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¿Tuvo Franco un ‘espía’ junto a Hitler?

El general Franco marchó a Hendaya con información confidencial suficiente para desbaratar la intención alemana de implicar a España en la guerra. El topo se llamó Canaris.

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Cuando el 23 de octubre de 1940 el general Franco marchó a Hendaya para reunirse con Adolf Hitler, contaba para desbaratar la intención alemana de implicar a España en la guerra con unos argumentos y añagazas que le había proporcionado uno de los más cercanos subordinados del Führer.

En el año anterior, el III Reich había invadido Polonia, que se había repartido con la URSS, y había conquistado Noruega, Dinamarca, Bélgica, Holanda y Luxemburgo; había derrotado a Francia; y obligado a los británicos a retirarse del continente. En septiembre, se había firmado el Pacto Tripartito entre Alemania, Italia y Japón, al que se adherirían a partir de noviembre otros aliados menores del Eje, como Hungría, Bulgaria y Eslovaquia. Los convoyes navales eran diezmados en el Atlántico por los submarinos. Las tropas alemanas penetraban en Rumanía, su principal suministrador de petróleo, las japonesas en Indochina y las italianas en Grecia y Egipto. Además, un ataque de los británicos y de los franceses de De Gaulle a Dakar fue rechazado por los militares obedientes a Vichy. La Luftwaffe y la Regia Aeronáutica bombardeaban Londres.

En esta situación, Hitler invita a Franco a reunirse con él para pactar la entrada de España en la guerra, eliminar el último territorio británico en el continente, la base de Gibraltar, y cerrar el estrecho.

Pero Franco estaba decidido a mantenerse apartado de la guerra o, todo lo más, si el Eje estaba a punto de ganarla, participar en el último momento, de modo que los sacrificios fuesen pequeños, y siempre que hubiese recibido seguridades sobre los beneficios que obtendría (Gibraltar, Marruecos, Guinea…).

Estación de Hendaya

Cuando ambos dictadores se reunieron en la estación de tren de la pequeña ciudad francesa, Franco no se dejó impresionar por las amenazas de Hitler ni por su convicción sobre la cercanía de la victoria. Un alemán le había dicho a Franco, por medio del ministro Ramón Serrano Suñer, que la Wehrmacht fracasaría en sus intentos de invadir Gran Bretaña (El enigma del almirante Canaris, de Richard Bassett):

Puede decirle al general Franco que ningún soldado alemán llegará a poner el pie en Inglaterra.

Los obuses que Alemania ya no tenía

Ese alemán era el almirante Wilhelm Canaris, jefe del Abwehr, el espionaje militar, desde 1935. Este inteligente, monárquico y cristiano oficial conocía España, ya que durante la Primera Guerra Mundial pasó un año como encargado del espionaje de la Armada Imperial con la misión de conseguir aprovisionamientos para los submarinos y buques corsarios, y hablaba español, porque su cobertura era la de un ciudadano chileno.

Almirante Wilhelm Franz Canaris

Otros funcionarios españoles recibieron las confidencias de Canaris, según Bassett. Canaris instruyó al general Carlos Martínez Campos, jefe del Estado Mayor (Central del Ejército de Tierra), para que aconsejara a Franco que pidiera el empleo en el eventual asedio de Gibraltar de una clase particular de artillería pesada; el almirante sabía con certeza que el Reich no disponía de armas de aquel calibre, debido a una repentina interrupción de la producción. Canaris insistió en que Franco describiera con todo detalle el grave empobrecimiento que padecía España como consecuencia de la terrible contienda de los años previos.

Canaris pasó más información a Martínez Campos, al que años más tarde Franco nombró instructor de Juan Carlos de Borbón, para que el caudillo la usase en su entrevista, como así ocurrió.

Franco, que conocía personalmente a Canaris pues le había visitado en Salamanca durante la guerra civil, amontonó las objeciones: la alimentación de la población; la exigencia de una docena de obuses de calibre pesado para atacar Gibraltar; el traslado de la Armada británica a Canadá, desde donde seguiría combatiendo; etc.

Canaris también había sugerido a Martínez Campos que (se) conservara las carreteras españolas en malas condiciones, porque el SD (Servicio de Seguridad del Estado, otro servicio de inteligencia del III Reich) empleaba su estado como barómetro indicativo de la capacidad local de entrar en guerra.

Otro ministro español que escuchó las revelaciones de Canaris fue el general y ministro del Aire Juan Vigón, íntimo de Franco.

En los meses siguientes, Franco y Serrano resistieron las presiones de Hitler y su ministro de Exteriores, Joaquim von Ribbentrop, gracias a otra información de Canaris.

Franco sabía desde diciembre –por cortesía, nuevamente, de Canaris- que si retrasaba la acción hasta marzo quedaría salvado por una razón muy simple: los ojos del Führer se posarían en el este. Cuando la Operación Barbarroja alcanzara el último estadio de su planificación, no habría armamento disponible para el asalto a Gibraltar.

El agradecimiento del caudillo

El almirante detestaba a los nacionalsocialistas, sobre todo a medida que conocía sus atrocidades en los países ocupados y con los judíos, hasta tal punto que deseaba la victoria de los Aliados. En consecuencia, pasó información sobre los planes de Hitler a los británicos, los españoles y los italianos (a estos últimos les advirtió de la orden del Führer para secuestrar al papa Pío XII y al rey Víctor Manuel III después de la detención de Mussolini), y participó en los complots para matar al canciller y derrocar su régimen. El jefe de los espías alemanes fue un espía contra su Gobierno.

Progresivamente fue perdiendo poder hasta que Hitler le destituyó y desarticuló el Abwerh en febrero de 1944. Canaris fue encarcelado después del atentado frustrado contra el dictador alemán del 20 de julio de ese año y ahorcado el 9 de abril de 1945.

Franco, agradecido a Canaris, trajo a España a su viuda y sus hijas, donde las acogió. Además, según rumores, les dio una asignación de los fondos reservados equivalente a la de un almirante alemán, hasta que en 1955 la Alemania Federal amnistió a los altos funcionarios del III Reich y Erika pasó a cobrar la pensión de su país.

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