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La selección de personal de la República

Las revoluciones son como las inundaciones, que sacan a las calles la cochambre amontonada en las bodegas y los sótanos.

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Los nuevos alcaldes de Podemos, así como sus cargos de confianza, han sorprendido a los españoles que lo ignoraban todo de los grupos que se movían en los círculos del activismo y la subvención. ¿Cómo gente que trabaja a diario o paga nóminas podía sospechar que una artista del post-porno, de 41 años de edad, sin más currículum que el de participar desde hace 20 años en el movimiento antiglobalización y okupa catalán, y unas fotos suyas orinando en la vía pública, podía llegar a directora de comunicación del Ayuntamiento de Barcelona?

Desde que la modernidad entra en España en 1808, primero con el golpe de Estado del príncipe Fernando contra su padre, Carlos IV, y meses después con las bayonetas francesas, periódicamente se producen cataclismos políticos en los que se hacen con el poder personajes que en los momentos de imperio del orden y la sensatez estarían en frenopáticos o hasta en las cárceles. Las revoluciones son como las inundaciones, que sacan a las calles la cochambre amontonada en las bodegas y los sótanos.

Una de esas épocas fue el Sexenio Revolucionario (ahora llamado en los libros de texto Sexenio Democrático), en concreto la I República. Y otra fue la II República. Basta acudir a las memorias de quienes decidieron cientos de nombramientos en los primeros meses de este último régimen, Niceto Alcalá-Zamora, Manuel Azaña y Miguel Maura, para comprender qué tipo de incompetentes, perturbados y resentidos se encaramaron al poder.

Sobre la manifestación que la tarde del 13 de abril de 1931 se desparramaba por el centro de Madrid y empezaba a amenazar el Palacio Real, Josep Pla cuenta (Historia de la República):

Toda persona que tuvo el humor aquella noche de darse una vuelta por la Puerta del Sol se dio cuenta de que la manifestación era un conglomerado hecho con el cemento que aglutinó más tarde todos los actos de choque republicanos: la cloaca humana, el cemento comunista y anarquista.

Republicanos uterinos y de placenta

Maura fue ministro de Gobernación en el Gobierno Provisional, y a él le correspondía el nombramiento de los gobernadores civiles, que entonces eran los personajes más importantes y poderosos en las provincias pequeñas. La flor y nata de los recomendados provenía del partido radical-socialista. Y así los describe (Así cayó Alfonso XIII):

Marcelino Domingo y Álvaro de Albornoz disponían de una clientela sencillamente única e indescriptible. Claramente se veía que a ese partido habían ido a parar los viejos elementos tradicionalmente rebeldes a lo constituido.

Los candidatos a gobernadores solían presumir como mérito de su republicanismo que podía datarse en el momento del nacimiento (Maura les apellidó republicanos uterinos) o en el de la concepción (republicanos de placenta). En las entrevistas salían a relucir méritos como el siguiente:

[En la huelga general de 1917] le arreé un leñazo a un guardia que a poco le deslomo para toda la vida. ¡Tres meses estuvo en la cama! Pero otro guardia, un hijo de mala madre, que me había visto desde la esquina, viene y me echa mano por detrás, ¡y a la cárcel! Me largaron tres años. Una pequeñez, usted verá.

Este mismo le contó los negocios que quería hacer desde el puesto.

Maura tuvo que nombrar a un republicano uterino como gobernador de Soria, y cuando llevaba seis días como tal le empezaron a llegar al ministro quejas de los alcaldes sorianos sobre un oficio remitido desde el Gobierno Civil en el que la autoridad les requería para que, "en el más breve plazo posible y a su comodidad", remitiesen al gobernador "la cantidad de mil pesetas, con cargo a los fondos municipales para atenciones especiales de este Gobierno Civil".

Después de destituirle por teléfono, Maura investigó sobre el personaje y su iniciativa. Era dueño de un salón de limpiabotas de la Puerta de Sol y amigo "de siempre" de Domingo; en condición de tal le había conseguido dinero para conspiraciones y similares. El fruto de la cuestación que había realizado entre los 200 municipios sorianos lo quería destinar a montar una corrida de toros en Soria para las fiestas de septiembre, ya que el Gobierno Civil carecía de fondos.

