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Fernando III el Santo, ¿el mejor rey castellano?

Uno de los grandes reyes de la España cristiana de la Edad Media es Fernando III, puesto que unificó Castilla y León y dio el impulso definitivo a la Reconquista.

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Uno de los grandes reyes de la España cristiana de la Edad Media es Fernando III, puesto que unificó Castilla y León y dio el impulso definitivo a la Reconquista.

Nació el 24 de junio de 1201 en Peleas de Arriba, en el camino de Salamanca a Zamora, y la Iglesia celebra su fiesta el 30 de mayo. Su madre era la infanta Berenguela, hija primogénita del rey Alfonso VIII de Castilla, y su padre Alfonso IX de León. Pero el papa Inocencio III había anulado el matrimonio debido a que no había recibido la dispensa del impedimento de consanguinidad.

Sin embargo, el destino despejó su camino al trono castellano: fallecieron su abuelo (1214), el heredero de éste, Fernando (1211), y otro tío suyo, Enrique I (1214-1217). Su madre fue reina por unos días entre junio y julio de ese año, y luego abdicó en él. Además, Berenguela y sus partidarios vencieron a los tres hermanos Lara, que le disputaban el poder.

¿Cuál era el ambiente general al principio del siglo XIII? La Iglesia, en el IV Concilio de Letrán, había propuesto a la Cristiandad como lema la paz entre los príncipes cristianos y la unidad frente a los mahometanos. Y en la Península Ibérica se mantenía la Reconquista, que en la niñez de Fernando había tenido un hito: la batalla de las Navas de Tolosa (1212), en la que su abuelo, Alfonso VIII, encabezó a los reyes cristianos. Sin embargo, su padre, el rey leonés, no sólo no se unió a la coalición, sino que tuvo que ser amenazado por Inocencio III con la excomunión para evitar que atacase Castilla.

El hundimiento del imperio almohade

La victoria de las Navas había frenado la expansión de los almohades, pero no los había destrozado. Éstos, cuya capital era Marrakech, ocupaban gran parte de España, desde el Ebro al Alentejo. Alfonso VIII, cuyo reino era el más meridional, tuvo que pedirles varias treguas.

A la vez, los demás reyes cristianos avanzaban al sur: Alfonso II de Portugal conquistó Alcáçer do Sal (1217) y Alfonso IX sitió Cáceres en 1218, aunque no la tomó. En 1213 ascendió al trono de Aragón, con sólo cinco años de edad, Jaime I, que luego se ganaría el apodo del Conquistador.

El fin del imperio almohade comenzó en 1224, cuando en enero murió a los 27 años de edad el califa Yusuf II y estalló la guerra civil entre varios pretendientes al poder y los diferentes pueblos que formaban su imperio. Mientras Fernando III decidía no renovar las treguas y reanudar las campañas contra los invasores, su padre avanzaba desde León: tomó Cáceres (1227), Mérida (1229) y Badajoz (1230); y Jaime I recuperó las Baleares (1229-1232).

Alfonso IX falleció en 1230 y, pese a que había dejado como herederas de León a sus hijas, las infantas Dulce y Sancha, al margen de los derechos de su hijo varón (en 1218 una bula del papa Honorio III había declarado a Fernando heredero legítimo), Berenguela y Teresa de Portugal, la primera esposa del rey, alcanzaron la Concordia de Benavente, por la que Fernando III recibía la corona leonesa. Éste trató de que el papa le reconociese el título de emperador de España que había ostentado Alfonso VII de León en el siglo XII (imperator totius Hispaniae), pero el pontífice rehusó hacerlo por creer que rivalizaría con el Sacro Imperio Romano Germánico.

Castilla llega al Mediterráneo y al Guadalquivir

En los años siguientes las tropas castellano-leonesas reconquistaron Úbeda (1233) y Córdoba (1235). El emir de Murcia le pidió ayuda frente al de Granada y aceptó vasallaje; el infante Alfonso, hijo de Fernando, nacido en 1221 y futuro Alfonso X, dirigió la campaña en Murcia en 1243.

