir interés en unos protagonistas agotados y el que quizá sea el peor Moriarty jamás puesto en pantalla. Pero es un síntoma más de que la innegable energía vital y atractivo de la primera entrega de 2020 apenas asoma en el aquí presente, sustituido por los infinitos mohínes a cámara de Brown, rompiendo la cuarta pared de manera menos fresca que en aquella, en su voluntad de enganchar a su público potencial adolescente en calidad de centro de todas las miradas.

Resulta agotador escuchar y ver a todos los personajes tratar de realzar la autoestima de la protagonista sin que nadie pregunte, como puro ejercicio de vanidad adolescente, lo mismo que entonar la enésima disculpa por el colonialismo británico en (otro) ejercicio más de conciencia culpable por el saqueo colonial que acaba sustentando la trama.

El nuevo director, Philip Barantini, recién salido del éxito de la serie Adolescencia, apenas puede inyectar su habitual energía más que a través de un montaje errático, confuso, que solo maquilla el ejercicio de vanidad femenina de una que trata de sobreponerse al largometraje. Confusa, histriónica y sin misterio o verdadero dramatismo, causa contrariedad ver presencias carismáticas como las de Henry Cavill y Helena Bonham Carter intentar aportar seriedad y gravitas a un espectáculo que convierte El secreto de la pirámide en una obra maestra (cosa que tampoco necesitaba ser).

Licenciado en Historia del Arte y Comunicación Audiovisual en la UCM de Madrid. Colaborador en esRadio. Crítico de cine y series en Libertad Digital. Una de las voces del podcast Par-Impar.

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