El gobernador de Logroño, también del Partido Radical-Socialista, le telefoneó una noche, a las tres de la madrugada, para pedirle consejo: unos huelguistas estaban asaltando la oficina de Correos y además incendiándola; en estas circunstancias, un republicano como él, ¿podía mandar a la Guardia Civil a hacer "acto de presencia"?

Un manicomio "suelto y desbordado"

Volcado en mantener el orden público vulnerado por las bandas de anarquistas y en luchar "a brazo partido con las bandas de insensatos que estaban hiriendo de muerte a un régimen recién nacido", Maura se sentía así:

Al mes de entrar en posesión del cargo, yo dejé prácticamente de ser ministro de un Gobierno para pasar a ser cabo de vara o loquero mayor de un manicomio suelto y desbordado.

De Marcelino Domingo, masón y ministro de Instrucción Pública, Agricultura e Industria entre 1931 y 1933, dijo Alcalá-Zamora que diferenciaba, sí, el trigo de la encina, pero ya con dificultad el uno del maíz y la otra del algarrobo. Alcalá-Zamora, al que sus compañeros de conspiración en 1930-1931 le robaron sus memorias y las joyas de su familia guardadas en cajas de seguridad en la sucursal de un banco extranjero de Madrid, afirma que se negó a firmar un decreto sobre la reforma agraria y éste se publicó en la Gaceta de Madrid con su firma falsificada.

Juan Velarde relata en Cien años de economía española el siguiente testimonio del ingeniero agrónomo Pascual Carrión, miembro de la comisión técnica que elaboró el anteproyecto de reforma agraria de la República:

[Domingo] abandonó, en pleno debate parlamentario, el hemiciclo de la Carrera de San Jerónimo para preguntarle: "Don Pascual, ¿qué son bienes comunales?".

Manuel Azaña, que despelleja a sus correligionarios, anota en sus memorias de la guerra que Indalecio Prieto le dijo del presidente de la Generalitat, Lluís Companys:

Companys está loco; pero loco de encerrar en un manicomio.

¿Ahora sí nos representan?

Cuando se constituyeron los ayuntamientos hace cuatro años, Antonio Burgos sufrió, camino del de Sevilla, el acoso de "la horda de una vociferante chusma impresentable". Esos gritos de "No nos representan" no se escucharon hace unas semanas, porque, como explica Burgos,

algunos de los gachés de aquella cadena humana y de los que me insultaban son ya concejales.

Parecida transformación se había vivido en unas pocas horas en abril de 1931. En cuanto las papeletas pasaron de monárquicas a republicanas y socialistas, el pueblo español pasó de ser gárrulo y reaccionario a sabio y progresista.

El día anterior [14 de abril], a la hora del aperitivo de la mañana, los republicanos decían todavía -no se había proclamado la República aún- que España era un país silvestre y atrasado, de una cultura política grosera y primitiva. A la hora del aperitivo de la noche, los más exigentes comparten, entusiastas, los ditirambos de los periódicos: "¡Pueblo soberano -escriben-. ¡Pueblo admirable! ¡Glorioso pueblo español, de una plena y madura mayoría de edad, figurarás en la historia universal como el más consciente, el más capaz, el más digno!". Ahora bien, son quizás estas contradicciones tan bruscas, estos movimientos de péndulo tan extremados, los que generan sobre España las grandes catástrofes.

Pero las frases más tristes las escribió Miguel Maura:

He llegado a la conclusión de que la rebeldía contra la ley, sea ella cual sea, forma parte de la composición química de la sangre del español, como el plasma, como los hematíes, como los leucocitos. (…) Y, siendo así, ¿cuándo llegaremos a ser de verdad un país constituido?... Nuestro sino viene siendo el de ser una nación en perpetuo y agitado "período constituyente".

¿A qué le suena lo del "período constituyente", amigo lector?

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