Fernando III firmó con Jaime I, que había entrado en Valencia en 1238, el Tratado de Almizra (1244), que fijó las fronteras entre sus reinos y permitió a Aragón volcarse en su expansión marítima.

En 1245 comenzó el tercer sitio de Jaén, que capituló en 1246. El emir de Granada, Alhamar el Rojo, fundador de la dinastía nazarí, se sometió a Fernando III en el Pacto de Jaén y se convirtió en su vasallo, con el pago de un tributo anual de 150.000 maravedíes: renunciaba a Jaén y Murcia y se obligaba a prestar auxilio militar al rey de Castilla. A cambio, el monarca español se comprometía a no apoyar a los rebeldes y a respetar las fronteras granadinas.

Mientras las órdenes religiosas seguían arrebatando tierras y ciudades a los moros, en marzo de 1246 Fernando III entró en Jaén, y en noviembre recibió la noticia de la muerte de su madre.

Estando en Jaén el rey y sus caballeros, se decidió el sitio de Sevilla, que se extendió entre otoño de 1246 y noviembre de 1248; es decir, dieciséis meses. Fue la mayor campaña de asedio de la Reconquista hasta entonces. Participaron en ella varios obispos con sus milicias: el arzobispo de Santiago y los obispos de Córdoba, Cuenca, Astorga, Coria y Jaén. El emir de Granada mandó unos cientos de guerreros. La media de los sitiadores acantonados osciló entre los 3.000 y los 4.000 caballeros y los 8.000 y los 10.000 infantes, más los auxiliares. Fue decisiva la intervención de la flota vasca y cántabra dirigida por el burgalés Ramón Bonifaz, que tomó el puente de Triana y forzó la rendición de los últimos resistentes.

Fernando III penetró en la ciudad el 22 de diciembre de 1248 y ya no la abandonó –salvo para un viaje a Córdoba– hasta su muerte, ocurrida el 30 de junio de 1252. Entre sus planes interrumpidos estaba el de lanzar una cruzada en el norte de África, a fin de recuperar la presencia cristiana, perdida en 711, y de impedir nuevas oleadas musulmanas.

Sevilla había sido una de las más prestigiosas sedes episcopales en la España romana y visigoda, hasta que desapareció en el siglo XII por obra de los almohades. El monarca la restauró. Para ello, se purificó la mezquita aljama (mayor) y se consagró como catedral a Santa María de la Asunción, lo que también supuso nombrar un cabildo y un obispo. Después se dividió la ciudad en 24 parroquias, con sus correspondientes iglesias.

En mayo de 1251 el monarca firmó con la república de Génova un tratado que influyó en convertir a Sevilla en un centro comercial que en el siglo XVI acogió la Casa de Contratación y el tráfico de las Indias.

Santo en el siglo XVII

La enumeración de los éxitos más destacados del hijo de Berenguela I es la siguiente:

  • Unificación definitiva de Castilla y León, que convierte al nuevo reino en el hegemónico en España.
  • Acceso de Castilla al Mediterráneo.
  • Vasallaje de Granada.
  • Formación de una Armada al servicio de la Corona.
  • Repoblación del valle del Guadalquivir.
  • Conversión de Sevilla en una gran ciudad.

Aunque siempre fue conocida su devoción, y desde su muerte y enterramiento en la catedral de Sevilla fue origen de un culto local, la Corona española promovió su proceso de canonización en el siglo XVII. Éste se inició en 1622, el mismo año en que fueron canonizados San Ignacio de Loyola, San Francisco Javier, Santa Teresa de Jesús, San Isidro y San Felipe Neri. Lo impulso Felipe IV, que vio que en 1655 el papa Alejandro VIII reconocía el culto inmemorial de la santidad de Fernando III, cuyo cuerpo fue encontrado incorrupto dos veces. En 4 de febrero de 1671, reinando Carlos II, el papa Clemente X firmó el decreto de canonización, que produjo el entusiasmo en Sevilla.

Tanto Fernando III como el príncipe Hermenegildo son los dos patrones de la Monarquía española.

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