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Mira Sorvino, tras salir de la lista negra: "Woody Allen es un mal hombre que ha hecho cosas horribles"

Superado el ostracismo impuesto por Harvey Weinstein, la célebre intérprete condena con firmeza los abusos atribuidos al veterano director.

Superado el ostracismo impuesto por Harvey Weinstein, la célebre intérprete condena con firmeza los abusos atribuidos al veterano director.
Mira Sorvino | EFE

El mismo día que Woody Allen presentaba en Madrid su nueva película, una de sus musas del pasado, Mira Sorvino, ganadora del Oscar por Poderosa Afrodita, aparecía en la San Diego Comic Con de Málaga para hablar de su regreso como Romy en la secuela de Romy y Michele, aquella comedia de los 90 convertida con los años en película de culto. La actriz llega además con una historia de Hollywood que contiene prácticamente de todo: un Oscar, grandes directores, películas que fracasaron por circunstancias ajenas a ellas, una retirada forzosa de los grandes estudios y ahora el regreso a uno de sus personajes más queridos.

Antes de convertirse en estrella, Sorvino reveló en el panel moderado por el periodista Jesús Usero que no quiso hacer el paripé de ser hija de un actor famoso, Paul Sorvino. Pasó por Harvard, donde interpretó cinco obras de teatro, y después se marchó a China, donde continuó actuando y cantando jazz. A su regreso a Nueva York trabajó como modelo y profesora de chino mientras intentaba hacerse un hueco en el cine. Su padre, inicialmente, no veía con buenos ojos que quisiera ser actriz. "Mi padre fue negativo con la idea de ser actriz y le dije: 'Papá, estoy segura'. Y dio el visto bueno".

Aquello no significaba que el camino fuera a ser sencillo. El resumen de los primeros años no es precisamente el de una nepo baby: "Muchos rechazos", tantos que tuvo que aprender a no tomar "de forma demasiado personal". Sorvino recuerda que se puede "ir a cien audiciones y que no te cojan en ninguna" y, efectivamente, durante su primer año no consiguió ningún papel y tuvo que compaginar las audiciones con otros trabajos.

Hasta que llegó una oportunidad y, poco a poco, empezó a entrar en películas como Barcelona, de Wilt Stillman, y Quiz Show, dirigida por Robert Redford. Precisamente allí vivió uno de esos momentos en los que una actriz puede convencerse de que está a punto de ser despedida.

El primer día de rodaje, Redford hacía veinte tomas diferentes, veinte ángulos distintos y siete u ocho tomas por ángulo. Sorvino interpretó aquella insistencia como una señal de que algo no estaba funcionando. "Pensé que no le gustaba lo que estaba haciendo y me iban a despedir". Llamó a su padre entre lágrimas y recibió un consejo que se quedó con ella: "Lo peor es que te despidan. Solo entra allí y di a la mierda todo. Da un gran paso, algo valiente, una gran elección y ve a por ello. Si nunca te expones, nunca vas a volar". No la despidieron.

También recuerda con humor aquellos comienzos en los que sobrevivir como actriz significaba aceptar cualquier trabajo y vivir con muy poco. "Puedo sobrevivir en circunstancias muy humildes". Su primer apartamento era "un pasillo muy largo con una cocina y habitaciones divididas". El baño estaba prácticamente integrado en la cocina y ni siquiera había un váter dentro de la vivienda. "Era minúsculo, no había baño dentro, había que salir para ir al váter y recorrer el pasillo con una llave en medio de la noche". Humildes comienzos para una actriz que pocos años después tendría un Oscar en casa.

El gran salto llegó con Poderosa Afrodita. Sorvino habla de aquella película con una mezcla de gratitud y distancia, especialmente por su relación con Woody Allen. "Tengo un poco una sensación controvertida con Woody por toda la situación con su hija", explica. "Aun así es un buen director, pero creo que es un mal hombre que ha hecho cosas horribles". Eso no borra, sin embargo, el recuerdo profesional de una película que considera una suerte. "Cuando vuelvo la vista atrás esa película fue una suerte. Lo pasé muy bien, un personaje increíble". Allen le pidió que trabajara especialmente la personalidad de la protagonista, una mujer vulgar y algo ingenua que Sorvino construyó experimentando incluso con diferentes voces. "Experimenté con las voces, acentos, una voz aguda y luego más raspada", hasta encontrar aquel particular falsete que terminó formando parte del personaje.

