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Tengamos un poco de confianza en los locos de Frank Capra

En la vida política, para entender muchas de las cosas que pasan de puertas a fuera, hay que echar un vistazo de puertas adentro.

En la vida política, para entender muchas de las cosas que pasan de puertas a fuera, hay que echar un vistazo de puertas adentro.
Fotograma de la película 'Mr. Smith Goes to Washington' de Frank Capra. | Alamy

En un alarde de mi amor por el cine moderno, he estado viendo Mr. Smith Goes to Washington que, a propósito, en español se comercializó como Caballero sin Espada. Año 1939. Me reafirmo en la idea de que, ya que los niños de hoy son incapaces de leer a Homero sin que les estalle la cabeza, al menos harían bien en ver la filmografía de Capra y otros tantos clásicos repletos de valores atemporales e inspiradores, valores por los que vale la pena vivir y morir. Se sorprenderían los mayores si les diesen esa oportunidad a los niños. A menudo les privamos de estas cosas porque pensamos que si ven una pantalla en blanco y negro, se les van a secar los ojos, y abandonarán sus cuencas rodando por el suelo como en una película de terror. En realidad, no. Tengo una noticia: los niños no son tan idiotas como nosotros.

Me fascina James Stewart y, sin embargo, el póster que preside mi despacho es uno bien grande de John Wayne. Tiene su explicación. Stewart lo tendría más difícil que Wayne en las luchas del mundo contemporáneo. El Stewart dirigido por Capra es un personaje de una pureza y sensibilidad fascinante, si bien habría sido envenenado, o encarcelado, o cualquier cosa peor en la política actual. No es un ángel, no vive ajeno a las pasiones, no vive ajeno a los errores, pero utiliza sus valores y su conciencia para inmolarse, si es necesario, por una buena causa.

Hay que tener un punto de maldad, una acidez especial en la sangre, para sobrevivir a la ciénaga política. El personaje de Stewart en Mr. Smith Goes to Washington carece de esa maldad. Capra lo retrata como el hombre más ingenuo del mundo, pero su aparición provoca que todo el mal borbotee a su alrededor con una nitidez asombrosa.

Algunos dirán que en el film los políticos no están retratados sino parodiados, y será porque no conocen a muchos políticos. Algunos dirán –y esto es más gracioso— que los periodistas están aún más parodiados, y les confirmo que entonces no conocen a muchos periodistas. En la vida política, para entender muchas de las cosas que pasan de puertas a fuera, hay que echar un vistazo de puertas adentro. Y eso hace Capra. Nos muestra los dos lados del despacho, las dos caras de todos esos sinvergüenzas corruptos.

Mr. Smith Goes to Washington también nos recuerda que ligarse a la rubia siempre es una buena opción, que cuando se ha pasado un mal trago lo más urgente es buscar un pub donde tomar una copa, y que en caso de que las normas sean estúpidas e injustas, siempre tienes la oportunidad de hacer tragar a los hacedores y partidarios de las normativas su propia medicina, por ejemplo, leyéndoles íntegramente la Constitución, en una interminable exposición pública, aún a riesgo de desvanecerse y perder la dentadura contra el suelo de la cámara.

Al menos en la mitad del film, James Stewart es, en realidad, un loco. Lo mismo que se dice de Javier Milei en Argentina, el liberal que derrotó al kirchnerismo. De Milei se decía que es un loco porque llama ladrones a los socialistas y defiende que todo impuesto es un robo, y que toda acción del Estado es violenta.

Del hombre que encarna James Stewart se dice que es un loco porque pretende enfrentarse con la sutil arma de la verdad a toda la corrupción institucionalizada en la clase política. "Lo siento, señores", dice en la película. "Sé que estoy faltando al respeto a esta honorable asamblea. ¡A alguien como yo nunca deberían haberle permitido entrar aquí! Lamento tener que plantarme ante ustedes y poner a prueba su paciencia, pero… o tengo toda la razón del mundo, o estoy loco". Los gobiernos lo intentan, pero no lo consiguen. Son los individuos, los locos como Stewart y Milei, los que pueden, en cierto sentido, cambiar el mundo. Los que son capaces de decir, como el Jefferson Smith de la película: "Creen que estoy acabado. Todos creen que estoy acabado. Pues no lo estoy. Y voy a quedarme aquí para luchar por esta causa perdida. Aunque esta sala se llene de mentiras como estas. Y aunque los Taylor y todos sus ejércitos entren marchando en este lugar. Alguien me escuchará".

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