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Oiga, Carmena: la Paz también la inventó Franco

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Los "años de Paz" del franquismo

Cuando ojeo las portadas de la prensa de papel, me siento como si fuera alguno de mis bisabuelos: los periódicos abren con trifulcas partidistas y cubileteos parlamentarios, como en la Restauración.

Los protagonistas ya no son el conde de Romanones, ni el marqués de Alhucemas, ni el general López Domínguez (¡presidente del Consejo de Ministros a los 79 años y durante seis meses!), pero el ambiente es casi idéntico: la España oficial y la España real, como escribía José Ortega y Gasset, separadas.

La guerra en Siria y Ucrania, el derrumbe de Schengen, el auge de los partidos llamados de extrema derecha (los únicos que en Europa están diciendo la verdad, según el desalentador dictamen de Hermann Tertsch), la avalancha de refugiados, reales o falsos, y los planes separatistas de la oligarquía catalanista no aparecen.

Menos mal que Manuela Carmena adelanta algo el reloj y nos sitúa en el franquismo. Hace unos meses tuvo la genial idea, ya comentada, de recuperar el Servicio Universitario del Trabajo, instaurado en 1950. Ahora para cerrar el problema que abrió la izquierda justo meses después de que José María Aznar obtuviera la mayoría absoluta en las elecciones de 2000, la memoria histórica, gracias a la cual esperaba contar con un elemento que ayudara a apuntalar su resquebrajada superioridad moral, propone rebautizar el Valle de los Caídos como Valle de la Paz.

De nuevo, Carmena regresa a sus años mozos, tal como les ocurre a tantos ancianos. La Paz como concepto político y social fue un invento de Stalin y sus siervos comunistas en la política internacional: Moscú predicaba la Paz cuando disponía del mayor ejército del mundo y pagaba partidos comunistas y guerrillas por todo el mundo. Pero en España la Paz fue un invento de la propaganda franquista, una de las pocas ocasiones en que, como recuerda Carlos Robles Piquer (Memoria de las cuatro Españas), el régimen llevó la iniciativa en este terreno.

A principios de los 60, el Ministerio de Información y Turismo, dirigido por Manuel Fraga (1962-1969), elaboró una campaña para cambiar la legitimación del régimen: la victoria en la guerra civil era sustituida por el desarrollo, el bienestar y el progreso. El eslogan: 25 Años de Paz.

Al servicio de esta campaña se pusieron la Administración y el débil aparato del partido único, el Movimiento Nacional. Hubo las típicas exposiciones, programas del NO-DO, y de RTVE, ediciones de libros, revistas y periódicos, sellos… Parte de la cartelería se hizo en gallego, catalán y euskera. Las ciudades españoles se llenaron de barrios, avenidas y monumentos a la Paz. Una de las iniciativas fue la elaboración de postales que comparaban los datos de infinidad de asuntos entre los años 30 y los primeros 40 con los de los 60. En esta campaña participaron dibujantes como Antonio Mingote, Máximo (viñetista en El País entre 1976 y 2007, en que se le despidió), Chumy Chúmez…

Como toda dictadura, el franquismo no decía la verdad a sus ciudadanos. España sufrió dos pequeñas guerras en los años 40 y 50: la guerra contra el maquis, que se prolongó oficialmente hasta 1952, y los intentos de invasión comunista desde Francia (los invasores ocuparon el Valle de Arán), en 1944; y la guerra de Ifni (1957-1958), que enfrentó a unidades militares con tropas marroquíes y provocó al menos 200 muertos.

La oposición replicó con que la Paz de Franco era la Paz de los cementerios. El abad de Montserrat, Aurelio Escarré, que estaba ya pasando del franquismo al antifranquismo para salvar su puesto, declaró en 1963 a Le Monde: "No tenemos tras nosotros 25 años de paz, sino sólo 25 años de victoria".

Otro pensamiento que nos provoca la propuesta de Carmena es el siguiente: ¿no es redundante que un cementerio se relacione con la paz? Los muertos no discuten y ya no tienen voz ni voluntad. A Franco le lleva al Valle de los Caídos su sucesor a título de rey, Juan Carlos de Borbón y Borbón. Sólo los vivos usan a los muertos para sus fines.

Uno de estos días, junto con el himno del Frente de Juventudes, Montañas Nevadas, Carmena nos recitará esta bonita poesía falangista:

Viva, viva, la revolución
viva, viva Falange de las JONS
muera, muera, muera el capital
viva, viva el Estado Sindical
que no queremos reyes idiotas
que no nos dejan gobernar

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