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Imagen de Poderosa Afrodita

El resultado fue una prostituta que, pese a lo disparatado de la situación, consiguió convertirse en un personaje querido. "No estaba contenta de ser prostituta y quería salir. Toda esa parte ridícula pero que nos toca el corazón". El papel le dio el Oscar y convirtió a Sorvino en una de las caras más reconocibles del cine estadounidense de los 90.

Después llegaron Guillermo del Toro con su primera película americana, Mimic ("Mi padre dijo que no hiciera una película de insectos gigantes, pero Jennifer Lopez ya había hecho una película con una serpiente"), la comedia Romy & Michele, de la que ha rodado la secuela, Summer of Sam, Mimic y Asesinos de reemplazo. Fue una época de una actividad frenética, pero también de una presión que terminó pasando factura. En Summer of Sam interpretó un papel especialmente duro y, mientras encadenaba películas, su vida privada comenzaba a convertirse también en parte del espectáculo. "Estaba cansada y estresada", recuerda. Más tarde vendría el veto de Harvey Weinstein y las vacas flacas.

Mejor consideración que de Woody Allen tiene de Spike Lee y de su manera de trabajar. Lo define como uno de los directores más libres, capaz de rodar las escenas con dos cámaras, a veces incluso más, dando pie a la improvisación. "Cuando tenemos que editar las escenas, lo que solemos hacer es reconfigurar todo con trozos de diferentes momentos. Nunca ves el mismo momento en el tiempo". Lee, en cambio, capturaba simultáneamente la misma acción desde diferentes ángulos, conservando "las imperfecciones en algo realmente eléctrico".

Esa libertad es precisamente lo que Sorvino busca en un director. Le gustan aquellos que sienten que los actores pueden aportar algo, incluso aunque después decidan no utilizarlo. Y eso es lo que, eventualmente, pudo perjudicar su carrera, llevándola a elegir papeles poco convenientes comercialmente.

Pero la carrera de Sorvino también sufrió uno de los episodios más difíciles de su trayectoria. Durante años dejó prácticamente de recibir grandes papeles. "Cuando Harvey Weinstein me puso en la lista negra, hasta 2018 no hacía ninguna película importante. Solo hacía algunas que no eran de estudio". Durante un tiempo pensó que se trataba simplemente de mala suerte o del destino. Después llegó otra conclusión: "Tenía que alimentar a mi familia y empecé a trabajar en televisión". Y descubrió que no era la única actriz que había terminado buscando allí una segunda vida profesional.

Ahora vuelve a uno de los personajes que más ha marcado su carrera con Romy & Michele 2, junto a Lisa Kudrow (Friends). Sorvino explica que la primera película tuvo un enorme seguimiento en Estados Unidos, aunque quizá no alcanzó la misma repercusión en Europa. Son dos mujeres que arrastran desde el instituto una amistad intensa y que, treinta años después, siguen siendo esencialmente las mismas dos locas. "Han pasado treinta años, llevan excelente vida y de golpe Romy, al igual que en la primera, se pregunta que no vale para casarse". La nueva película conserva la estructura de la original y vuelve a poner a las protagonistas ante una boda, aunque esta vez no sea la suya.

¿Por qué recuperar de forma tan tardía una comedia que tuvo más aceptación en EEUU que fuera? La respuesta la tienen las redes sociales. Las protagonistas aparecieron en unos premios vestidas como sus personajes y las fotografías se hicieron virales. "De pronto pensamos que quizá era una buena idea". Aquello ocurrió hace cuatro años. Después llegaron dos años más de trabajo para terminar el guion, problemas de calendario, incentivos fiscales y sucesivos cambios hasta conseguir finalmente la luz verde.

Convertirse además en productora permitió a Sorvino tener mayor capacidad de decisión. Y ese cambio refleja también una transformación mucho más amplia de Hollywood. "El streaming ha cambiado todo el paisaje", señala, destacando también el "cómo" y "cuánto" se paga a los actores. El problema, explica, está en la desaparición progresiva de las películas de presupuesto medio, aquellas que no necesitan apoyarse en un cómic, una franquicia o un concepto gigantesco para existir.

En ese nuevo Hollywood, Sorvino sigue buscando algo que ya estaba presente en sus comienzos: personajes diferentes, directores con una mirada propia y la posibilidad de probar cosas nuevas… sin callarse —¿por qué habría de hacerlo?— sus opiniones.

Licenciado en Historia del Arte y Comunicación Audiovisual en la UCM de Madrid. Colaborador en esRadio. Crítico de cine y series en Libertad Digital. Una de las voces del podcast Par-Impar.

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